A sus 20 años, Jared Ríos, volante de contención del Municipal Liberia, sabe muy bien lo que es pulsearla y venir desde abajo, no arrugarse ante las condiciones difíciles o, por más incómodas que se pongan las cosas, no desfallecer por un sueño.
El muchacho tiene otra virtud importante a su edad, saber escuchar, reconocer cuando se le habla para ayudarle y poner en práctica los consejos para crecer, y allí destacan dos personas, la señora Sinaí Luna y el técnico José Saturnino Cardozo.
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El apoyo clave de Sinaí Luna en la vida de Jared Ríos
Hablemos primero de ella, una persona que ha sido muy importante para Jared, pues le abrió las puertas de su casa, le alquiló una habitación de su casa y hasta le hace de comer. Como si eso fuera poco, le da consejos de cómo debe actuar un jugador profesional, pues en eso tiene experiencia.
Cuando Ríos conoció a doña Sinaí, no sabía que se trataba de la mamá de Cristian Gamboa, histórico lateral de la Selección de Costa Rica e ídolo del cuadro aurinegro.
En conversación con La Teja, Jared nos contó cómo llegó allí y cómo esta familia le ha ayudado muchísimo en su crecimiento como profesional y persona.
“Soy de San Buenaventura de Colorado, en Abangares, yo tengo tres años en Liberia, empecé cuando estaba en la sub-17 y ha sido un camino larguísimo.
“Al inicio fue duro, porque estaba en el colegio, en quinto y tenía que viajar a Liberia tres veces a la semana, perdía clases y así pasé seis meses, viajando hasta que el club me dio alojamiento en la casa club y estuve año y medio allí.
“Tengo dos primos que trabajan aquí y me invitaban a la casa a hacer cosas, yo conocía a Plácido (Gamboa) y Sinaí, pero no sabía que eran los papás de Christian, y ellos me contaron. Hicimos buena amistad con ellos, hablamos y se dio la oportunidad de vivir aquí”, dijo.
En la casa, doña Sinaí trata a Jared como si fuera otro hijo, le ha ayudado mucho, le cuida la alimentación, las horas de sueño y le da un calor de hogar para que esté a gusto.
“Son grandes personas que me han ayudado mucho, Sinaí me cocina a veces, me ayuda mucho, a veces llego cansado de los entrenamientos y me ayuda con comida lista, casados, desayunos. Ella sabe lo que un deportista debe comer, entonces por ese lado me ha ayudado muchísimo, es toda una salvada”, comentó.
En Semana Santa, cuando el exjugador del Bochum de Alemania llegó al país, conoció a Jared, estuvieron hablando en la casa de su mamá e intercambiando consejos.
Vivir cerca del estadio es algo que le facilita mucho la vida, porque cuando le tocaba viajar desde Abangares se la jugaba de diversas maneras.
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Una historia de sacrificio desde Abangares
Jared viene de una familia humilde, su papá trabaja como guarda de seguridad, su mamá es ama de casa, nunca tuvieron lujos, pero tampoco les faltó comida y su padre, don Alexander, siempre buscaba ver cómo podía enviarlo a los entrenamientos.
“Mi papá trabajaba en una empresa donde había camiones, entonces cuando salía de trabajar le preguntaba a los camioneros que si había camiones para Liberia, así nos íbamos, nos ayudaban a viajar, así estuve seis meses.
“Hubo personas que me ayudaron mucho, además, en el colegio hasta los profesores que iban para Liberia a veces me hacían ride, fue muy duro, pero a la vez muy bonito, la vida tiene cosas difíciles, pero eso es lo que te forja el carácter para seguir adelante”, dijo.
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José Saturnino Cardozo: exigencia, disciplina y evolución física
A su edad, Ríos tiene muy claro que cuando las cosas cuestan, es cuando más se valoran y se trabaja muy duro por no soltarlas, cosas que aprendió mientras vivía barrio Mckensie en Abangares, el lugar en el que se formó jugó en polvorientas canchas.
Luego vino la otra parte, la del profe Cardozo, con quien al inicio no tuvo mucha actividad, porque el DT no lo veía muy apto físicamente, pero en lugar de hacerse por menos, hizo caso a lo que le pidió su técnico y ya lleva cinco partidos de titular este torneo.
“Yo he aprendido mucho gracias al profe, él tenía razón, no estaba físicamente bien, por eso es que no me daba la oportunidad, fue muy duro al principio porque yo quería jugar, pero así no podía competir, lo tuve claro y empecé a trabajar en eso.
“Me metí a darle duro al gimnasio, fui aprendiendo cómo debía estar físicamente, lo escuché y me enseñó mucho para aprovechar la oportunidad, a la hora de los duelos no tenía tanta masa muscular, entonces me ganaban y tuve que trabajar en eso”, destacó.
Más que talento: la fórmula para destacar en el fútbol moderno
De esta manera, los consejos y la convivencia con doña Sinaí y el profe Cardozo le enseñaron que hoy el fútbol exige algo más que tener talento, que solo ser bueno, sino que todo es un complemento que se le exige a un profesional para realmente destacar.




