“Sentí que me mataron a mí también”. Con esa frase resume su dolor Marilyn Espinoza, madre de Nadia Peraza, al recordar el momento en que las autoridades le confirmaron el hallazgo del cuerpo de su hija.
Según su testimonio, en el juicio que empezó este miércoles, fue hasta que apareció el cuerpo que se hicieron presentes agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) para hablar con ella.
“Me dijeron que habían encontrado una refri y que ahí estaba el cuerpo de mi hija. Yo ese día sentí que me había matado a mí también”, relató.
“Mi esposo estaba conmigo y me abrazó”, recordó, describiendo uno de los momentos más difíciles de su vida.
El hallazgo se dio el 16 de mayo del 2024, cerca de una vivienda en las cercanías de la universidad en Heredia.
Espinoza también se refirió al sospechoso y aseguró que Jeremy Buzano llegaba con frecuencia a su casa a pedir comida o dinero luego de que Nadia desapareciera.
“En esos días yo no sacaba a la chiquita (hija de Nadia y Buzano). Casi no conversaba con él; a veces, me mandaba mensajes que ocupaba algo”, contó.
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Según la madre, ella lo consideraba agresivo, especialmente desde un episodio en el que lo vio golpear a su hermano sin razón. “Era malcriado, era violento”, afirmó.
Contó que Nadia y el imputado vivieron un tiempo en su casa, donde con frecuencia se escuchaban discusiones y aparentes golpes en el cuarto de la pareja. En una ocasión, su hermano intervino tras oír ruidos.
“Mi hermano Julio les tocó la puerta para que dejaran de pelear. Jeremy salió y empezó a pegarle con una hebilla; de inmediato le pidieron que se fuera”, relató ante los jueces.
La mujer aseguró que otros de sus hijos también presenciaron reacciones violentas del acusado y que, pese a medidas de protección y visitas policiales, Nadia regresaba con él.
“Un día llegó con el labio partido (Nadia)… me dijo que con ese ‘engendro’ ya no quería vivir, pero no me dio detalles”, recordó.
Aunque hubo separaciones, Buzano seguía llegando a la vivienda que alquilaba Nadia. Cuando tenía que irse, se quedaba afuera, incluso bajo la lluvia, y Nadia lo dejaba volver a entrar.
Un abrazo que quedó grabado
Con mucho dolor la mamá contó que el 21 de febrero de 2024 fue la última vez que la familia vio a Nadia con vida. Ese día visitó a su hija, quien estaba bajo el cuidado de su abuela debido a intervenciones del PANI por la violencia que sufría.
“Ese día abrazó más de lo normal a la chiquita”, dijo.
“La abrazó mucho, se me quedaba viendo, pero no decía nada”.
Después de esa visita, Nadia no regresó a ver a la niña, algo que a su madre le resultó extraño porque siempre lo hacía antes de irse a trabajar.
Marilyn comenzó a escribirle para pedirle pañales; su hijo Luis también le preguntó dónde estaba. Respondía mensajes, pero no llamadas.
“A mi hijo le contestó con una carita como para que se quedara callado y algo como si anduviera en la playa”, relató. Incluso por mensaje dijo que había conseguido otro trabajo y que volvería el siguiente fin de semana.
En el juicio se expuso que, presuntamente, el acusado habría contestado esos mensajes desde el celular de la víctima, haciéndose pasar por ella; por eso lo acusaron de suplantación.
La refrigeradora blanca
Con el paso de los días y sin respuestas claras, Marilyn fue a buscar a su hija a la casa. Buzano le abrió la puerta.
“Yo pensé que la tenía amarrada en la casa”, confesó.
Antes de salir, algo le llamó la atención: una refrigeradora blanca, grande, con ropa colocada en la puerta.
“Nos quedamos viendo la refri. Él se puso de espalda y estaba muy nervioso”, detalló.
También recordó que en esos días él le pidió dinero para comprar bolsas plásticas negras, alegando que se iba a mudar. Mientras tanto, fingía estar resignado.
“Un día me dijo que la llamó (a Nadia) y que un hombre le contestó diciéndole que dejara en paz a la güila”, contó.
La familia, incluso, llegó a pensar que Nadia se había ido a la playa con amigas.
Hasta que apareció la refrigeradora y la mamá vio en las noticias que era la misma que vio en casa de Buzano.
“Ya no se acuerda de ninguno de los dos”
Hoy, la hija de Nadia tiene cuatro años y vive al cuidado de su abuela.
“Ella ya no se acuerda de mi hija. Ya no se acuerda de ninguno de los dos”, dijo Marilyn, refiriéndose también al padre de la menor.
“A mí me ve como mamá”, aseguró con firmeza.
Su mayor deseo, expresó ante el tribunal, es que se haga justicia y que la niña permanezca con ella.
“Ya ella me ve como su mamá”.
Desde el crimen a doña Marilyn le ha resultado muy difícil continuar con su vida.
“Me cuesta dormir. Sueño con ella, que habla conmigo. Sueño que me toca la puerta para que le abra. Me dice que yo hice lo que ella no pudo hacer”, expresó ante el tribunal. Sin embargo, reconoció que su hija no le dice explícitamente qué fue eso que hizo.
“Ella no me dice nada, pero supongo yo que es acusarlo a él, a Jeremy Buzano. Me supongo que es eso”, dijo.
La mujer relató que en los días previos al juicio los sueños se han vuelto más frecuentes.
Espinoza también reveló que ha necesitado atención sicológica en el Hospital de Heredia para seguir adelante.




