Andrés Juárez Mora es un vecino de Hatillo en San José que quedó completamente flechado por un Toyota Land Cruiser modelo 1976, de esos ideales para ir a batir barro y pasar grandes aventuras, como lo ha hecho hasta el momento.
La historia de este chuzo es bastante particular, porque cuando lo compró a algunos familiares, como su mamá, la idea no les hizo nada de gracia. Lo veían como un carro muy grande, peligroso y potente, en el que les daba miedo que les pasara alguna torta.
Tras pasar un par de chascos, Andrés demostró que tenía todo lo necesario para manejarlo y logró domar al Malcriado, apodo que le pusieron por el reto que supone manejarlo y ahora su familia quiere al vehículo de la misma forma que él, como a un miembro más de la casa.
LEA MÁS: Pepe llegó para cumplir el sueño que siempre tuvo un carnicero de Desamparados
Antes le decían la Linga, porque solo lo andaban jalando, pero Juárez pudo domarlo y darle la autonomía que le hacía falta.
“Yo nunca esperé tener un carro así, soy más de una Montero, que era mi carro de día a día, el que usaba para ir a la montaña y se me metió conseguir una Montero 4x4 para meterla al barro y en eso conocí a un amigo que tiene un Suzuki Samurai, que corría el Desafío 4x4, lo vi y ahí me empezó el amor por los carros así, llantones.
“Empecé a conocer más de ese mundo y me dio la espinita de tener un carro de estos para entrar a ese deporte. Tenía todo listo para armar la Montero y meterla al barro y en eso salió la oportunidad para un Land Crusier en seis millones, setecientos mil colones, lo vi en Facebook, fui a verlo y le dimos, me lo llevé”, recordó.
LEA MÁS: ¿Por qué Johan Quirós se niega a vender su Datsun 1000 de 1969? La respuesta emociona
Andrés nos explicó que su antiguo dueño le había agarrado hasta un poco de miedo al vehículo; tenía mucho poder, se había volcado varias veces, por eso decidió venderlo, por lo que sabía que primero que todo, necesitaría amansarlo.
“Mi mamá me decía que si estaba loco, que yo me iba a matar en ese carro, pero al tiempo ella le agarró cariño y ahora cuando lo lavo, se pone a chanearlo conmigo. Hasta tengo fotos con mi abuela, que le gusta mucho”, contó.
Juárez es ingeniero electromecánico y afirma que este chuzo ha sido su escuela, ha aprendido muchísimo de él, le ha metido mano para hacerle diversas mejoras, lo desarmó casi por completo y lo armó por su cuenta, lo que también le dio mucho orgullo.
LEA MÁS: Chuzo se armó con todo para alzar un campeonato al que ya le anduvo muy cerquita
“Es un carro que llama muchísimo la atención, cuando ando por la calle y la gente escucha ese motor, dice que que chiva, me preguntan de todo, desde el precio, qué le he metido y hasta si lo vendo, es cosa de siempre, pero le verdad no lo vendo, me gustaría dejármelo de por vida, porque además con todo lo que le metido, no podría.
“La gente me pide subirse, me pide fotos, que les dé una vuelta, es una locura, todo mundo que se topa este carro quedan como locos, es muy tuanis, me ha traído mucha felicidad y aprendizaje”, contó.
Por ejemplo, en sus primeros días en él, se volcó de noche en una montaña en El Guarco de Cartago. Darle la vuelta junto a unos amigos fue todo un reto: duraron horas y pasaron toda la madrugada en ello hasta que lo lograron, pero ha sido parte de un gran aprendizaje.
LEA MÁS: Acosteño tardó 40 años para conseguir un Jeep que se roba todas las miradas de quien se lo topa
Los caminos de la vida son tan curiosos que un día que salió solo por la tarde a dar una vuelta para despejar la mente, pues ningún amigo quiso acompañarlo, se encontró con un señor gringo al que se le había volcado el carro y fue él quien le dio una mano, y le apareció como un ángel caído del cielo para ayudarlo.
“Yo escuché como que venía un tractor o un backhoe o una cosa de esas, porque sonaba superduro y cuando vi que era usted, me salvó la vida”, contó orgulloso sobre lo que le dijo el gringo ese día.
LEA MÁS: Vecino de Desamparados fue más lejos que muchos por el carro que tanto lo enamoró





