Eliécer Ruiz Ureña, conocido como Gino, tenía 46 años cuando decidió cumplir uno de sus anhelos: viajar por mar hasta Miami, Estados Unidos, para sorprender a su mamá.
Él zarpó lleno de emoción, pero nunca llegó a su destino. Con el paso de los días, la espera se transformó en angustia y, con los años, en una pesadilla de dolor e incertidumbre que aún hoy persiste, marcada por la ausencia y el silencio sobre qué fue de él.
Once años se cumplirán en abril del 2026 y la incógnita de qué le pasó o dónde está retumba en sus familiares.
Doña Irma Ceciliano, de 88 años, mamá de Eliécer, siente que él está vivo y que en algún momento se reencontrarán.
En Expediente LT no olvidamos el caso de Gino y del matrimonio costarricense conformado por Edith Alfaro Porras, de 40 años, y su esposo Rafael Arturo Garbanzo Cascante, de 42, quienes también desaparecieron junto con Gino.
Los tres eran vecinos de Pérez Zeledón; en apariencia, no se conocían; lo hicieron cuando emprendieron el viaje juntos. Los llevaba un coyote (persona dedicada a llevar latinos de manera ilegal a Estados Unidos).
Así lo mencionó doña Irma, quien estaba en Estados Unidos cuando se enteró de la desaparición.
“Día y noche, a toda hora, uno no deja de esperar, de tener fe, que si estará más allá o estará con vida, pero uno no sabe ni qué pensar. Lo veo a él como un desaparecido, no como que ya murió”, exclamó esta madre en conversación con La Teja.
Agregó que durante las noches cree sentir que verá a su hijo; sin embargo, al amanecer cae en la realidad de que solo fue su deseo de mamá.
“La persona que se lo llevó no dice nada, solo él y Dios saben dónde lo dejó, dónde están o qué pasó”, mencionó.
Gino había vivido en Estados Unidos
Doña Irma relató que Gino vivió en Estados Unidos durante cerca de 20 años.
Regresó a Costa Rica en el 2004 tras la muerte de uno de sus hermanos, Hugo Ureña, quien también residía en Norteamérica. Posteriormente, los demás hermanos que vivían en ese país decidieron volver también a suelo costarricense.
En el 2009, Gino se convirtió en papá de un niño y, en el 2015, buscando un mejor futuro para él y el pequeño que crecía, decidió regresar a los Estados Unidos.
Cuando Gino intentó viajar, las autoridades estadounidenses ya no le permitieron ingresar de manera regular, por lo que decidió irse de forma irregular, lo que se conoce popularmente como “mojado”, término que se utiliza para quienes entran a Estados Unidos sin documentos.
Otro hermano, de nombre Alejo Ruiz, estaba junto con su mamá Irma en Orlando, Estados Unidos. A los demás familiares sí les permitían entrar de manera legal.
Alejo sabía de la sorpresa que Gino planeaba para doña Irma y debía toparlo en Miami.
“Cuando yo llamaba, preguntaba por uno y otro; cuando iba por Gino, me decían que él andaba pescando, solo me decían eso, y la cosa era que él quería llegar de sorpresa allá donde estaba yo.
“El día que iba a llegar allá, me dice mi hijo Alejo: ‘Mirá, tengo que ir a recoger a Gino a Miami, porque viene’, y yo le respondí: ‘¿Cómo que viene?’. A tal hora tenía que esperar para que llamara; las horas pasaban y nada que lo hacía. En la noche mi hijo me dijo: ‘Dicen que él se vino, pero que se perdió’”, recordó esta madre.
Durante el trayecto, Gino le envió fotos a una hermana de nombre Carmen, por lo que la familia tuvo contacto con él.
Doña Irma, al enterarse de la desaparición, de inmediato viajó a suelo tico con la esperanza de encontrar respuestas, las que aún sigue buscando.
“Él amaba vivir en Estados Unidos, vivió en Atlanta”, expresó.
Esta madre conserva fotos; durante mucho tiempo mantuvo otras pertenencias, pero con el paso de los años se deshizo de ellas.
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Hermana le pidió a Gino que no viajara
Carmen recuerda que desde mediados de febrero del 2015 ella sabía que su hermano se iba para Estados Unidos junto con un supuesto amigo de él, de nombre Luis Sánchez, también conocido como Luis Bermúdez. Ella le insistió en que no lo hiciera, pero ya era un adulto y decidió hacerlo.
