Turismo

De Coronado a Monteverde: así viví el clima más extremo y mágico en “Conociendo mi país”

Entre neblina, frío, sol, viento y pura adrenalina, el episodio 5 de “Conociendo mi país” me llevó por una ruta donde el clima terminó robándose el protagonismo

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Hay viajes que se cuentan… y otros que se sienten. Este episodio 5 de "Conociendo mi país" fue exactamente eso para mí: una montaña rusa de emociones donde el clima nos marcó cada paso.

Salimos para Coronado con el equipo (Alejandro Monge, Randall Vásquez y Ricardo Alvarado), dejando atrás el ruido de la ciudad. En menos de una hora desde San José, ya estábamos en otro mundo: neblina espesa, frío que cala y un aire puro que se siente hasta en el alma.

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En el Iral Bosque Nuboso viví neblina, frío y paisajes que parecen de otro mundo. (CMP/CMP)

Nuestra primera parada fue el Iral Bosque Nuboso, y desde que puse un pie ahí entendí que no era cualquier lugar. El clima cambiaba a cada rato: pasábamos de ver el paisaje despejado a quedar completamente envueltos en neblina en cuestión de minutos. Era como estar dentro de una película.

Este proyecto nació hace apenas cuatro años, pero tiene una fuerza impresionante. Son 1.600 hectáreas entre dos parques nacionales, lo que lo convierte en un corredor biológico lleno de vida. Caminé entre senderos, respiré profundo, escuché el sonido de la naturaleza y hasta tuve la suerte de ver aves impresionantes, incluyendo quetzales.

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Recorrí senderos en Coronado rodeada de naturaleza y aire puro. (cmp/CMP)
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Estas son las bellezas que se pueden ver en Monteverde. Foto: Randall Vásquez (cmp/CMP)

Después de la caminata y el frío, lo que uno más agradece es algo caliente. Y sí, ahí mismo me senté a comer rico, a calentarme y a simplemente disfrutar el momento. Algo que me encantó es que usted puede llevar a su perro, y en nuestro caso conocimos a Momo, un perrito que andaba por el lugar y que terminó más que feliz con tanto ejercicio.

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El hotel El Establo tenía áreas diferentes. Foto: Producción de Conociendo Mi País. (CMP/CMP)
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En el Iral aceptan mascotas. Foto: Producción de Conociendo Mi País. (CMP/CMP)

Pero si algo he aprendido en este programa es que la aventura no se detiene.

Agarramos camino hacia Monteverde y ahí el clima volvió a cambiar. Más altura, más viento y ese frío característico que se mezcla con atardeceres que simplemente no se pueden explicar; hay que vivirlos.

Nos quedamos en el Hotel El Establo, y honestamente fue un respiro total. Desde que llegué sentí mucha calidez en el lugar, no solo por las instalaciones, sino por la gente. Dormir ahí, con ese clima y esa tranquilidad, fue otra cosa.

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Viajamos en uno de los chuzos de Chery. Foto: Randall Vásquez (cmp/CMP)
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Monteverde me regaló atardeceres espectaculares y vistas inolvidables. Foto: Randall Vásquez (cmp/CMP)

Uno de mis momentos favoritos fue subir al mirador que está en la parte alta del hotel. Estar ahí, con el viento en la cara, viendo el golfo de Nicoya a lo lejos y rodeada de naturaleza… es de esos momentos que se le quedan a uno.

Y ni hablar de la comida. Probé platillos deliciosos, pero hubo un postre con sandía y queso de cabra que, sin exagerar, fue una explosión de sabor.

Al día siguiente, el clima nos regaló una mañana perfecta para salir en bici. Bien equipada gracias a Ciclo Boutique, me subí a una bicicleta de fibra de carbono que era increíblemente liviana. Fue de esos recorridos donde uno conecta con el entorno.

Las bicis iban superseguras en el rack de Thule, algo clave cuando uno anda de arriba para abajo.

Pero claro… no podíamos quedarnos tranquilos mucho tiempo. Ese mismo día nos lanzamos al canopy. Después de la explicación de seguridad, empezó la aventura: más de una hora entre cables, vistas espectaculares y ese nervio rico que da la adrenalina.

Hubo de todo: puentes colgantes, caminatas, rápel… pero el momento que más me movió fue el salto tipo Tarzán de 14 metros. No le voy a mentir, sí sentí ese vacío en el estómago, pero apenas me tiré, lo disfruté al máximo.

Después de tanta acción, necesitaba bajar revoluciones. Y lo hice en el Green Leaf Spa; mientras me daban el masaje, no hacía falta música: el sonido del viento, las hojas y los animales lo hacían todo.

Y cuando cayó la noche, salimos a caminar por el bosque. Ahí fue donde vi cosas que uno normalmente no encuentra: una tarántula de rodillas anaranjadas, un bicho palo perfectamente camuflado y hasta un escorpión. Es un mundo completamente distinto.

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El equipo de Conociendo Mi País estaba encantado con las bellezas de Monteverde. (CMP/CMP)
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Vivimos la experiencia al máximo. (CMP/CMP)
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Este episodio 5 está cargado de aventura. (CMP/CMP)

Durante el viaje anduvimos en el Chery iCar 03, que fue clave para movernos con comodidad por todos estos terrenos.

El cierre fue en Treetopia Park, y fue literalmente cerrar con broche de oro. Caminé por el famoso puente de vidrio, con más de 40 metros de largo y 20 de altura, y sí… impone.

Después me lancé a hacer bicicleta en cable, escalé árboles, hice teleférico y hasta el famoso Superman. Todo con una seguridad que da tranquilidad, pero sin restarle emoción.

Además, usamos la tarjeta Promerica Premia Travel, que nos facilitó muchísimo organizarnos y aprovechar cada experiencia sin complicarnos.

Si algo me dejó este viaje es una lección clara: en Costa Rica el clima no es un obstáculo, es parte de la aventura. Y cuando uno se deja llevar, cada cambio (del frío al sol, del viento a la calma) se convierte en un recuerdo que no se olvida.

Fabiola Montoya Salas

Fabiola Montoya Salas

Periodista de Empleo Costa Rica, bachiller en periodismo de la Universidad San Judas Tadeo.

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