En los últimos años de su vida, Michael Jackson no solo luchaba contra problemas físicos y legales, sino también contra una profunda ansiedad emocional que lo mantenía despierto durante noches enteras.
Llamadas de madrugada, pensamientos repetitivos y una obsesión constante por su imagen pública marcaron el tramo final del Rey del Pop, según el testimonio de uno de sus colaboradores más cercanos.
Noches sin dormir y llamadas a las dos de la mañana
Según Infobae, el relato surge de Dan Beck, exejecutivo de Epic Records, y una de las personas que trabajó codo a codo con Jackson durante etapas clave de su carrera.
En entrevistas recientes y en su libro You’ve Got Michael, Beck describe a un artista atrapado en el insomnio, que recurría al teléfono en plena madrugada para buscar certezas.
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Las llamadas solían repetirse alrededor de las dos de la mañana, impulsadas por una mente que no lograba apagarse.
Jackson cuestionaba decisiones que ya habían sido discutidas una y otra vez, especialmente sobre lanzamientos musicales y estrategias de carrera.
La ansiedad lo llevaba a necesitar reafirmación constante, incluso cuando las respuestas no cambiaban.
Una mente atrapada en la duda
Beck reconstruye a un Michael Jackson incapaz de descansar, con pensamientos que giraban sin pausa sobre el futuro y el pasado.
La misma conversación podía repetirse noche tras noche, reflejo de una inseguridad creciente en un artista que había alcanzado la cima del éxito mundial, pero que ya no encontraba paz en ese lugar.
El ejecutivo recordó que, en esos momentos, el cantante parecía aislado emocionalmente, dependiendo de unas pocas voces de confianza para sostenerse en medio de la presión.
El peso devastador de la opinión pública
Una de las mayores fuentes de angustia de Jackson era la percepción que los demás tenían de él. Como parte de su trabajo, Beck le acercaba encuestas y comentarios de fans, material que el artista revisaba con atención y que muchas veces lo afectaba profundamente.
Los comentarios negativos, aunque anónimos, eran leídos y procesados en silencio. Beck describió escenas en las que Jackson se quedaba quieto, asimilando críticas duras que golpeaban su autoestima. La necesidad de comprender cada reacción del público se volvió casi obsesiva.
Una reputación marcada por la polémica
La fragilidad emocional de Jackson no surgió de la nada. Desde 1993, su imagen pública había quedado severamente dañada tras acusaciones de abuso sexual, resueltas fuera de los tribunales, pero imposibles de borrar del imaginario colectivo.
La situación se agravó en 2003 con la entrevista televisiva en la que admitió compartir su cama con niños, lo que derivó en nuevas investigaciones y acusaciones.
A esto se sumaron rumores constantes sobre su vida privada, matrimonios fallidos y comportamientos excéntricos que alimentaron la narrativa de un artista fuera de control.
Rodeado de genios y oportunistas
Según Beck, el entorno de Jackson estaba dividido entre profesionales de primer nivel y personas que se aprovechaban de su fama y vulnerabilidad.
El cantante, aseguró, era en muchos aspectos ingenuo respecto de cómo sus actos eran percibidos fuera de su círculo íntimo.
Aun así, Beck afirmó que nunca fue testigo directo de conductas delictivas durante los años que trabajó junto con él, aunque reconoció que la verdad completa sobre Jackson ha sido difícil de descifrar durante décadas.
El final de una carrera bajo presión constante
Dan Beck trabajó con Michael Jackson desde 1991, durante el lanzamiento de Dangerous, uno de los álbumes más exitosos de su carrera, y luego en HIStory, producido en medio del escándalo mediático.
En sus memorias, describe esos años como una batalla permanente por sostener el legado del artista más famoso del planeta mientras su vida personal se desmoronaba.
Detrás del brillo, los récords y la fama global, emergía un hombre exhausto, marcado por el insomnio y el miedo a no ser comprendido. Un Rey del Pop que, incluso en la cima, pasó sus últimas noches solo, despierto y buscando respuestas.
Nota realizada con ayuda de IA




