En el pasillo de radiología del hospital México, el sonido de una campana rompió el silencio habitual de las máquinas y el ajetreo médico.
No era un ruido cualquiera, era la melodía de la victoria para Alejandra Ulloa, una vecina de Alajuela, que luego de meses de lucha, por fin venció el cáncer.
El sonido metálico significó el cierre de un capítulo que comenzó con una hemorragia en 2024 y que la llevó a enfrentarse cara a cara con un carcinoma de el endometrio grado 3, uno de los más agresivos.
Alejandra, quien es motivadora, predicadora y además tiene un programa en Radio Fides, pasó de servir a pacientes de quimioterapia en el Hospital México a ser ella quien ocupaba la camilla.
Hoy, con la voz llena de una paz que sobrepasa cualquier diagnóstico, comparte su historia no como un relato de dolor, sino como un manual de fe y resiliencia.
Un diagnóstico que “golpea la carne y el espíritu”
La pesadilla comenzó en octubre de 2024. Tras un año de sangrados que inicialmente no arrojaron resultados alarmantes en las biopsias, pero el panorama cambió drásticamente el 22 de septiembre del año pasado, cuando un especialista le confirmó que el cáncer estaba presente y en un nivel avanzado.
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“Cuando el doctor me dijo eso, el cuerpo me empezó a temblar y me bajaban unas lágrimas que yo no sabía de dónde salía tanta agua. Uno se colapsa. Usted entra como en el limbo, en un vacío, porque no es algo fácil de escuchar. La noticia te impacta la carne, el alma, el espíritu; te golpea fuertemente porque nadie quiere escuchar la palabra cáncer”, relata Alejandra.
El reto era mayúsculo: un carcinoma grado 3 que tiende a expandirse rápidamente. Sin embargo, en medio del temor, ocurrió el primer milagro. Antes de su operación, un TAC reveló que el cáncer no se había extendido a otros órganos.
“Yo le dije a Dios: ‘Señor, yo me abandono’. Cuando trajeron el resultado y estaba todo limpio, yo lloraba y lloraba. Estaba encapsulado”, recuerda con emoción.
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Una Navidad en soledad, pero en paz
La cirugía definitiva ocurrió el 6 de noviembre de 2025. Los médicos realizaron una histerectomía total, extrayendo útero y ovarios para garantizar su sobrevivencia. Pero la recuperación física fue apenas una parte del proceso, la emocional fue igual de intensa.
Alejandra tuvo complicaciones con la herida y eso la hizo mantener un estricto control de higiene y visitas.
No podía salir de casa y tampoco recibir mucha gente, así que se vio obligada a pasar las fiestas de fin de año sola. El 24 y el 31 su familia llegó a compartir con ella un rato y luego se retiraron.
“Esta Navidad y Año Nuevo la pasé sola aquí en la casa. Mi herida se abrió y no podía recibir visitas por riesgo a virus. El 24 de diciembre todos vinieron a un desayuno y luego se fueron, yo quedé sola. Fue una de las partes más difíciles, pero yo entendía que tenía que pasar ese proceso. El 31 también vinieron en la mañana. En la noche me maquillé y a como podía caminar a la medianoche abrí la puerta para recibí el año nuevo, hice mi oración y le agradecí al Señor por el don de la vida y por un año 2026 diferente”, cuenta la alajuelense.
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Braquioterapia: Tecnología de punta en suelo tico
Tras la cirugía, Alejandra fue referida al Hospital México para recibir un tratamiento preventivo llamado braquioterapia. Costa Rica es pionera en la región con esta tecnología, que consiste en introducir un cilindro con irradiación directamente en la zona afectada para eliminar cualquier célula residual.
“A nivel de Centroamérica somos el único país que tiene esa terapia. Cinco minutos de esa terapia cuesta unos tres millones y medio de colones, y la Caja lo ofrece. Es algo maravilloso”, destaca Ulloa.
Fue precisamente al terminar su sexta sesión de braquioterapia, el lunes 6 de abril, cuando Alejandra caminó por última vez ese pasillo de radiación profunda para tocar la campana que simboliza el fin del tratamiento.
Sanar desde la raíz
Como experta en motivación, Alejandra no se quedó solo con la medicina tradicional. Se dedicó a estudiar la relación entre las emociones y las enfermedades, basándose en estudios de universidades como Harvard. Fruto de esta experiencia nació su nuevo proyecto y libro: “Cuando Jesús sana desde la raíz”.
“El problema que tenemos los ticos es que le damos mucho poder a las enfermedades. Mucha gente se muere antes de tiempo, no de la enfermedad, sino de la depresión o del estrés que creamos. Para muchas personas el cáncer es muerte; para mí ha sido vida. Yo a todo el mundo le digo: ‘Tenga ánimo, tenga esperanza, porque la esperanza te devuelve la vida’”, concluye con firmeza.
Hoy, Alejandra sigue al aire en su programa “En la casa de mi padre” y lidera el proyecto “Mujeres en Misión”, convencida de que cada cicatriz es una historia que merece ser contada para dar luz a quienes aún atraviesan el valle del dolor.





