Marilyn Espinoza, su madre, llega siempre con un bolso que no se despega de ella. Dentro guarda las fotografías de Nadia cuando era niña.
Son imágenes que la acompañan desde que se inició el juicio y que, según dice, se han convertido en una forma de sentirla cerca en medio del proceso judicial.
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En su billetera también conserva otras fotografías: la de su hija, la de su nieta y las de otros familiares. Son recuerdos que lleva consigo en cada audiencia, como un refugio íntimo frente al dolor.
Muchas personas la ven sentada, serena, escuchando cada detalle del juicio. Pero, asegura, solo ella sabe el peso que carga día a día.
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“Mi nieta es una de las razones de vivir y, justamente, por ella es que me tengo que mantener fuerte, porque quiero que ella siga conmigo”, expresó mientras observaba las imágenes de Nadia.
La hija de Nadia tiene cuatro años y medio. Cuando mira las fotos de su madre, dice que es ella misma. Ambas se parecen tanto que, en la inocencia de la infancia, el reflejo se confunde con el recuerdo.
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Así, en cada audiencia de este debate, hay algo que nunca falta: la presencia de Nadia, guardada en un bolso, sostenida en fotografías y en la fortaleza silenciosa de una madre.
Este viernes continúa el juicio por el femicidio de Nadia Peraza y se espera el testimonio del dueño de la casa a la que Jeremy Buzano llevó la refrigeradora en la que, posteriormente, se hallaron los restos de la muchacha.


