Kendrick Palacios Campos trabaja de lunes a domingo entre seis y ocho horas al día como chofer de Uber. Cuando termina, todavía le esperan sus estudios de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Costa Rica (UCR) y las reuniones con sus compañeros para fabricar cohetes.
El joven, vecino de San Ramón, alquila el vehículo porque no cuenta con los recursos para comprar uno. Trabaja principalmente de lunes a sábado y, si tiene tiempo, también los domingos. Lo hace para cubrir sus gastos y sacar adelante su pasión por la ingeniería aeroespacial.
“Es complicado. Hay días muy buenos y días muy malos, donde uno pasa estresado porque las cosas no salieron como esperaba. Se le puede estallar una llanta, se le puede joder el carro, le pueden chocar. Es un trabajo con muchos riesgos, pero tuve que asumirlo porque es el único en el que puedo adaptar el horario a mis estudios y proyectos”, nos contó el cohetero.
Ese esfuerzo acaba de rendir frutos: junto a José Andrés Granados y Karina Artavia, integrantes del equipo “Singularity Rocket Technologies”, obtuvieron el primer lugar en la categoría de 1 kilómetro SRAD (Investigación y Desarrollo Estudiantil, por sus siglas en inglés) de BAJA ROCKET Science 2026, competencia internacional realizada del 7 al 11 de octubre en Mexicali, Baja California, México.
De pelar cables a construir cohetes
Kendrick creció en una familia trabajadora. Su interés por la ingeniería comenzó cuando acompañaba a su papá, electricista, a sus labores.
“Me llevaba para que lo viera trabajar, me ponía a pelar cablecillos o a hacer conexiones pequeñas y siempre me explicaba cómo funcionaba su trabajo. Desde pequeño se me fue quedando ese interés por la electricidad y por entender cómo funcionaban las cosas”, recordó.
Estudió en centros educativos públicos de Palmares y luego ingresó a Ingeniería Eléctrica en la UCR, donde cuenta con beca. Su acercamiento a la cohetería ocurrió mediante el grupo de Ingeniería Aeroespacial de la universidad, donde obtuvo una certificación junto a José Andrés.
La idea de formar el equipo surgió entre amigos que querían poner sus conocimientos en práctica e impulsar la industria espacial costarricense.
Reuniones después de “uberiar”
El proyecto tomó alrededor de seis meses de trabajo. Para avanzar, los tres debían acomodar sus responsabilidades académicas y laborales.
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“Cada uno mandaba una lista de lo que tenía que hacer durante la semana y las horas que nos quedaban disponibles. En esas horas en las que todos podíamos, trabajábamos.
“A veces yo tenía que ir a trabajar en Uber y llegaba más tarde a la reunión. Preguntaba qué habían hecho, me ponía al día y seguíamos. Así nos apoyábamos entre todos”, explicó.
El resultado fue CACIQUE, un cohete de dos metros de altura, siete centímetros de diámetro y 7,15 kilogramos de peso. Fue diseñado y construido en Costa Rica con un motor de fabricación propia, un logro que distingue al equipo de quienes utilizan sistemas comerciales de propulsión.
Antes de viajar, los jóvenes realizaron ensayos con el programa OpenRocket para evaluar la viabilidad del diseño. En México, el cohete completó un vuelo exitoso y fue recuperado en perfecto estado.
La participación fue posible gracias al apoyo de patrocinadores como la Universidad Fidélitas, Novex, Luis Fernando Rivas, Psico Vital y Aluna Diseño y Sublimación, que contribuyeron con materiales, infraestructura y otros recursos necesarios para desarrollar el proyecto y viajar a tierras aztecas.
También ayudó mucho la profesora Andrea Hidalgo, de la Universidad Fidelitas, quien se puso la camiseta del equipo tico y los apoyó en todo.
“La participación en BAJA ROCKET Science 2026 permitió al equipo poner a prueba sus capacidades en un escenario internacional y demostrar el alcance de un proyecto concebido y desarrollado propiamente en Costa Rica y en los Laboratorios de Innovación de nuestra Universidad que están pensados precisamente para la creatividad, el ingenio, la investigación, la experimentación y el desarrollo de tecnología”, comentó la profe.
Sueños que siguen creciendo
Para Kendrick, ganar no significa detenerse. El equipo quiere construir cohetes más grandes, desarrollar nuevos motores e investigar sistemas electrónicos y cohetes de dos etapas, o sea, que se les despega una parte.
También busca continuar dando clases de cohetería a estudiantes de colegios, entre ellos el Nueva Esperanza, en Santa Bárbara de Heredia.
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Mientras esos planes avanzan, Kendrick seguirá haciendo Uber para sostenerse y financiar sus proyectos.
“Es complicado y cansado. Hay días en los que uno piensa que ya no puede más, pero las personas que están alrededor siempre lo apoyan y le dicen: ‘Tranquilo, todo va a salir bien’. Gracias a Dios obtuvimos el resultado”, concluyó.