“Volver a Estados Unidos era para él muy significativo; vivió muchísimos años. Él estuvo acostumbrado a tener una vida cómoda, a ser dadivoso; no le dolía darles a las personas lo que necesitaran”, expresó la hermana.
La última vez que lo vieron fue el 5 de abril del 2015; salió en bus desde Pérez Zeledón hasta San José y al día siguiente para Bahamas con escala en Panamá.
“Él siempre acudía a mí para todo. Se topó con un matrimonio al que había enviado un coyote. En el hotel había cuatro costarricenses (mi hermano, Luis Sánchez y la pareja). Todos los días me llamaba y me decía: ‘Mañana pasamos... no se pudo pasar porque había mucho viento, estamos esperando que nos pasen’, y así todos los días.
“Mi hermano llevaba poco dinero, no le iba a alcanzar para estar ocho días en un hotel pagando todo. El sábado 11 de abril me escribió y me dijo: ‘Me voy a ir a otra isla’. Le pregunté que con quién. ‘Solo’, me contestó. Entonces le advertí que no lo hiciera, que era peligroso, y me dijo: ‘No, ya averigüé, me voy, no puedo hablar más y una manita’”, recordó la hermana.
Le extrañó que su hermano fuera tan cortante, porque siempre era de dar todas las explicaciones completas. Esa fue la última conversación sostenida a las 8:45 a. m. del 11 de abril. Desde entonces no se volvió a conectar más.
Al día siguiente, su hermana recibió llamadas de la esposa de Luis Sánchez diciéndole que migración los había agarrado. Quizás hubiese sido la mejor noticia para la familia al saber dónde estaba Gino, pero resultó ser una mentira; Gino no había sido detenido.
Luis Sánchez, supuestamente, sí fue detenido y lo devolvieron a suelo tico; pero su regreso dejó más dudas y desconfianza de lo que realmente pudo haber ocurrido.
Esposos también vivieron en USA
Edith Alfaro y su esposo Rafael Arturo Garbanzo también habían vivido en Estados Unidos durante cinco años, del 2000 al 2005, hasta que fueron deportados.
Él se dedicaba a trabajos de construcción y ella a limpieza. Tuvieron dos hijas gemelas que nacieron en Estados Unidos y no tienen problemas para entrar o salir de ese país, porque cuentan con doble nacionalidad.
Las hijas eran unas niñas cuando dejaron de ver a sus papás; ellas los esperaban en casa de una tía, quien las cuidaba con la ilusión de ver a sus padres llegar.
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Arcelio Alfaro, hermano de Edith, le dijo a La Teja en el 2019 que la fecha de desaparición nunca la olvidan.
“Cuando alguien muere, uno tiene una despedida con esa persona por medio de su vela o entierro, pero en este caso no, porque no sabemos qué fue lo que realmente pasó con ellos, desconocemos si están vivos o muertos.
“A veces, nos preguntamos en qué momento se aparecen por acá; no sé cuántos años van a pasar y vamos a tener esa sensación. Es una esperanza que guardamos en la familia, porque para nosotros ellos están aquí todavía. Además, siguen en nuestros pensamientos y corazón”, exclamó el hermano.
Ruta que siguieron
La versión que dio Luis Sánchez es que la noche del sábado 11 de abril del 2015, cerca de las 9 p. m., los tres ticos salieron en una lancha desde Bahamas hacia Miami, en un recorrido de 300 kilómetros aproximadamente.
Luis relató que tuvieron un naufragio y solo él sobrevivió. Sostiene que en determinado momento dejó de ver a los otros tres. A él lo rescataron y lo deportaron a Costa Rica.
La familia de Gino estuvo en Bahamas, buscando información y no les dijeron nada de ningún naufragio. Pegaron panfletos sobre su familiar, pero nunca hubo una llamada. A la familia le extraña que Luis dijera que el recorrido fue tarde, cuando Gino desde la mañana de ese día había dicho que se iba. Las versiones nunca coincidieron.
En noviembre del 2016, las autoridades detuvieron a un hombre de apellido Barboza, conocido como Chino Coyote. A él lo responsabilizaron de llevar de manera ilegal a muchos ticos a tierras gringas.
El fiscal general de ese entonces, Jorge Chavarría, afirmó que Barboza fue investigado a raíz de la desaparición de los tres costarricenses en Bahamas, quienes le pagaron para llegar al país norteamericano.
Barboza fue acusado de tráfico ilícito de migrantes, en su modalidad agravada. Él aceptó los cargos y, desde el 6 de noviembre del 2017, descontó siete años en la cárcel de Pérez Zeledón, pero ya está libre.






