Hace nueve años, doña Gabriela Cerdas salió de su casa con una misión muy clara: escoger un cachorro para cumplirle el sueño a su hija menor, Mariana, quien apenas iba al kínder y llevaba tiempo pidiendo un perrito.
Entre varios cachorros ya había elegido al que se llevarían a casa, lo tenían apartado y listo, pero entonces otro peludito decidió escribir su propia historia.
“Bobby se me arrimó, empezó a darme cariño y ya no pude escoger al otro. Fue un asunto de química inmediata”, recuerda doña Gabriela.
Aquel pequeño peludito de raza “zaguatico pura sangre” de apenas tres meses terminó llegando a la casa donde viven doña Gabriela, su esposo, Adrián Gómez; los gemelos José Luis y Carlos Daniel, hoy de 22 años, y Mariana, de 13, quien prácticamente ha crecido junto al peludito.
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Compañero inseparable
Cuando Bobby llegó, la familia ya tenía otro perro: Puppy, un french poodle miniatura que ya estaba entradito en años.
Los primeros días no fueron sencillos porque Puppy no aceptaba al recién llegado, pero el tiempo hizo lo suyo.
“Como que Bobby sabía que Puppy ya estaba muy mayor. Poco a poco se hicieron inseparables”, cuenta la mamá humana.
Cuando Puppy murió hace cuatro años, la tristeza golpeó a toda la familia, pero hubo alguien que sufrió profundamente esa pérdida.
“Todos estábamos muy tristes, pero Bobby pasó bastante tiempo decaído. Lo extrañaba muchísimo”. Desde entonces decidieron no llevar otro perro a la casa.
Siempre está presente
Quienes conocen a Bobby aseguran que tiene una sensibilidad especial. Cuando alguno de los integrantes de la familia se enferma o se siente mal por alguna razón, él cambia por completo su comportamiento.
“Él sabe cuando uno está enfermo. Se mantiene cerca de uno, acompaña mucho más. Es como si entendiera perfectamente lo que está pasando. Cuando me enfermo no se despega de mí. Me cuida en todo momento”, explica doña Gabriela.
Por eso no sorprende que también sea el compañero favorito de su mamá humana durante las horas de estudio. Ella acostumbra leer en voz alta mientras estudia y Bobby siempre permanece a su lado, atento, como si siguiera cada palabra.
“Yo digo que pasa estudiando conmigo porque pone bastante atención”, comenta entre risas.
La playa es su lugar feliz
Aunque disfruta correr en parques como La Sabana, existe un lugar en el cual libera toda su felicidad: el mar.
“Cuando llegamos a una playa se vuelve loco. Ni siquiera se ha bajado bien del carro cuando ya quiere revolcarse en la arena. Después sale corriendo directo al mar. No le tiene miedo; al contrario, es muy atrevido”.
AMOR PERRUNO
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Así como le fascina el mar, no atrasa el campo. No es tanto de ir al bosque, prefiere la playa, arena y sol.
Cuando no anda en el mar es feliz en su casa porque tiene varios muñecos de juguete que cuida como verdaderos tesoros. Las personas pueden tocarlos sin problema, pero si otro perro intenta acercarse, Bobby deja claro que no piensa compartir.
Un gran chineado
Bobby es un perro sano, juguetón, obediente y muy comelón, aunque su familia debe cuidar mucho su alimentación porque tiene un estómago delicado.
“Entiende todo. Solo le falta hablar”, asegura la mamita. Le encanta que lo bañen, siempre que el agua esté calientica y haya un buen sol, pero existe un momento que nadie disfruta en la casa: cortarle las uñas.
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“No le gusta para nada. Hay que agarrarlo entre varios porque se enoja muchísimo”, cuenta entre risas.
También hay una época del año que todos en casa enfrentan con preocupación: las bombetas de diciembre lo aterrorizan.
Cada 24 y 31 de diciembre la familia lo acompaña y protege, le ponen música y lo meten a un cuarto para darle tranquilidad, pero el escándalo de la pólvora sigue siendo su mayor miedo.
Con los años, Bobby se ha vuelto un poco más dormilón, aunque sigue siendo el primero en emocionarse cuando escucha que van de paseo y, de vez en cuando, hasta luce orgulloso la camiseta de la Liga que le ponen.
Después de nueve años compartiendo la vida con ellos, Bobby ya no es simplemente una mascota.
Ha acompañado a la familia en las buenas y en las malas, consoló a todos tras la muerte de Puppy, ha visto crecer a Mariana desde que era una niña y sigue demostrando cada día que aquel encuentro, guiado por la “química”, cambió la historia de todos.
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“Bobby ha sido, es y será nuestro fiel amigo”, afirma doña Gabriela, con la seguridad de quien sabe que el amor más sincero muchas veces tiene cuatro patas y es peludito.





