Un sacerdote costarricense que es amante de los animales hizo algo sorprendente para construir un refugio para el montón de perros que ha rescatado de la calle.
El cura se llama Alejandro Sandí, es oriundo de Aserrí, y ahorita es párroco en la comunidad de Santa Bárbara de Pavas.
Él combina su vocación por la fe de ser pastor de almas con el amor a los animales, ya que ve como una responsabilidad cristiana el proteger a las criaturas de Dios.
Llegó a tener 120 perros. Ahora tiene 62 y dice que ya no puede rescatar más por la gran responsabilidad que eso implica.
Un amor que heredó de sus papás
Su amor por los animales lo heredó de sus papás. En su casa toda la vida han tenido animales, por eso no imagina su vida sin mascotas.
Su aventura como rescatista se inició hace ya 13 años cuando estaba en la parroquia de Concepción de La Unión; ahí recogió los primeros 40 perros.
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Su idea en un principio era rescatar los perros, vacunarlos, castrarlos y luego darlos en adopción. Así lo hizo con varios, pero el asunto no funcionó.
“Yo entregaba los perros, registraba a quienes los adoptaban y luego me encontraba de nuevo los perros en la calle. Cuando llamaba a las personas para preguntarles si se les había escapado el perro, me decían que no, que es que ya mejor los habían dejado ir porque no se habían adaptado u otras razones; entonces decidí dejármelos yo”, relató.
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Los vecinos se quejaban por el ruido
A las parroquias a las que enviaban al padre Alejandro, llegaba con sus perros; en algunas lograban acomodarse mejor, pero en otras el tema era complicado por el espacio.
“Tener tantos perros es una responsabilidad muy grande; cuando los tenía conmigo y tenía misa de 6 de la mañana, me levantaba a las 2 de la madrugada para dejarlos listos. Les lavaba el lugar donde estaban, les daba de comer, les ponía agua limpia; siempre me preocupaba que estuvieran bien.
“Había vecinos que se quejaban por el ruido; en un momento se me hicieron más de cien perros y me dije: ‘¡Dios mío, qué voy a hacer con tanto perro!’. Las quejas de los vecinos, la falta de espacio y las carreras en las que andaba siempre me hicieron darme cuenta de que necesitaba buscar un lugar para ellos, por eso empecé a buscar un terreno y encontré uno en Aserrí“, explicó.
Una vez que compró el terreno, faltaba lo más importante: construir un refugio.
Vendió el carro e hizo un préstamo
Para esa tarea no tuvo más opción que vender el carro que tenía y hacer un préstamo.
“Empezamos a vender palomitas, pupusas, a vender de todo para tener una platica; fuimos saliendo y logramos construir el refugio para los perros.
“Ahí ellos tienen todo lo que necesitan. Yo les pago a tres muchachos que los cuidan para garantizar que siempre estén bien; además, cada vez que puedo voy a verlos. Mi día libre yo lo paso con ellos.
“Todo eso me genera muchos gastos, pero gracias a Dios, hay gente que me ayuda con donaciones de alimento, jabón, desinfectante y otras cosas. Sin esas ayudas no podría seguir con este proyecto”, confesó.
Son criaturas de Dios, pero no son hijos
El sacerdote hace una aclaración importante sobre el amor que les tiene a sus perros; él dice que los cuida y les da lo mejor, pero no los ve como sus hijos.
“Yo no quiero pelear con la gente, cada uno tiene su forma de pensar y se respeta, pero los animales son animales, criaturas de Dios, y son parte de esta casa común, pero no deben ser vistos como hijos. No puede ser que las parejas de hoy, por más comodidad, por más facilidad, prefieran tener un perro y verlo como un hijo.
“Uno ofende a la gente cuando habla así, pero los perros no son hijos, eso no es sano; los hijos son una gran bendición”, aseguró el cura.
El padre Alejandro asegura que los 62 perros que tiene están sanos y bien cuidados. Algunos están viejitos, pero de salud con toda la pata.
Tienen sus vacunas al día, están desparacitados, castrados y, cuando lo requieren, los visita un veterinario.
“Hay personas que me critican, dicen que hay niños que necesitan ayuda y que yo me enfoco en los perros. Yo sé que hay otras causas y cuando puedo ayudo en esos casos también, pero es diferente; hay muchas organizaciones que ayudan a niños y el Estado tiene presupuesto para ellos, en cambio para los perros no”, explicó.




