Cuando Mirka Landa Morera llegó al Mercado Central y vio aquella pequeña bola de pelo blanco con café, de ojos rojos y apenas unas semanas de nacida, sintió que había encontrado al compañero que tanto necesitaba.
Lo bautizó Octavius, aunque en casa todos lo conocen como Gus Gus, igual que el simpático ratoncito de La Cenicienta.
Sin imaginarlo, ese diminuto hámster sirio terminaría cambiándole la vida.
Llegó en un momento complicado, cuando ella atravesaba problemas de salud y necesitaba una compañía que le ayudara a mantener la mente ocupada.
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Pero Gus Gus también transformó la manera en que Mirka entiende el cuidado de una mascota. Hay un detalle que hace única esta historia: Gus Gus ha crecido con la ayuda de la inteligencia artificial.
No porque una computadora lo alimente o juegue con él, sino porque su mamá humana, Mirka, decidió convertir esa herramienta en su principal fuente de aprendizaje para ofrecerle la mejor vida posible.
La decisión nació de una experiencia dolorosa. Hace un par de años tuvo otro hámster y, por desconocimiento, creyó que había muerto cuando en realidad estaba hibernando. Aquella experiencia la marcó profundamente.
“Me prometí que la próxima vez iba a investigar absolutamente todo. No quería volver a cometer un error por ignorancia”, recordó.
Desde que Gus Gus llegó a su vida, cada alimento nuevo, cada cambio en su casita y cada duda sobre su comportamiento pasan primero por una consulta con la inteligencia artificial, en ChatGPT.
“Le pregunto qué verduras puede comer, cuáles frutas son seguras, cómo debo preparar algunos alimentos, qué hacer si noto algo extraño o cómo mejorar su espacio. Se volvió una herramienta increíble para aprender”, contó.
Hámster con mucha personalidad
Aunque muchas personas creen que un hámster solo necesita una jaula pequeña, Gus Gus le enseñó a Mirka todo lo contrario.
Es un hámster sirio, una especie más grande, curiosa e inquieta que necesita explorar, escarbar y construir sus propios refugios.
Por eso ya tiene un pequeño parque de diversiones hecho con cajas de zapatos, tubos de cartón y escondites donde pasa buena parte de las noches, que es cuando más activo está.
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“Si una noche no lo saco a jugar, él mismo me reclama. Se agarra de los rejitas y hace fuerza hasta que entiendo que llegó la hora de salir. Es increíble lo inteligente que es”, comentó entre risas.
También descubrió que cada hámster tiene gustos muy particulares.
A Gus Gus le fascinan el chile dulce, el pepino y algunos vegetales frescos, mientras que las tradicionales bolitas para que caminen por la casa le generan mucho estrés, por lo que prefiere dejarlo recorrer libremente bajo supervisión.
Ahora, incluso, planea construirle un enorme terrario donde pueda hacer túneles, esconder comida y vivir de una forma más parecida a su comportamiento natural.
Mucho más que una mascota
Mirka nos cuenta que Octavius llegó en un momento complicado de su vida, cuando atravesaba problemas de salud y necesitaba distraer la mente.
Sin proponérselo, el pequeño roedor terminó convirtiéndose en una compañía invaluable.
“Uno cree que una mascota es solo para sentirse acompañado, pero en realidad se trata de darle calidad de vida.
“Él también depende de mí y eso hace que uno piense en alguien más, que tenga una responsabilidad y un motivo para levantarse todos los días”, aseguró.
Hace pocas semanas vivió uno de los momentos más especiales junto a su diminuto compañero.
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Mientras atravesaba un episodio de ansiedad, decidió sacarlo un rato de la jaula para distraerse.
Contra toda costumbre, Gus Gus dejó de correr, se acomodó junto a su cuello y permaneció ahí haciendo un suave sonido que la relajó.
“Nunca lo había hecho. Se quedó acurrucado conmigo y fue un momento muy bonito. Sentí que, aunque sea tan pequeño, también encontraba la forma de acompañarme”, recordó.
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Hoy Gus Gus sigue haciendo mudanzas dentro de su jaula, escondiendo semillas en distintos rincones y esperando con paciencia que llegue la noche para salir a explorar.
“La inteligencia artificial es una herramienta. Si uno sabe usarla, le puede sacar el mejor provecho.
“A mí me ayudó a aprender a cuidar mejor a Gus Gus y eso hace toda la diferencia”, dice la mamá humana a quien si bien la inteligencia artificial le enseñó a cuidar mejor a Gus Gus; el resto lo puso su corazón.
Eso sí, recuerde que hay casos en los que es mejor ir al veterinario.






