Laura Segú, esposa del ciclista Andrey Amador, ha sido una de las personas trascendentales para la recuperación del pedalista luego del serio accidente que sufrió hace poco más de dos meses en Parrita, Puntarenas.
La española se puso la diez, como dicen popularmente, tanto con todos los cuidados que necesitó su marido, así como en llevar y explicar a sus hijas, Gretta y Abril de ocho y cinco años, por qué papá no estaba en casa, sino en un hospital.
Sin duda alguna, la experiencia que acaban de vivir ha sido de las más difíciles que han atravesado desde que se casaron en el 2018, por lo que la hizo reflexionar.
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“Ahora estaba pensaba que hace dos meses y poco estaba en una cama de hospital y ahora está aquí, en un evento tan bonito en el que le están entregando una bicicleta y ¿qué más pedir?, se recuperó superbién y ahora a seguir adelante”.
-¿Cómo se siente de verlo de nuevo con una bicicleta, su gran pasión?
Feliz, porque ¿qué le vamos a hacer?, es su vida, su gran pasión, porque al final puede tener un accidente en una bicicleta, en el carro, caminando, corriendo, puede pasar en cualquier parte y lo estoy viendo hacer lo que a él le gusta y ahora, eso sí, con los médicos hay que llevarlo más controlado.
-¿Le pidió que se tomara un tiempo más antes de volver a la bicicleta?
No, no, nosotros nos hemos apegado totalmente a lo que dicen los médicos, no nos hemos adelantado a nada, lo que nos van diciendo ellos, es lo que estamos haciendo. Sabemos que será imposible apartarlo de esto, ni pensamos en eso, al final lo que que quería la familia es que volviera lo antes posible a lo que fuera, la bicicleta, o cualquier deporte, pero que estuviera bien.
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-Esta fue una prueba muy dura no solo para Andrey, sino para la familia y para usted ¿Cómo lo llevaron? Demostraron mucha fortaleza.
Claro, es que en esos momentos es lo que tiene que tener uno, uno no se puede hundir, hay que tirar para adelante y que cada día vaya mejor todo.
-¿Sabía que tenía esas fuerzas internas para manejar algo así?
Fue muy duro, porque es el susto más grande que nos hemos llevado, en su carrera profesional y en general nunca le había pasado algo así y ahora teniendo hijos, aún más uno tiene que sacar fuerzas de donde sea. Uno nunca piensa que vaya a pasar nada malo, pero cuando pasa, tienes que sacar fuerzas de donde sea.
-¿Cómo fue aquel día cuando él volvió a casa después de estar internado en el hospital?
My bonito, lo que esperábamos. Él siempre me decía, “¿yo porque no puedo ir acompañarte a recogerlas al colegio?”. Era lo que él más quería, estar con las niñas, irlas a recoger, estar con ellas. Fue lo que más extrañó, quería por sobre todo estar en la casa con ellas.
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-¿Cómo ha sido la rehabilitación tras el accidente?
Ha tenido que tomárselo muy tranquilo, con mucha terapia, rehabilitación cada día, estar tranquilos, al final ahora se cansa más rápido, pero debemos llevarlo así.
-¿Cómo cambió la vida de Andrey con la paternidad? ¿Qué clase de papá es?
Muy bien, ha sido un cambio muy bonito, pero le sentó muy bien, con su locura, con su hiperactividad, pero nos ha ido muy bien. Es un papá muy chineador, permisivo, les permite de todo (contó entre risas)
-¿En la casa entonces a usted es la que toca ponerle un poquito a veces el freno y más bien vigilar a tres?
Sí, sí, me pasa, entre comillas yo soy “la mala” de la película, muchas veces tengo que ponerles freno, porque es que las dos son terribles, además, lo que les diga ya lo están haciendo, son iguales a él, igual, igual, salieron al papá por completo.
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-¿Hace cuanto se conocen?
Va a ser 16 años en agosto que estamos juntos, nos casamos cuando yo tuve a la mayor, en 2018. Llevamos un año y medio viviendo acá en Costa Rica.
-¿Qué le ha parecido vivir en Costa Rica, lejos de su país?
Muy bien, muy bien en realidad, obvio que yo como española también me hacen falta cosas de mi país, pero nos hemos adaptado superbién.
