Cuando el nicaragüense Eduardo Flores López llegó a Costa Rica en 1994, traía sueños de superación y la intención de trabajar en agricultura y ganadería, pues era técnico en ambas áreas. Lo que nunca imaginó fue que el arte terminaría marcando su camino.
Este granadino de 54 años recuerda que, aunque nunca había bailado en Nicaragua, desde adolescente disfrutaba de los coros, el canto y las actividades artísticas del colegio.
“Siempre me gustó el arte. Yo era muy alegre, participaba en todo, pero nunca pensé que iba a terminar haciendo lo que hago hoy. Al llegar a Costa Rica sentí la necesidad de representar a mi país en algo, de mostrar nuestras raíces y de que los costarricenses conocieran nuestra cultura”.
En 1996, junto con otras nueve personas, impulsó el grupo Raíces. Aquella primera agrupación se desintegró dos años después, pero Eduardo no estaba dispuesto a abandonar el sueño.
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El 16 de diciembre de 2001 nació formalmente el Ballet Folclórico Nicaragüense Xolotlán, una iniciativa que este 2026 celebra 25 años de historia. El próximo 31 de octubre tendrá su gala de aniversario en el Teatro de la Danza en San José.
Treinta bailarines y dos pueblos
Lo que comenzó con apenas cinco parejas hoy reúne a 30 integrantes, entre adolescentes, jóvenes y adultos, tanto nicaragüenses como costarricenses.
“Xolotlán nació para expresar y mostrar nuestras raíces, no solamente a los nicaragüenses que vivimos aquí, sino también al pueblo costarricense. En aquellos años la migración no era tan grande como ahora y vimos la necesidad de que el tico conociera nuestra música, nuestros bailes, nuestros vestuarios y todo lo que representa Nicaragua.
“Para nosotros, el costarricense es un público maravilloso. Le encanta ver nuestros bailes y el colorido de los trajes. Hemos tenido la oportunidad de presentarnos en diferentes partes del país y también en Panamá y México. Curiosamente, nunca hemos ido a bailar a Nicaragua, porque nuestro trabajo está enfocado en proyectar esa cultura fuera de nuestras fronteras”, contó.
El nombre Xolotlán hace referencia al lago que bordea Managua. Su historia también remite a las raíces indígenas de origen náhuatl que forman parte de la identidad cultural centroamericana.
“En cada presentación, los bailarines hacen un recorrido por distintas expresiones del folclor nicaragüense: desde Masaya, considerada cuna de muchas tradiciones, hasta los bailes de El Viejo y la Vieja, el Mestizaje, El Güegüense, las polcas del norte y las danzas de la costa Caribe”, explica don Eduardo.
Máscaras, lentejuelas, música y movimientos cuentan historias de un pueblo que, aunque esté lejos de su tierra, encuentra en el escenario una manera de sentirse en casa.
La humildad es el secreto
Eduardo no solo dirige. También enseña, crea coreografías y diseña y confecciona buena parte del vestuario. Si hace falta un bailarín, él mismo se incorpora.
“Si por alguna circunstancia me toca bailar, bailo. Yo soy igual a los demás. Ser director no me excluye de bailar. Para mí, todos somos parte del grupo y tenemos que trabajar juntos.
“Creo que la fórmula para mantenernos durante tantos años ha sido la humildad. Yo les inculco eso a los bailarines, porque entiendo que cada persona tiene sus obligaciones, su trabajo, sus estudios y su familia. Hay que respetar esas responsabilidades. También procuramos que nadie tenga que poner dinero para bailar; buscamos los recursos para que cada quien aporte su talento”, aclara.
Sostener el proyecto no ha sido sencillo. La agrupación no recibe ayuda de instituciones estatales o privadas y se mantiene con aportes personales, colaboraciones y recursos obtenidos en algunas presentaciones, muchas de ellas de carácter social.
Sin embargo, para Eduardo el éxito no se mide solamente en escenarios o aplausos.
“Nosotros hemos llegado hasta donde nunca imaginamos. Dirigir un grupo en otro país exige sacrificios, tiempo y dedicación, pero vale la pena cuando uno ve que la gente aprende y conoce nuestras tradiciones.
“También queremos formar buenas personas, que contribuyan positivamente a la sociedad y que transmitan lo aprendido a otras generaciones. Por eso les abrimos las puertas de par en par a los jóvenes”, dice.
Una fiesta para compartir las raíces
La gala Noche de Gala, 25 aniversario del Ballet Folclórico Xolotlán, se celebrará el próximo 31 de octubre, a partir de las 6 p. m., en el Teatro de la Danza, en las instalaciones del Ministerio de Cultura y Juventud, en San José.
El espectáculo reunirá agrupaciones de danza nicaragüense, una agrupación costarricense y la Rondalla de Marimbas Sones de Mi Pueblo, que viajará desde Nicaragua.
Las entradas cuestan ₡10.000 y se pueden reservar por WhatsApp al 8358-7096.






