Laura Álvarez López siempre quiso conocer el mundo, pero nunca imaginó que su sueño de emigrar la llevaría hasta tierras alemanas y mucho menos que tendría que luchar tantos años para conseguirlo.
La herediana, licenciada en Enfermería de la Universidad de Santa Lucía, trabaja actualmente en un hospital de Colonia, Alemania.
Antes, enfrentó el enorme reto de homologar su título costarricense mientras se adaptaba a otro idioma, otra cultura y otro sistema de salud completamente diferentes.
Llegó a Alemania el 17 de febrero de 2026, pero para ese momento ya llevaba varios años preparando las maletas.
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“Yo venía asustadísima, pero venía muy emocionada porque había luchado demasiado por este sueño. Me había costado mucho tiempo, mucha dedicación, mucha fe, porque las cosas no salieron como yo quería al principio. Yo quería estar aquí en el 2024 y llegué aquí hasta el 2026”, nos contó Laura desde tierras europeas.
Un sueño que nació entre nebulizaciones
La enfermería no llegó a su vida por tradición familiar. De hecho, Laura es la primera de su familia en escoger esa profesión.
Su decisión nació mucho antes de entrar a la universidad, cuando todavía era una niña y pasaba buena parte de su tiempo en el Hospital Nacional de Niños por problemas de salud.
“Yo soy asmática, entonces muchos días de mi niñez estuve metida en el Hospital de Niños. Desde que nací, más o menos hasta los 11 o 12 años, iba muy frecuente. Siempre tenía ese contacto con las enfermeras, ese cuidado, ese amor, esa paciencia que ella tenían conmigo.
“Fue así que empecé a tenerle cariño a la enfermería y decía: ‘yo quiero ser así, quiero ser esa mano amiga que esté con una persona cuando su salud está debilitada o esa voz empática con la familia del paciente’. Desde chiquitica supe que quería ser enfermera. Las enfermeras me enamoraron de la enfermería”, dice con el corazón lleno de gratitud.
Siempre había soñado con emigrar. Primero pensaba en Canadá, hasta que durante la universidad escuchó sobre las oportunidades que Alemania ofrecía para profesionales de enfermería. Ahí comenzó otra etapa de su historia.
Aprendió alemán para perseguir el sueño
Antes de llegar a Alemania pasó cuatro meses en Suiza, donde recibió una certificación en relaciones interculturales. Durante ese tiempo convivió dos semanas con una familia alemana y la señora de la casa, que también era enfermera, le explicó cómo funcionaba el sistema hospitalario alemán. Aquella conversación terminó de encenderle la ilusión.
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Obtuvo su certificación B1 en el idioma alemán. En octubre de 2024 contactó a la empresa española Enfermeras de Alemania y al reclutador Borja López.
Tras una entrevista, fue aceptada por el hospital donde trabaja actualmente y la empresa y el centro médico se encargaron de trámites como traducciones, homologación de los títulos y hasta el boleto de avión.
Laura asegura que el hospital la ha apoyado mucho y que aunque el idioma sigue siendo su mayor desafío, la experiencia ha sido positiva. También descubrió que los alemanes no son tan fríos como suele decirse.
“He encontrado alemanes muy buenos que me han ayudado mucho. El hospital se encarga de que, como sos enfermera extranjera, te apoyés en ellos para absolutamente todo”, contó.
Costa Rica siempre viaja con ella
En Alemania también lleva un pedacito de San Rafael de Heredia. Cuando dice que es costarricense, muchas personas se sorprenden.
“Me dicen: ‘¿Qué está haciendo aquí? Costa Rica es un paraíso’. Tienen a Costa Rica como en un altar. Me hablan de la biodiversidad y de que la gente es tan cálida. Eso me encanta”, comenta con orgullo.
Y aunque extraña a su familia, sus amigos y sus raíces, Laura también se las ingenia para que la comida tica viaje con ella. Hace arroz y frijoles, prepara chifrijo y hasta ha conquistado a amigos mexicanos y colombianos con ese platillo.
La promesa que quedó en Costa Rica
Su abuelita, María de los Ángeles Oviedo, fue una de las personas más importantes en este camino. Fue ella quien le ayudó a pagar la carrera de Enfermería, pero se enfermó y la despedida fue muy dolorosa para Laura.
“Cuando yo fui a despedirme de ella para venirme para Alemania, llegué al hospital a verla y ella no me reconoció más. Fue horrible. Yo decía: ‘las dos luchamos tanto por este sueño. Yo le prometí que me graduaría y trabajaría con amor’ y no pudo ir a despedirme al aeropuerto, no pudo estar ahí”, dice, mientras nos confirma que su abuelita falleció hace casi dos meses.
“Si hubiera sido por mí, me quedaba en Costa Rica. Ahí está mi familia, están mis amigos, que los extraño un montón. Están mis raíces, mi cultura, todo. Pero por calidad de vida, uno lastimosamente, por lo menos en el gremio de enfermería, no puede permanecer ahí. Es muy difícil”, reconoce.
Y así, entre el alemán, los turnos médicos, los chifrijos y la nostalgia, Laura sigue cumpliendo aquel sueño que comenzó cuando una niña asmática descubrió, entre nebulizaciones y visitas al hospital, que algún día quería ser la mano amiga que cuidara a otros.






