Mientras daba sus primeros pasos en el fútbol de primera división, José Francisco Alfaro libraba otro partido igual de exigente fuera de las canchas: el de obtener una carrera universitaria.
El exjugador de Saprissa, Carmelita, Santos y Cartaginés recordó que mientras entrenaba se preparaba para hacer exámenes y tareas y más de una vez pensó en abandonar el barco, porque en cada jornada iba al límite, pero no tenía otra opción que seguir, ante la condición que le impusieron sus abuelitos, doña Vitalia y don Lafit: el estudio era prioridad y si le daba chance, podía jugar.
Para el Cocha, de 52 años, conseguir su título no fue fácil y en el camino vivió muchas limitaciones, pero hoy recoge el fruto de todo el empeño que puso cuando estudiaba.
El exfutbolista conversó con La Teja y dijo no comprender las decisiones que toman algunos futbolistas, porque en su caso, muchas veces pasó hasta hambre, con tal de terminar su carrera.
LEA MÁS: ¿Recuerda a Pablo Chinchilla? Su vida cambió por completo en Austria, pero le va muy bien
El comienzo
Alfaro contó que recién salido del colegio, le surgió la oportunidad de llegar a Carmelita.
“Salí del colegio recién cumplidos los 17 o 18 años. En ese entonces me llaman a jugar con Carmelita, que acababa de subir a primera división, pero me llaman a jugar con la reserva, lo que en aquel momento llamaban las promesas, que es la sub-21 ahora.
“Jugué unos partidos y Carlos Watson me subió al primer equipo y en ese entonces solo jugaba y le dije a mis abuelos que no podía estudiar porque tenía que jugar y ahí es cuando me dicen que debía estudiar y si me quedaba chance podía jugar.
“Así que tuve que arreglármelas: iba a entrenar en la mañana y de ahí me iba a la universidad. Quería estudiar Educación Física, pero un tío me aconsejó cambiar de carrera. Yo quería algo relacionado con el deporte, pero él insistió y me decidí por Economía y Finanzas, sin saber a qué iba realmente”, contó.
LEA MÁS: José Sánchez, el exvolante de Herediano que hoy trabaja en hoteles y aún gana dinero jugando fútbol
El exvolante afirmó que cursar esta carrera no fue fácil, pero se considera una persona disciplinada y eso le ayudó a poner empeño y además, que en su casa, sus abuelitos le inculcaron valores y principios que no eran negociables.
“Después de El Carmen, donde estuve dos años, me trasladé a jugar a San Ramón, el técnico era Toribio Rojas y ya había ingresado a la Universidad Nacional y todos los días debía trasladarme hasta Heredia para sacar el bachillerato universitario.
“Entrenaba por la mañana, me iba al camerino y ahí estudiaba y hacía las tareas. Ahí reposaba, me dormía un ratito en la camilla de masajes y después iba a clases. No tenía carro, entonces tenía que irme en bus o algún compañero me hacía ride y más de una vez me quedaba dormido en el camino”, afirmó.
LEA MÁS: Carrera de exmundialista de Italia 90 terminó en solo seis años por una decisión que marcó su vida
A un precio muy alto
El Cocha llevaba los bloques de materias completos porque quería terminar rápido la carrera. El bachillerato lo cursó en la UNA y luego se fue a la Universidad Hispanoamericana a hacer la licenciatura en Contaduría Pública y finanzas, e iba costeando sus estudios con lo que le pagaban en los equipos, pero no era un salario alto y apenas alcanzaba para el transporte y el pago de las materias.
“A veces ni almorzaba. Me acuerdo cuando llegué a la UNA y recién abrieron un restaurante cerca de la universidad. Yo soy de Tacares de Grecia y no tenía plata y siempre estaba solo, porque no podía salir a comprar comida.
“Un día, mis compañeros me dijeron que fuéramos a comer, yo los acompañaba para no quedarme solo y me preguntaban si iba a comprar comida, pero yo les decía que no tenía hambre, aunque por dentro me estaba muriendo”, recordó.
Además de pasar hambre, el exjugador también batalló contra frío porque no tenía abrigo y debía agarrar bus a altas horas de la noche.
“Yo a veces le reclamaba a Dios y me preguntaba por qué me había hecho tan pobre, pero tiempo después, un día, volví la mirada al cielo y comprendí que Él me terminó dando todo aquello por lo que alguna vez sufrí.
“Hoy, al verme con mi profesión, mi casa, mi esposa (Karol Uzaga), mis hijas (Francella y Mariángel), valoro el doble cada sacrificio. Mis abuelitos querían darnos todo, pero simplemente no podían. Nos tocó salir adelante pellejeándola, y por eso el éxito se aprecia tanto”, expresó.
LEA MÁS: Esteban Ramírez es el ejemplo de cómo un futbolista debe construir su futuro fuera de la cancha
Sacrificios
Al igual que muchos futbolistas, Alfaro sacrificó lo que hacen muchas personas mientras él estudiaba.
“Recuerdo que cuando regresaba de la universidad en los buses, a eso de las doce o doce y media de la noche, me bajaba y veía a mis amigos de infancia vacilando en las cantinas o jugando naipes.
“Mientras estudiaba me lesioné, se me desprendió la cabeza del fémur. Me operaron y tuve que asistir a lecciones en silla de ruedas y, posteriormente, en muletas. Así, en esas condiciones terminé la universidad y fueron días muy complejos, yo no era el más inteligente, pero sí el más perseverante. Esa constancia me sacó adelante tanto en los estudios como en el deporte”, expresó.
LEA MÁS: Danny Carvajal no solo ataja goles, sigue atrapando títulos académicos
Hoy tiene su propio negocio, labora como auditor y le agradece al fútbol, porque gracias al deporte se le han abierto muchas puertas a nivel profesional.
“Cuando me estaba recuperando de la operación, recogí mi título y empecé a trabajar en una empresa. Lo primero que hice con mi primer salario fue dárselo a mi abuela. A pesar de que los médicos me aseguraron que por la gravedad de la cirugía no volvería a jugar, me juré que lo haría. Adecué mi estilo de juego, cambié mi forma de moverme en la cancha y regresé.
“Por eso, ahora, ningún futbolista en este momento me puede decir que no se puede. En nuestra época, el tiempo era más limitado y las condiciones más difíciles. Hoy tienen todas las facilidades; el estudio no solo los hará mejores personas, sino también mejores futbolistas.
“Actualmente trabajo de forma independiente como auditor y analista financiero, enfocado en la parte fiscal. A veces me dan las dos o tres de la mañana trabajando, pero gracias a Dios me puedo dar muchos gustos y puedo darle a mi familia la vida que merece”, comentó.





