En una casa en Los Guido de Desamparados, doña Vera Isabel Hernández, de 71 años, a veces interrumpe las conversaciones con sus seres queridos para prepararle el almuerzo o un cafecito a su amado hijo Álvaro Monge Hernández.
Esta escena, que sería muy común en cualquier hogar, se vuelve sumamente dolorosa al saber que Monge, un querido vendedor de flores al que le decían Cupido, nunca regresará a su casa, pues fue asesinado a manos de un desalmado.
“Mi abuelita ha estado muy mal, ella está hablando con uno y de repente dice: ‘Ya vengo, es que tengo que hacerle comidita a mi hijo que ya ahorita viene’; ella como que se desconecta de la realidad por ese dolor tan grande que siente.
“A veces estamos todos reunidos y de pronto nos dice: ‘Ya vengo, voy a ponerle el cafecito a mi hijo’, y ella se levanta y agarra la tacita y todo, prepara el café como esperando a que de verdad mi tío llegue a la casa”, contó Diego Espinoza, sobrino de Monge.
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El caso de Cupido, quien fue asesinado en noviembre del año pasado, volvió a ser noticia esta semana, pues el hombre acusado de asesinarlo, apellidado Zamora Laguna, fue condenado a 25 años de prisión por el crimen.
“Sin justificación alguna y con alevosía, Zamora tomó la tapa de una alcantarilla de concreto y agredió en el rostro al ofendido. Cuando este cayó al suelo, continuó golpeándolo hasta lograr su muerte”, informó la Fiscalía.
Anteriormente, Diego contó que Zamora atacó a su tío solo porque Cupido se negó a darle ¢200 que este le estaba exigiendo.
Muy afectada
La noticia sobre la condena contra Zamora trajo un rayo de luz a la familia de Álvaro; sin embargo, ni siquiera eso puede borrar el dolor que sienten, especialmente doña Vera.
“A uno se le parte el alma, pero hay que dejarla, que ella lleve su luto y su dolor como a ella mejor le parezca, porque mi abuelita ha estado demasiado deprimida; a uno se le hace el corazón un puñito al verla”, dijo su nieto.
Diego explicó que tiene una amiga psicóloga que ha estado ayudando a su abuela en este difícil proceso y les recomendó que no la presionen, pues lo mejor es que ella vaya asimilando de a poco lo que pasó.
Otra situación que preocupa a Espinoza y a toda su familia es que la salud de doña Vera se ha deteriorado tras la muerte de Cupido, además de que han atravesado una situación económica difícil, lo que les ha complicado conseguir todos los medicamentos que su abuelita necesita.
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Si usted ayudar a doña Vera y a su familia, puede hacerlo por medio de Sinpe Móvil al teléfono 6259-4526 a nombre de Diego Espinoza.
“Uno no se alegra por el mal ajeno, pero gracias a Dios lo condenaron, porque lo que él hizo no estuvo bien”.
— Diego Espinoza, sobrino de Cupido.
Un leve alivio
En medio del enorme dolor que aún sienten por la forma en que Cupido les fue arrebatado, Diego confesó que la condena contra el asesino de su tío fue un bálsamo para toda su familia.
“Es como si nos hubiéramos pegado el Gordo; suena muy feo, pero es la verdad. Yo sé que mucha gente me va a entender, porque cuando un familiar de uno fallece por un asesinato, lo que se busca es justicia, que no quede impune; entonces para nosotros esto es una gran alegría, porque lamentablemente en este país no todos los casos terminan así”.
Diego indicó que el hecho de que el caso se resolviera en tan poco tiempo fue un detalle que los sorprendió mucho.
“Gracias a Dios no hubo que esperar tanto, y tampoco tuvimos que pasar por la incertidumbre de saber si él iba a salir, si le iban a dar algún beneficio, porque todo eso nos tenía preocupados, más que todo temiendo por la seguridad de mi abuelita y mi mamá, que eran vecinas del asesino”.
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Para Espinoza, el sujeto recibió el castigo que se merecía, sobre todo porque Zamora nunca reconoció que atacó a Cupido para quitarle la vida.
“En la primera audiencia en la que estuvo presente toda la familia, él pidió la palabra y dijo: ‘Yo solo quiero decirle a la familia que yo solamente me defendí’, eso nos indignó demasiado”.
Lo extrañarán por siempre
La ausencia de Cupido, quien se hizo muy famoso por vender flores en bares y restaurantes desde los años 80, no solo es sentida por su familia, sino por todos sus clientes y amigos.
“La gente nos dice que lo extrañarán por siempre. El dueño de uno de los bares en Tres Ríos a donde iba mi tío, me llamó un día y me dijo: ‘Diego, siempre seguimos esperando a Cupido y luego caemos en cuenta de que ya no va a venir’. Él dejó un vacío muy grande en muchísimas personas que lo querían”.
Espinoza finalizó agradeciendo a todas las personas que se acercaron a su familia tras la muerte de su tío y sobre todo a aquellas personas que se tocaron el corazón y el bolsillo, pues gracias a ellas pudieron darle el último adiós que Cupido se merecía.



