Kimberly Escobar, a quien le dicen Kimby, tiene 21 años de edad y hace cinco años descubrió que un emprendimiento puede ser mucho más que una forma de ganarse unos colones: puede convertirse en el camino para cumplir su sueño profesional.
Ella es la joven de raíces nicaragüenses detrás de “Fresitas Kimby”, un emprendimiento que nació cuando tenía apenas 16 años y que hoy le ayuda a pagar su carrera de Psicología, a colaborar con los gastos de su mamá y, de paso, mantener vivas algunas tradiciones y sabores de Nicaragua.
“Mi sueño siempre ha sido ser psicóloga. Es algo que me gusta mucho. Me encantaría ayudar a las personas y que abran un poco más su mente de que la psicología es algo muy importante en sus vidas”, contó Kimberly.
Sus papás (doña Eugenia Reyes y don Carlos Escobar) son originarios de Managua, Nicaragua, y ella, desde pequeña, aprendió de ellos que trabajar duro y buscar oportunidades también era una manera de salir adelante.
La historia de Fresitas Kimby comenzó con su papá, quien vendía granizados. Kimberly lo ayudaba a atender y, con el paso del tiempo, aquella muchacha que empezó echándole el hombro terminó quedándose con el emprendimiento.
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Gran cambio
Pero el gran cambio llegó el año pasado, cuando incorporó las fresas con crema. La receta lleva una crema artesanal preparada a base de leche Pinito, un producto muy querido por los costarricenses.
A eso, Kimberly le sumó una imagen llamativa, rótulos, ropa rosada y el personaje de la “Chica Fresita”, una combinación que rápidamente comenzó a llamar la atención en el parque de La Paz.
“Trato de meterle el detallito rosado a cada cosita, con mucho cariño, y a la gente le gusta mucho. Es algo que no se ve tanto en Costa Rica. La Chica Fresita también es algo que vemos desde nuestra infancia y da mucha nostalgia”, explicó.
Estrategia le funcionó
Kimberly entendió que no se trataba solamente de vender fresas, sino de construir una marca propia. Por eso, dice que trata su emprendimiento “como si fuera un hijo mío”.
Actualmente, vende fresas con crema, fresas con Nutella, granizados, raspados nicaragüenses y otros productos. También prepara pedidos entre semana y participa en ferias de emprendimientos locales.
El raspado nicaragüense es uno de los productos que más llama la atención porque no es tan común encontrarlo en Costa Rica. Kimberly prepara artesanalmente las mieles de piña y de dulce de leche que lo acompañan.
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La joven trabaja principalmente los fines de semana, de las 10 de la mañana a las 5 o a las 5:30 de la tarde, aunque también participa en ferias y recibe pedidos durante la semana.
Y mientras todo eso ocurre, Kimberly asiste a las aulas. Ya está en tercer año y reconoce que no siempre puede llevar la misma cantidad de materias porque las ferias y el emprendimiento también ocupan buena parte de su tiempo.
“Gracias a este pago mi carrera y también le ayudo a mi mamá con los gastos. Ahí voy poco a poco saliendo adelante”, contó.
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Su mamá y su novio también son parte importante de ese esfuerzo. Los fines de semana, cuando el trabajo se pone más fuerte, Kimberly sabe que no está sola.
“Mi plan es en algún momento tener un local y, si Dios lo permite, mientras voy sacando mi carrera, en un futuro poder ejercer mi profesión, que es algo que siempre quise estudiar desde los 12 años y gracias a esto lo estoy logrando”, dijo.
Fresitas Kimby no se va
Kimberly asegura que le ha tomado mucho cariño a Fresitas Kimby y sueña con que el negocio crezca hasta convertirse en una fuente de empleo para otras personas.
También quiere ayudar a su mamá, a quien describe como una mujer que ha trabajado muchísimo durante toda su vida.
“Mi sueño también es generar empleo con el emprendimiento en un futuro. Si logro tener un local, me encantaría también ayudar a mi mamá”, afirmó.
“Hay personas que ven que a uno le va bien, pero en realidad es muy duro. Hay épocas en las que obviamente se baja por las lluvias, pero tratamos de ser constantes y seguir adelante”, explicó.
La experiencia también le enseñó a ser responsable, a administrar mejor su dinero y, sobre todo, a no tenerle miedo a una idea por pensar que el mercado ya estaba saturado.
Su consejo para quienes tienen ganas de emprender, pero todavía no se animan es sencillo: estudiar primero el mercado, encontrar un diferenciador y trabajar con constancia.
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“Cuando usted ama lo que hace, siempre lo van a apoyar mientras tenga su diferenciador, su propia marca personal. Eso es algo que me ha funcionado mucho”, aseguró.
Para Kimberly, una cosa no le quita espacio a la otra. Al contrario: las fresitas, los granizados y los raspados que vende cada semana son precisamente los que le están ayudando a acercarse al consultorio donde algún día espera ejercer la profesión con la que soñó desde los 12 años.






