El trágico accidente de un bus que transportaba pensionados de la Universidad Nacional (UNA), ocurrido hace 10 años en Cinchona de Alajuela, cambió para siempre la vida de doña Patricia Vindas, una de las 15 sobrevivientes.
Las lesiones que sufrió fueron tan graves que, según recuerda, los médicos no creían que fuera a sobrevivir. Una década después, sigue contando la historia que le valió un apodo muy especial: “Milagrito”.
“Yo tuve un aneurisma y de eso nadie se salva, por eso yo ya no me llamo Patricia, a mí en el Hospital México me dicen: ‘Milagrito’, porque ningún doctor de los que me estaban atendiendo creía iba a vivir.
“No daban ni un cinco por mí, pero yo me agarré mucho de Dios y de la Virgen, oraba en silencio, porque en realidad, cuando se está en el hospital, uno no vale absolutamente nada”, contó Vindas.
El pasado 20 de octubre se cumplieron 10 años del accidente que cobró la vida de 15 pensionados. La tragedia ocurrió en la conocida vuelta “el codo del Diablo” en la carretera hacia la catarata de La Paz en Cinchona de Alajuela.
Pese a que han pasado tantos años desde aquel accidente que marcó la historia del país, doña Patricia lo sigue recordando como si hubiera sido ayer, sobre todo porque vivió dos experiencias que, para ella, fueron profundamente espirituales.
Viaje terminó de la peor forma
La tragedia que marcó la vida de doña Patricia, quien trabajó como asistente administrativa de la Facultad de Ciencias Sociales en la UNA, ocurrió pasadas las 9 a. m. del 20 de octubre de 2016, cuando ella y otros 28 jubilados se dirigían a un convivio en la Reserva Indígena Maleku, en Guatuso de San Carlos.
“Antes pasamos a una soda a tomarnos un cafecito y en ese momento yo vi que el chofer del bus se bajó a revisar algo; entonces le dije a uno de mis compañeros: ‘¿Por qué no se va a fijar qué es lo que pasa?’. Mi compañero le preguntó a chofer y él le dijo que no pasaba nada”, recordó doña Patricia.
El autobús continuó su viaje, pero minutos después, según Vindas, el conductor les dio la terrible noticia de que se había quedado sin frenos, por lo que todos entraron en pánico.
“Fue algo horrible, porque no paraba el bus, entonces todo el mundo estaba asustado. Los compañeros no sé cómo hicieron, pero llamaron a las casas y les dijeron a sus familiares: ‘Los queremos mucho, pero de esta no nos salvamos ninguno’”, recordó.
Un ángel en medio de la tragedia
A consecuencia de la falla mecánica, el autobús de los jubilados se salió de la carretera y terminó cayendo por un guindo de más de 25 metros de profundidad. Los recuerdos de lo que sucedió en ese momento aún se mantienen en la memoria de doña Patricia.
“Todo el mundo le caía a uno encima, y se les tiraban encima de los demás. Yo en ese momento vi a un compañero que salió por encima y, obviamente, se desnucó. Todos los otros compañeros empezaron a gritar, fue un shock tremendo”.
Tras la caída del autobús al guindo, Vindas recuerda ver a sus compañeros esparcidos por todos lados, algunos conscientes, otros lamentablemente fallecidos.
En medio de esa dolorosa y caótica situación, doña Patricia aseguró que ocurrió un suceso que ella solo podría describir como un milagro.
“Yo creo mucho en Dios, y en ese momento se me apareció un ángel que me dijo: ‘Yo la voy a sacar a usted de aquí’. Cuando volví a ver el ángel ya no estaba, y ahora me encontraba con todos los compañeros que estaban esparcidos por todo lado.
Al momento del accidente, 12 personas fallecieron en el lugar; otras dos murieron días después y una persona más meses después.
Hermosa luz la llenó de paz
Ese encuentro con el ángel no fue la única experiencia espiritual que doña Patricia tuvo durante esa tragedia, ya que cuando era trasladada al Hospital México vivió otra situación que la dejó marcada para toda la vida.
“Yo fui la primera que sacaron en helicóptero, por lo mal que yo estaba. A mí me llevaron para el Hospital México y como tenía helipuerto ahí mismo empezaron a hacerme cosas, porque yo estaba sumamente mal. Nadie creía que yo iba a vivir, pero yo tenía tanta fe en Dios y en la Virgen.
