Al perro Coco le quitaron los oídos para salvarle la vida, pero lejos de quitarle las ganas de vivir, la operación le devolvió la felicidad.
Este cocker spaniel, de unos siete años corre, juega, recibe besos y disfruta de los chineos que durante mucho tiempo no conoció.
Detrás de su recuperación está Andrea Prado Montero, vecina de Cipreses de Oreamuno, en Cartago, quien ha dedicado gran parte de su vida a rescatar perros abandonados, maltratados o enfermos.
La historia de Coco es dura. Andrea recibió una llamada donde le dijeron que lo estaban dando en adopción porque ya no lo querían.
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Las fotografías mostraban un perro hermoso, incluso con chip de identificación, pero la realidad era otra.
“Cuando lo recogí era superagresivo y entendí por qué. Había pasado cinco años amarrado en una caballeriza, al lado de una yegua. La humedad le provocó hongos y bacterias por todo el cuerpo.
“Olía muy mal, estaba desesperado y sufría muchísimo. Fueron años de dolor para él y más de dos años de lucha para nosotros tratando de salvarlo”, recordó.
Los tratamientos parecían interminables. Pasó por consultas dermatológicas, medicamentos orales, tratamientos intravenosos y todo tipo de procedimientos.
Sin embargo, nada lograba detener las infecciones que invadían especialmente sus oídos.
“El veterinario nos explicó que las bacterias estaban tan avanzadas que en cualquier momento podían pasar a la sangre y afectar otros órganos.
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“Nunca pensamos en rendirnos. Coco tenía ganas de vivir y nosotros también teníamos la obligación de luchar por él. Hicimos rifas para conseguir dinero y finalmente hubo que quitarle completamente los oídos para salvarlo en una operación y medicinas que superaron el medio millón de colones”, contó Andrea.
La operación se realizó hace cuatro meses y cambió todo. “Antes lloraba mucho porque le picaba todo el cuerpo. Se rascaba y se lastimaba. Ahora corre, brinca, juega y volvió a ser feliz.
“Yo digo que escucha porque siempre está pendiente de todo, aunque el veterinario me explica que es porque percibe las vibraciones. Lo importante es que volvió a vivir”, agregó emocionada.
Aprendió lo que es el amor
Las heridas de Coco no eran solamente físicas. Andrea recuerda que durante los primeros tres meses el perro no permitía siquiera que lo tocaran. Vivía desconfiado de cualquier persona.
“Conmigo y con mi hija fue aprendiendo poco a poco. Ahora es un amor. Lo alzamos, lo abrazamos y lo llenamos de besos. Creo que nunca había sabido lo que era recibir amor verdadero.
“Hoy comparte perfectamente con todos los demás perros y es uno de los más chineados de la casa”, aseguró. Una casa llena de segundas oportunidades.
La historia de Coco es apenas una entre decenas. Andrea comenzó rescatando perros cuando vivía en San Francisco de Dos Ríos.
El amor por ellos era tan grande que decidió mudarse al campo para ofrecerles mejores condiciones. Hoy cuida directamente a 28 perros rescatados, además de siete gatos.
Resortes es uno de ellos. Lo encontraron abandonado cerca del volcán Irazú. Llegó tan delgado que parecía un esqueleto. Con alimentación, atención veterinaria y cariño recuperó su salud.
Sol estuvo a punto de morir atropellada. Andrea la persiguió durante media hora para ponerla a salvo. Cuando aparecieron los dueños, simplemente dijeron que no les interesaba la perrita y se la dejaron.
Blanquita también escapó por poco de una tragedia. Iba siguiendo a una señora por la carretera, pero la mujer la rechazaba a patadas para que se fuera. Andrea intervino antes de que un vehículo la atropellara.
Rex llegó después de sufrir maltrato constante y por varios meses. Paco apareció caminando peligrosamente cerca de un tráiler. Aunque es un perro enorme, Andrea no dudó en detenerse y rescatarlo.
Maya, una pastora alemana de pelo largo, vivía amarrada en una cochera, sin comida suficiente y en condiciones tan duras que terminaba comiendo sus propias heces para sobrevivir.
Bonny también necesitó una batalla médica. Llegó con graves problemas de salud en la cara y defensas muy bajas. Después de seis meses de tratamientos veterinarios logró salir adelante.
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El corazón alcanza, el dinero no
Mantener a 28 perros y siete gatos rescatados representa un enorme reto económico.
“Esto es algo que hago de puro corazón. Es mi sueño. Son mis 28 hijos y los quiero a todos por igual. Pero la realidad es que ya no estoy recibiendo más animales porque económicamente es muy complicado.
“La comida, los medicamentos, las consultas veterinarias, las pastillas contra pulgas, todo cuesta muchísimo”, explicó.
Andrea asegura que cualquier ayuda marca una diferencia enorme para seguir alimentando y cuidando a sus peluditos.
Quienes deseen colaborar pueden hacerlo mediante SINPE Móvil al 8399-6000, a nombre de Melissa Quesada Prado.
Mientras tanto, Coco sigue corriendo por la finca de Cartago como un verdadero sobreviviente.
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El perro que estuvo a un paso de la muerte, que perdió sus orejas para salvar la vida y que pasó años sin conocer el cariño, hoy demuestra todos los días que el amor también puede curar heridas que parecían imposibles.






