Mauricio Villalobos debutó el jueves con el Municipal Liberia de buena manera, pues fue titular, anotó y se vio bien acoplado a la idea que plantea el técnico José Saturnino Cardozo.
Tras ver el rendimiento del volante, aficionados del Saprissa siguen haciéndose la pregunta de por qué el Monstruo lo dejó ir sin darle mucha oportunidad.
La gente destaca en redes sociales que Vladimir Quesada no le dio casi chance al muchacho, mientras que a otras figuras que rendían menos, sí les tuvo más paciencia.
Una relación especial con la afición morada
En una charla con La Teja, Villalobos recordó que con la afición siempre tuvo buena química, aceptación y hasta mantenía una práctica que rara vez realiza un jugador morado.
La feria de Tibás, su ritual de días de partido
Mau nos contó que los seis meses que estuvo en el Monstruo, su rutina de los sábados era levantarse por la mañana e ir a la feria del agricultor en Tibás, la cual se realiza en la calle que da al costado sur de La Cueva, y allí se veía con la gente siempre.
A muchos les llamaba la atención cómo un jugador del Saprissa dejaba “su papel” de lado e iba a comprar como uno más, y por la noche luego volvía para jugar el partido de turno.
“Yo soy del pensamiento, en lo personal, que uno, por ser futbolista, no debería limitarse a algunas cosas; hay unas que, obviamente, uno tiene que limitarse por su profesión, pero uno tiene que tener un balance y no perder de vista que uno también es una persona que puede vivir como cualquier otra, una vida normal, por así decirlo.
“Me acuerdo que había días que jugábamos sábado a las 8 p.m. en la Cueva y yo estaba a las diez de la mañana comprando frutas en la feria junto con la gente y eso era parte de mi rutina en los días de partido”, recordó.
Un espacio terapéutico y de conexión real
Villalobos cuenta que para él, esa vuelta por la feria era algo hasta terapéutico: tener ese contacto con la gente, con la afición, por lo que siempre estaba contento de tomarse una foto o hablar con quien se le acercara.
“Creo que me ayudaba porque me despejaba, me ayudaba a no estar pensando en una sola cosa, concentrado solo en un partido, que te puede llevar a tener un poco de ansiedad o incertidumbre.
“Me ayudaba a mantener mi mente en el presente, en la realidad con la gente. Son cosas que me llevo de la experiencia y me ayudaron a crecer”.
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Mauricio recordó que poder conectar con la afición por ese tipo de experiencias es muy bonito, pues además le da esa cercanía y sensación al aficionado de que es una persona como ellos, lejos del mito que muchos a veces piensan de los jugadores.


