Lo que comenzó como la visita de un oficial para ver que todo estuviera bien terminó convirtiéndose en una historia viral, de esfuerzo y perseverancia.
Allan Maroto, un joven de 16 años y vecino de Zapote, fue captado mientras vendía cajitas con tártaras en un semáforo, una actividad con la que financia su deseo de convertirse en futbolista profesional.
El martes anterior, el oficial se acercó al joven, quien cursa décimo año en el Liceo Rodrigo Facio, en Zapote. Un video que circula en redes sociales muestra el momento en el que el policía se dirige al muchacho y le entrega unas galletas y un refresco y de inmediato entablan una conversación.
Allan le cuenta al oficial que vive junto con su madre, doña María Díaz, y que cuando tiene un espacio libre, llega a vender las tártaras en los alrededores de la rotonda de las Garantías Sociales, para suplir todos los gastos que tienen que ver con su formación como deportista.
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Desde hace tres años, Maroto es jugador de la academia de Fútbol Consultants, en Guadalupe. Allá recibe una beca para practicar el deporte que más ama, pero trabaja para comprarse tacos, costear los gastos del día a día y, de vez en cuando, salir con sus amigos.
Doña María, la orgullosa madre del muchacho, conversó con La Teja y reveló que, con la llegada de la pandemia, en el 2020, Allan buscó la manera de ayudarle y hoy ven los frutos de su esfuerzo. Ella también vende cajitas con tártaras a ¢2.000 y además vende plátanos tostados y de vez en cuando colabora con una empresa que brinda servicio de catering.
Allan entrena tres veces por semana y juega con la academia los fines de semana. Su tiempo lo reparte entre el colegio, las ventas y el fútbol, porque su mayor deseo es convertirse en un futbolista profesional.
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En busca de su sueño
Allan tiene 16 años. El joven conversó con este medio y contó qué fue lo que pasó a la hora de que grabaron el video, el martes anterior:
“Iba llegando a vender; esta semana estoy en exámenes y salgo más temprano, por lo que decidí irme antes a vender.
“Estaba esperando a que mi mamá me llevara una ropa para cambiarme y estaba sentado cuando llegó el oficial. Ni siquiera sabía que me estaba grabando, y hoy (miércoles), cuando salí del colegio, vi el video”, reveló el muchacho, quien no cree lo que ha pasado.
Maroto contó que el ver a su mamá jugando futsala en Tres Ríos y fútbol once en Montes de Oca lo hizo enamorarse del balompié y desde entonces no ha flaqueado, en busca de su sueño.
“Quiero jugar en un equipo grande, salir del país y quiero ser fisioterapeuta. Cuando recibo lo que me pagan por las ventas, me siento feliz. Ha valido la pena todo el esfuerzo y esto me permite ahorrar y comprar cosas que necesito y ayudar a mi madre. Somos nosotros dos.
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“Esto me hace ver lo que cuesta la plata y no malgastarla ni hacer tonteras. Cuando tengo tiempo libre, me gusta ver partidos. En el colegio estoy llevando inglés conversacional, porque sé que tener un segundo idioma me ayudará cuando logre mi deseo”, afirmó.
Más que orgullosa
Allan y su mamita venden a un costado de la rotonda de las Garantías Sociales. Doña María contó que cuando Allan tenía 5 añitos, le manifestó su deseo de jugar fútbol y, desde entonces, no ha habido momento en que un ángel lo ayude a trabajar en su sueño.
“Estuvo en una academia que tenía William Sunsing, luego lo llevé a otra en San Sebastián y desde hace tres años está en Consultants. Primero estuvo en Desamparados, pero ahora entrena con la academia de Guadalupe.
“Iba saliendo de la escuela cuando llegó la pandemia y empezó a vender, porque así se costeaba su transporte y lo que necesita para los partidos, si hay que pagar al árbitro, hidratación, si necesita comerse algo”, contó.
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Allan juega como delantero y su madre contó que su buen desempeño dentro y fuera de la cancha le ha permitido ser constante y poco a poco va cosechando los frutos de su trabajo.
“Este año le ha costado un poco más el tema de las ventas, porque tiene un horario más extenso en el colegio; sin embargo, él no pone como excusas el ir a trabajar o entrenar para seguir estudiando.
“Es un estudiante muy aplicado, nunca ha reprobado una materia y apenas tiene un chance, llega a la rotonda a vender y a eso de las 4:30 p.m. o 5 de la tarde ya se va a entrenar y termina a las 8 p.m.”, afirmó.
Este miércoles es un día de sentimientos encontrados para el joven: sus compañeros de equipo iban para República Dominicana, a una gira, y Allan no pudo asistir; por un tema personal no tuvo a tiempo su pasaporte.
“Él estaba muy ilusionado con la posibilidad de hacer ese viaje. Si yo hubiera tenido el dinero, por supuesto que lo pago, pero no pudimos conseguir la plata a tiempo y ahora él se está esforzando para recoger dinero y confía en que en seis meses pueda viajar con sus compañeros”, destacó.
Doña María no tiene palabras para describir el orgullo que siente por su hijo.
“Él es un muchacho diferente a los demás, porque mientras que a otros jóvenes no les gusta trabajar, él no pone excusas para ir a la calle y buscar la plata. Estaba muy conmovido por el video y yo le recalqué que quizás esta es la oportunidad que necesita para seguir adelante.
“Allan no falta a un solo entrenamiento, ha sido sobresaliente en las academias en las que ha estado y sé que Dios le tiene preparadas cosas grandes para él. Me partió el corazón que no pudiera hacer el viaje, pero sé que en otro momento podrá hacerlo.
“Hoy por hoy, se comporta como todo un hombre, se preocupa porque no falte nada en la casa, tiene una madurez de admirar y sé que todo sacrificio tendrá su recompensa”, añadió.