“Mientras me llevaban al hospital también vi una luz, seguro esa que dicen que se ve al final del túnel. Esa luz era algo bellísimo y yo dije: ‘Sí así es estar con Dios, yo me quiero ir ya con Dios’, porque sentía una paz y una tranquilidad”.
Pese a que doña Patricia deseaba acercarse más a esa luz que tanta paz le daba, ella cuenta que al final “Dios la devolvió” y ella entendió que aún no era su momento.
Otro detalle que viene a la memoria de Vindas al recordar esa tragedia y el tiempo que estuvo en el hospital fue la curiosa forma en la que uno de sus hijos la reconoció entre todos los heridos.
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“Yo siempre ando con las uñas de los pies pintados y cuando dejaron entrar a mis hijos ellos empezaron a buscarme. Una enfermera les dijo que si yo no estaba ahí tenían que ir a buscarme a otro hospital, pero uno de mis hijos vio mis pies y me reconoció por las uñas. Ese día lloramos mucho y hasta la fecha cuando nos acordamos de todo eso”.
No sabía ni quién era
El proceso de recuperación de doña Patricia fue muy largo y difícil, pues ella cuenta que sufrió un golpe muy grave en la cabeza que afectó su cerebro, al punto de que ni siquiera sabía quién era.
“Yo no podía leer ni escribir, no sabía ni quién era yo, ni cómo me llamaba. En el Hospital México me dieron un curso muy bello que era para la memoria y eso fue lo que me ayudó montones, porque ese golpe que recibí en el cerebro fue bastante duro.
“Yo estoy muy agradecida con todo el personal del Hospital México, porque si no hubiera recibido la atención que me dieron no sé qué habría sido de mí; de verdad, todos ellos fueron una belleza conmigo”.
A nivel psicológico, doña Patricia contó que actualmente se encuentra muy bien, pero los meses posteriores al accidente sufría una especie de regresiones y para ella era algo horrible, pues en esas imágenes aparecían varios de los compañeros que lamentablemente habían fallecido.
Vindas explicó que ella sigue bajo control en el Ebáis de San Pablo de Heredia, pero como su progreso ha sido tan bueno le han quitado muchas de las medicinas que estaba tomando. A nivel físico solo destacó que quedó con algunas secuelas en su mano izquierda.
Según Vindas, su familia también fue clave en su proceso de recuperación, pues sus hermanos se encargaron de cuidarla tras el accidente y esa situación tan difícil más bien fortaleció el vínculo entre todos.
Capítulo cerrado
Vindas contó que años después del accidente ella y un amigo, quien también sobrevivió a ese hecho, regresaron al llamado codo del Diablo. Para ella no fue nada sencillo llegar a ese sitio, pues en sus pensamientos estaba todo lo que le habían dicho en el hospital.
“Por recomendación médica yo tuve que estar mucho tiempo en psicología y en varios lugares del hospital. Yo pregunté sobre ir al lugar del accidente y me dijeron que podían pasar dos cosas: que estando ahí me diera lo mismo o que me volviera loca, así me lo dijeron, porque el accidente fue una experiencia muy dura”.
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Pese a la advertencia, doña Patricia tenía la convicción de regresar a ese sitio, pues en el fondo sentía que eso era algo clave para cerrar uno de los capítulos más duros de su vida.
El problema es que nadie en su familia quería llevarla, pues temían que eso le afectara. Por ese motivo, se puso de acuerdo con su amigo para ir juntos al lugar de la tragedia.
“Nos fuimos a ese lugar y cuando llegamos yo le entregué todo a Dios y le dije: ‘Dios mío, aquí está esto, capítulo cerrado’, y ese momento fue tan lindo, porque yo sentí una paz, una tranquilidad de haber estado ahí”.
Paseos no se acabaron
Muchos pensarían que tras vivir una experiencia que la puso cara a cara con la muerte, doña Patricia se alejaría de todo tipo de viajes. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario.
“Sí, seguimos haciendo los paseos, porque yo dije: ‘¿Por qué no?’, Si Dios me dio una segunda oportunidad, yo lo puedo hacer. Sin embargo, en mi familia no estaban de acuerdo en que yo fuera a los paseos.
“Pero yo misma entendí que solo Dios sabe cuándo nos va a llamar, entonces por eso yo sigo disfrutando de esta segunda oportunidad que Dios me dio”.
Tras haber sobrevivido a esa tragedia, doña Patricia ahora vive con esa premisa de disfrutar la vida al máximo y sacarle el jugo a esa segunda oportunidad que Dios les regaló a ella y al resto de sus compañeros que también sobrevivieron.





