Doña Vilma Espinoza, la mamá de Junieysis Merlo, solo conocía a sus dos nietas de 4 años por medio de videollamadas que solía hacer con su hija.
Tras el atroz homicidio de Junieysis, la señora finalmente pudo conocer y abrazar a las gemelas, pero lo que estas le dijeron en su primer encuentro le dejó el corazón hecho pedazos.
Así lo contó doña Vilma a La Teja, quien explicó que ese primer encuentro con sus nietas se dio hace pocas semanas, pocos días después de que ella y sus tres hijos llegaron a Costa Rica con el fin de obtener la custodia de las hijas de Junieysis, quienes actualmente están bajo el cuidado del PANI.
“Ellas dicen que se van con nosotros en cualquier momento, dicen: ‘Nosotras nos vamos con abuela y tíos’. Ellas nos dijeron que no tienen mamá, que la mamá está en el cielo y que desde allá las está cuidando. Cuando nos dicen: ‘Mamá ya no está, mamá está en el cielo’, es durísimo, pero les decimos que aún nos tienen a nosotros”, dijo doña Vilma.
El crimen que tiene a esta familia viviendo un verdadero drama habría ocurrido el pasado 31 de marzo, fecha en la que el OIJ presume que se dio el femicidio de Merlo. El cuerpo de la joven, de 29 años, fue encontrado días después en una fosa dentro del condominio en el que vivía, en Salitral de Santa Ana.
Por este caso, las autoridades detuvieron a la expareja de Junieysis y padre de sus hijas, un hombre apellidado Calvo Ramírez, de 57 años, quien se encuentra cumpliendo prisión preventiva.
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Se siente encerrada
Espinoza contó que tiene casi un mes de estar en Costa Rica, donde fue recibida con los brazos abiertos por Joseph Rivera, abogado que representa a su familia.
Aunque ha recibido mucho apoyo en nuestro país, la señora no ocultó la tristeza que siente al estar alejada por tanto tiempo de su hogar en Nicaragua.
“Ha sido bastante difícil dejar nuestro país y venir con una esperanza que nosotros mantenemos viva, de que las niñas puedan regresar con nosotros a nuestro país, por eso aquí seguimos luchando.
“Para nosotros es como un encierro; es la primera vez que estoy aquí y no estoy acostumbrada, porque donde nosotros vivimos es al aire libre, y aquí nos hemos sentido como en un encierro, pero gracias a Dios, todo va saliendo bien, porque hay personas de buen corazón que nos han ayudado y nos sentimos alegres”, contó la señora.
Primer encuentro complicado
En cuanto al primer encuentro con sus nietas, doña Vilma reconoció que ese día se sentía muy nerviosa, pues no sabía si las niñas la iban a reconocer.
“La primera vez yo le dije a mi hija que yo no iba a aguantar ver a las niñas, por lo que yo sentía, porque era un impacto grande; y pidiéndole a Dios que las niñas nos reconocieran, porque yo solo las conocía por videollamada, nunca había tenido un encuentro con ellas, pero mi hija me decía que debía ser fuerte por ellas”.
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Afortunadamente, las cosas terminaron mejor de lo que doña Vilma imaginaba.
“Las niñas aún nos reconocían, porque al vernos fue una alegría grande, nos alegramos mucho y pudimos compartir con ellas. Fue muy bonito, pero qué terrible que se diera por la muerte de mi hija, pero ni modo, qué le vamos a hacer, solo me quedaba ser fuerte”.
Según Espinoza, durante los pasados cuatro años solo pudo hablar con sus nietas por videollamada, debido a que al sospechoso de asesinar a Junieysis le tenía prohibido que viajara a Nicaragua con las chiquitas.
Con el corazón dividido
La señora contó que hasta el momento no les han indicado cuándo les darían una respuesta sobre la custodia de las niñas y esa situación la angustia muchísimo, pues la otra mitad de su corazón se encuentra en Nicaragua.
Esto debido a que el otro hijo de Junieysis, quien está bajo su cuidado, está esperando que regrese por un motivo muy especial.
“Yo me desespero, porque también tengo al otro niño, que también yo lo cuido, y justamente cumple años el 20 de este mes y me ha dicho: ‘Mita, yo quiero estar con usted, no me deje solo el día de mi cumpleaños’, y eso es muy duro para mí”, dijo doña Vilma.
A todo esto se le suma el dolor con el que carga doña Vilma por el femicidio de Junyeisis, pues no hay un solo día en el que no piense en ella.
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“Estos días han sido terribles, porque cada día que pasa pesa más, porque quedan los recuerdos, muchas cosas se vienen a la mente, y uno dice: ‘hubiera hecho esto y aquello’, pero yo le digo a mi hija que ya ahora es tarde.
“Yo bastante la aconsejé (a Junyeisis), le decía que se viniera para Nicaragua, que íbamos a estar bien, pero ella por sus niñas no lo hacía. Yo ahora la entiendo, porque donde veo a las niñas entiendo porque ella se quedó y tuvo que sufrir, porque esas niñas son un tesoro”.
Además de luchar por la custodia de sus nietas, doña Vilma también está muy pendiente del proceso que se lleva contra el sospechoso de asesinar a su hija.
“Yo siempre he dicho que se haga justicia, que se haga lo que se tenga que hacer. También pedimos que no ayuden con eso de las niñas, que no tardemos mucho aquí, porque uno afuera de su país todo es gastos, pero gracias a Dios hay gente de buen corazón que nos han ayudado mucho”.



