En La Pacaya de Jericó de San Miguel de Desamparados, el café no es solamente una bebida para acompañar el desayuno.
Para don Daniel Aguilar Araya y su hija Damiana, es una forma de vida, una tradición familiar y ahora también un emprendimiento que esperan que las nuevas generaciones ayuden a mantener vivo.
Hace aproximadamente dos años, don Daniel decidió dar un paso más con el café que producía su familia. Los precios del grano estaban muy bajos y vender únicamente la cosecha no siempre representaba lo que realmente costaba trabajar una finca.
Fue entonces cuando nació la idea de crear su propio café y ofrecerle al consumidor algo que para él tiene un enorme valor: un producto completamente costarricense que se llama “Diay Café”.
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“Empezamos con la finquita que teníamos, con la producción y los precios muy bajos, y decidimos darle al costarricense principalmente una marca de café que sea 100% nacional y también un café sin lo comercial, de lo que usualmente nosotros tomamos”, contó Daniel.
Su café se produce en una zona ubicada entre los 1.600 y 1.800 metros sobre el nivel del mar, una característica que le permite trabajar con café de altura.
Ofrece presentaciones de 250 y 500 gramos, molido o en grano entero, y diferentes niveles de tueste, entre ellos medio-intenso e intenso.
Pero detrás de cada paquete hay mucho más que una etiqueta bonita; por eso, en el Día Internacional del Café, este 1 de octubre, este pulseador celebra algo que para él tiene un sabor todavía más especial: “poder producir nuestro propio café, llevarlo hasta la taza y, al mismo tiempo, enseñarle a nuestra hija que las tradiciones también se heredan trabajando.
“Buscamos que las familias tomen un café 100% producido por una familia. Nosotros lo recogemos, lo secamos y lo llevamos a tostar”, dijo, al tiempo que aseguró que para ellos cada taza también lleva un poquito de Costa Rica.
De la mata a la taza
Explicó que el proceso es fundamental para conseguir el sabor que busca.
“Es un café 100% lavado. Se despulpa, se lava y se seca al sol. Eso ayuda a bajarle un poquito la acidez y mantener esas características que tiene el café de la zona”, explicó.
Y es que el terreno de altura también deja su huella en la taza. El resultado puede tener saborcitos frutales y cierta acidez, características propias de este tipo de café, pero él ha buscado un proceso que permita ofrecer una bebida agradable para quienes disfrutan de una buena taza todos los días.
Su meta, sin embargo, va más allá de vender bolsas de café.
“Queremos en la familia que quien se tome una taza recuerde que detrás de ella existe una finca, una familia y muchas horas de trabajo”, aclara.
La heredera de 12 años
En esa historia también aparece una niña de 12 años. Se llama Damiana Aguilar Hernández y es la hija de don Daniel. Durante las vacaciones escolares le toca ponerse los zapatos de trabajo y acompañar a su papá a coger café. “En todas las vacaciones”, contó Daniel entre risas.
Damiana todavía no puede competir con los grandes cogedores de café y su papá lo sabe muy bien. “Le va igual que a mí, que no logro coger ni una cajuela”, bromeó.
Para el papá, el verdadero valor está en que ella conozca de dónde viene una tradición que ha acompañado a Costa Rica durante generaciones.
“Me encanta aprender sobre el café. Ir al cafetal y coger, compartir con la familia y comernos el almuerzo frío. Estoy aprendiendo a amar cada paso del proceso del café y valorando que para lograr una taza de café se ocupa un esfuerzo grande familiar. Amo el café”, comenta muy feliz, Damiana.
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“Uno piensa que coger café es como en las canciones que suena muy lindo y en los videos se ve muy lindo, pero qué va. Hay de todo: gusanos, culebras, comida de viento, pinto frío...”, recordó.
Y precisamente por eso Daniel quiere que sus hijos conozcan ese esfuerzo.
“Es parte de una tradición de muchas familias, parte de la tradición de Costa Rica. Hay que preservar esas costumbres y preservar también el café”, afirmó.
Daniel quisiera que más costarricenses vuelvan a acercarse a esa realidad y entiendan que el café que llega a una taza no aparece por arte de magia. Puede comunicarse al 8414-2959.
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24 mil familias cafetaleras
De acuerdo con los datos más recientes del Instituto del Café de Costa Rica, para la cosecha 2025-2026, el país produjo 1.763.951 fanegas (unos 455 millones de kilos).
De la actividad cafetalera se benefician 24.654 familias. En todo el territorio nacional hay 82.539 hectáreas sembradas de café y la zona de Los Santos es la que más terreno tiene sembrado: 28.518 hectáreas, seguida del Valle Occidental con 18.640 y Pérez Zeledón con 10.617.
Los ingresos generados por las exportaciones de café entre 2024 y 2025 fueron de 458 millones de dólares, unos 207 mil millones de colones.
Hay seis países a los que más exportamos café: Estados Unidos, Bélgica, Alemania, Corea del Sur, China y Finlandia.





