La vida de la limonense Kessell Robinson Linares dio un giro inesperado este 2026.
A ella la recordamos porque en el 2007 su mamá, Hazel Linares, compitió en Bailando por un sueño, de Teletica, en la búsqueda de un tratamiento especial de ortodoncia para su hija, a quien el hueso maxilar le crecía sin control.
Para entonces Kessell era una niñita de 8 años. Su madre junto con Mauricio Hoffmann lo dieron todo en la pista y finalmente lograron el objetivo: el primer lugar.
Hazel recibió como premio 13 millones de colones, la mitad de lo que costaron las múltiples cirugías maxilofaciales a las que se sometió Kessell para atender el problema bucodental del que hoy no hay rastro evidente.
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Diecinueve años después de aquella historia que tocó los corazones de muchos, Kessell enfrenta un nuevo desafío con su salud.
El diagnóstico que cambió su vida
A sus 27 años, cuando pensaba que llegaba una etapa para disfrutar los frutos de tanto estudio y trabajo, la joven recibió un devastador diagnóstico: tiene cáncer de mama.
En entrevista con La Teja, la caribeña contó que todo comenzó en noviembre del 2025, cuando notó una pequeña bolita en uno de sus senos.
Al inicio no le dio mucha importancia, pero con el paso del tiempo empezó a sentir molestias mientras hacía ejercicio y bailaba, dos de sus grandes pasiones.
Robinson decidió irse a revisar y someterse a los estudios médicos que, en marzo pasado, arrojaron el tumor maligno que la hizo replantear su vida.
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“Es la noticia que no queríamos escuchar”
La noticia sacudió a Kessell y a toda su familia. Ella decidió reunirlos para contarles personalmente lo que estaba ocurriendo, pero reconoce que en ese momento el miedo se apoderó de ella.
“Llamé a todos mis familiares como para reunirlos y decirles que sí, que era la noticia que no queríamos escuchar. Y lloraba porque uno es ignorante en el tema, entonces piensa lo peor, como: ‘Me voy a morir’”, confesó.
Antes de recibir el diagnóstico, Kessell estaba lista para cerrar una etapa académica importante. Ya había terminado su licenciatura en Enseñanza del Inglés y se preparaba para graduarse de Derecho. Su idea era viajar, descansar de los estudios y disfrutar más de la vida. Todos los planes cambiaron.
“Ya no era pensar en planear viajes, sino en pensar en el día a día, en que tengo que llevar este tratamiento de una forma responsable y mantener ese compromiso conmigo”, dijo.
Actualmente, mientras lucha contra la enfermedad, se prepara para el examen de incorporación al Colegio de Abogados y lleva estudios de notariado. También trabaja desde hace seis años en Amazon, aunque por ahora está incapacitada mientras cumple con el tratamiento.
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Sale de Limón a las 2 de la madrugada
Uno de los sacrificios más grandes que hace Kessell desde que recibió el diagnóstico médico es viajar desde Limón hasta San José para recibir quimioterapia en el Hospital Calderón Guardia.
Todos los jueves sale de su casa a las 2 de la madrugada para llegar a tiempo a la cita médica. Su tratamiento se inicia alrededor de las 8 de la mañana y, normalmente, termina entre las 2 y las 3 de la tarde.
Inicialmente, debe recibir 12 sesiones de quimioterapia; ya ha completado siete. La más reciente fue el pasado jueves 25 de junio.
Aunque todavía espera nuevos estudios, como un TAC, para conocer con precisión la evolución de la enfermedad, Kessell ha percibido señales positivas.
“Al tacto sentía el cáncer, el tumor, y lo sentía bastante grande. Y ya básicamente no se siente”, dijo.
El difícil momento de cortarse el cabello
A inicios de junio, Kessell hizo pública su situación en redes sociales al compartir un video que tocó el corazón de muchas personas.
En las imágenes, la joven aparecía mientras su pareja y su mamá le cortaban el cabello, luego de que la quimioterapia comenzara a provocar la caída de su pelo.
La joven decidió no esconder su proceso, pues siempre se ha mostrado transparente con sus seguidores.
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“Yo dije: ‘No puedo esconder este diagnóstico’. Y también pensé en que si le daba esa visibilidad, otras personas se podrían enfocar en revisarse y pensar en su salud”, manifestó.
Explicó que ya sufría al ver su cabello caer por toda la casa y decidió tomar el control de ese momento. Su mamá le ayudó a quitarse las trenzas y su pareja fue quien la rapó.
“Ya mi cabello se estaba cayendo, lo tenía básicamente en las manos. Yo dije: ‘Estoy sufriendo mucho al verlo en el suelo, por toda la casa, entonces ya es el momento de tomar una decisión’”, recordó.
La publicación generó una gran cantidad de mensajes de cariño, abrazos, oraciones y palabras de aliento que la han hecho sentirse acompañada.
Su familia no la deja sola
La exbailarina de El Chinamo –participó en una edición del programa de fin de año de Teletica– destacó el apoyo incondicional que ha recibido de su pareja, su mamá, familiares y amistades. De hecho, contó que muchas personas quieren acompañarla a las citas médicas, por lo que deben organizarse para turnarse.
“Tenemos que hacer como un calendario para ver quién va a cuál cita porque todos quieren ir”, comentó agradecida.
Su pareja ha estado presente en cada momento importante del proceso y también la acompaña en su deseo de mantenerse activa y conectada con lo que ama.
Ella sigue bailando y con sus actividades cotidianas hasta donde su cuerpo se lo permite.
Un mensaje de prevención y esperanza
Robinson aseguró que este proceso le enseñó a vivir con menos presión y a valorar el presente. Antes sentía que debía tener cada etapa de su vida perfectamente organizada, pero ahora se permite ir paso a paso.
“Ahora es como un día a la vez”, afirmó.
También quiere aprovechar su historia para motivar a otras personas a revisarse y no ignorar las señales del cuerpo. Ella espera colaborar con la fundación Renacer, que apoya a mujeres con cáncer de mama.
Pese a los días difíciles, Kassell se aferra a la esperanza, a la fe y a la fuerza de quienes la rodean. Su mensaje es claro: escuchar al cuerpo, buscar ayuda médica y no perder la ilusión de seguir adelante.





