“Una sonrisa pa’ alegrar el día, una sonrisa pa’ romper la rutina. Es el lenguaje que todos entienden y pocos hablan”, dice una canción de la agrupación costarricense Cocofunka que Paul Zamora Salgado, más conocido como el Doctor Sonrisas, tiene muy presente.
Y para este psicólogo, risoterapeuta y escritor, pocas frases describen tan bien lo que significa sonreír.
El Doctor Sonrisas lleva 16 años desarrollando talleres y charlas de risoterapia y asegura que los costarricenses necesitan recuperar esos espacios para reír, especialmente en una época marcada por el estrés.
Está convencido de que diez segundos riéndose pueden cambiar el día.
Por eso, para este 2 de octubre, Día Mundial de la Sonrisa, el risoterapeuta tiene una propuesta tan sencilla como poderosa: salir a la calle y regalar 10 segundos de risa.
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Y él mismo lo hará durante el día. “Yo les voy a decir: hoy es el Día Mundial de la Sonrisa. Vamos a reír por 10 segundos, porque eso trae beneficios a su salud”.
¿Y si alguien pregunta cómo empezar? El sicólogo tiene la respuesta: recordar un momento en el que sonrió. Porque, al final, la risa también se contagia.
Y si alguien definitivamente no quiere reír, tampoco pasa nada. Llevará hasta un “aplaudidor de la risa” y el dibujo de una carita feliz para que las personas puedan ponerse el gesto de sonreír.
Su invitación es sencilla: buscar a alguien, conocido o desconocido, y compartir esos 10 segundos. “Diez segundos que usted sonría con un desconocido y eso le va a traer muchos beneficios a toda su vida”, asegura Paul, quien resume su filosofía en una frase que lleva años promoviendo: “La risa es salud”.
Unos 400 músculos se mueven
“Los ticos a veces no sabemos por qué sonreímos, pero es nuestra manera de enfrentar la vida, la rutina, las presas. Es un recurso gratis y beneficioso para nuestra salud.
“Cuando sonreímos se mueven alrededor de 400 músculos, ayuda a bajar los niveles de estrés y se activan neurotransmisores como la endorfina, dopamina y serotonina”, explica.
Pero hay algo que para él resulta todavía más bonito: una sonrisa compartida es más potente que una risa en soledad.
Nos han ido quitando la sonrisa
El risoterapeuta reconoce que no siempre es sencillo sonreír. Las presas, la criminalidad, la violencia, las preocupaciones y el costo de la vida forman parte de una realidad que muchas veces pesa y nos apaga la risa.
“Hay veces que la gente se pelea en las carreteras por el estrés. Pero el tico, aún con esa realidad, trata de buscar un ‘pura vida’, una sonrisa a la vida y a las situaciones”, cuenta.
Y ahí aparece una característica muy nuestra: la chota. Para el sicólogo, los ticos tratamos de reírnos sobre las situaciones difíciles y eso termina convirtiéndose en una forma de desahogo.
“Ante una situación que no entendemos y que muchas veces no podemos interiorizar, tomamos la risa, la chota, el meme, para hacer un poco de catarsis y poder liberarnos de esas tensiones que vivimos todos los días”, explica.
“A nivel país vamos ganando el partido de la risa y la risa nos ayuda a sobrellevar bien el marcador de la vida, de esa cancha en la que todos estamos. Todos tenemos que salir a trabajar, tenemos que salir a lucharla y, por ahora, somos más los que nos reímos a los que deciden evitar reírse”, dice.
Hay que buscar motivos
Paul sabe que decirle a una persona que simplemente sonría no siempre es suficiente. Hay quienes atraviesan momentos tan difíciles que realmente no encuentran un motivo para hacerlo.
Por eso propone comenzar con las pequeñas cosas.
“Compartir momentos con la familia, sacar espacios para reír con amigos. Si usted tiene salud, tiene un trabajo, tiene gente que lo quiere, tiene comida en su mesa, tiene espacios donde pueda ir a tomar un poco de sol y aire puro, ya eso es buscarle un motivo a la vida”, afirma.
También invita a dejar atrás la idea de que reír es señal de poca seriedad.
“Si usted no ríe, se está perdiendo una oportunidad para su salud física, emocional y mental y, principalmente, para compartir con gente esos espacios de risa. Se está perdiendo algo que es gratis”.
Como cuando éramos niños
Hay un dato que al Doctor Sonrisas le llama especialmente la atención: conforme crecemos, reímos menos.
Según explica, un niño de entre uno y seis años puede reír entre 300 y 400 veces al día, mientras que un adulto lo hace unas 50 veces y los adultos mayores entre 20 y 30 veces. “Lamentablemente, a medida que vamos creciendo, vamos riendo menos”, dice.
Por eso trabaja también con adultos mayores, muchos de los cuales enfrentan problemas físicos, cognitivos o de soledad.
Con los jóvenes, el reto es distinto. Paul asegura que a muchos les da vergüenza reír abiertamente por miedo a que otros se burlen.
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“Hay que reírse. No podemos perder la capacidad de la risa porque una buena carcajada es excesivamente saludable”, asegura el Doctor Sonrisas.




