Abril Castillo es una joven de 22 años que tuvo un giro en su vida después de que una serpiente de mar la mordiera en una playa.
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Todo pasó el 27 de marzo de 2025 cuando decidió ir a la playa Sámara con una amiga. Ambas fueron a ver el amanecer.
“Por ahí de las 4:30 a.m. salimos caminando y nos fuimos al final de la playa, más o menos buscando un arrecife. Estábamos flotando, no nos metimos muy profundo. Estábamos tranquilas y sentí como si una sardina o un pez me hubiera mordido, no me dolió, pero cuando volví a ver, vi una serpiente que era amarilla con negro”, contó.
La joven comentó que la serpiente se alejó y ella se subió a la piedra a revisarse la pierna izquierda. Vio la mordida de dos colmillos.
El reptil que la mordió es conocido como serpiente con vientre amarillo o serpiente de mar (Hydrophis platura) y es venenosa. Es la única culebra marina que hay en el país, según el Instituto Clodomiro Picado.
“En eso empecé con la incertidumbre de que si me habrá inyectado veneno. Empecé a salir del lugar, tenía que caminar varias piedras. Me sentí un poco mareada y débil. Mi amiga no reaccionaba, yo le agarré la mano y le puse mi snorkel”, dijo Abril.
En ese momento, ella creía que el mareo era por el susto que se llevó por la mordedura.
“Lo único que se me ocurrió fue devolverme al apartamento (que tiene su papá), que quedaba más o menos a 1 km de la playa. Caminé unos 15 minutos; sentía como un leve vértigo y un poquillo frío. Pensé que era porque estaba mojada.
“Se me habían olvidado las llaves y dejé todo supercerrado. Gracias a Dios había una cerca de bambú que estaba podrida (en el apartamento) y la arranqué. Me metí y agarré el celular. Llamé a 911 y expliqué la situación”, añadió.
Después de pedir ayuda, avisó a sus papás lo ocurrido y en ese momento, se le durmieron las piernas.
“Sentía un hormigueo sumamente fuerte y ahí sentí miedo porque no sabía que iba a pasar”, contó.
Una larga espera
La joven tuvo que esperar que llegara la ayuda, mientras tanto se bañó e hizo ejercicios de respiración.
Después de 45 minutos, finalmente llegó la ambulancia.
“Les iba preguntando si había casos así, qué iba a suceder, cuáles eran los síntomas y ellos (los paramédicos) solo estaban nerviosos viéndose entre sí. La ambulancia no iba con luces ni iba rápido. Cuando llegué al hospital no podía caminar sola”, recordó.
Al llegar al hospital de La Anexión en Nicoya, su mamá la llamó, pero en ese momento ya le estaba costando hablar.
La llevaron a una camilla y la joven esperó hasta que le dieran tratamiento. Cuando le aplicaron un suero anticoral ya habían pasado más o menos cuatro horas y media desde la mordedura.
De acuerdo con el Instituto Clodomiro Picado, esta especie no tiene un suero antiofídico o antiveneno específico.
“Cuando me lo pusieron ya no escuchaba bien sino que oía pitidos, tenía visión borrosa y tenía demasiado frío, pensé que el hospital tenía aire acondicionado. Los doctores me pusieron una cobija encima”, dijo.
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Al despertar, vio que estaba hinchada y llena de ronchas. Le picaba todo el cuerpo. La joven cuenta que le aplicaron un producto que la mandó a dormir de nuevo, pero cuando abrió los ojos, el cuerpo aún le ardía.
Veinticuatro horas después, la sacaron del hospital. Mientras intentaba recuperarse en su casa, llevaba una dieta liviana, pero no mejoraba, más bien empeoraba conforme pasaban los días. No podía hablar ni caminar.
“No podía caminar. Empecé a ver borroso. Estbaba muy débil. No podía sostener el cuerpo, me dolía enderezarme. Me dolía estar sentada. Me brotaron las ronchas de nuevo”, dijo.
Fue al hospital y no recibió una buena atención médica. Después de tanta insistencia, la mandaron a hacer un TAC, en el que salió que tenía lesiones isquémicas (daño en los tejidos).
Internaron a la joven para hacerle una punción lumbar y averiguar si sus síntomas correspondían a una enfermedad. Al día siguiente, le dieron la salida.
Sin embargo, su condición no mejoraba y decidió ir a otro hospital, donde la atendió un neurólogo. Se determinó que tenía mielitis, una inflamación en la médula espinal.
Si a usted lo muerde una serpiente, debe llamar al 911 de inmediato y trasladarse al hospital más cercano. Allí le darán el suero antiofídico u otro tratamiento.
Mientras llega la ayuda, aléjese del sitio sin perseguir ni intentar matar a la serpiente. Mantenga la calma e inmovilice la extremidad afectada. Quítese los anillos, relojes o zapatos ajustados antes de que aparezca la inflamación.
Si tiene agua y jabón a mano, limpie la herida con cuidado y cúbrala con algo limpio. Nunca succione el veneno ni haga cortes sobre la herida ni haga torniquetes. Tampoco se aplique hielo ni tome alcohol ni bebidas con cafeína, pues pueden acelerar la absorción del veneno.
— María José Pacheco, doctora de la Caja Costarricense de Seguro Social
Tuvo que hacer terapia física
Una amiga, quien trabajó con personas con diferentes condiciones y discapacidades, le recomendó a Abril mover su cuerpo. La terapia física le iba a ayudar a combatir la mielitis.
“Me dio algunas terapias y le hice caso. Me ayudó a moverme superrápido. Salí caminando con un bastón”, dijo.
Más de dos años después, puede caminar y correr, pero no es lo mismo que antes del incidente. Todavía se traba y tartamudea, pero es leve.
“Ahorita no tengo que usar el bastón (...) Tengo la vitamina D muy baja y la B12 también. Me cuesta concentrarme y tengo problemas de memoria y movimientos involuntarios. Todavía tengo los pies muy fríos y sensibilidad de la rodilla a los pies y escucho pitidos. De vez de cuando veo borroso, pero por lapsos muy cortos”, contó.
La joven continúa yendo al neurólogo. Tras la mordedura, Abril aprendió a tener sensibilidad hacia las personas con discapacidad y además, tomó la decisión de cambiar de rumbo profesional. Antes estudiaba Criminología y ahora, Ingeniería Mecatrónica en la universidad Fidélitas.
Asimismo, destacó que la salud es muy importante que hoy en día mucha gente joven no cuida ni valora.
“Lo sentí como una segunda oportunidad. Cambié demasiadas cosas en mi vida y de mí misma. Dejé de estudiar en lo que estaba y me fui por lo que quería. Me cambió completamente la mentalidad porque durante mucho tiempo me costaba mucho andar y me sensibilizo y comprendo un poco más a las personas con discapacidad en un país donde la gente puede ser cruel”, expresó.
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