Muchos usuarios de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) denuncian en redes sociales lamentables situaciones que viven en diferentes centros médicos, como la mala atención médica, provocando que los pacientes tengan que esperar muchas horas hasta que sean atendidos. María Fernanda Campos es uno de los muchos casos que muestran la realidad del país.
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La joven de 29 años vivió una triste experiencia en el hospital Enrique Baltodano, ubicado en Liberia, Guanacaste, a inicios de febrero.
María Fernanda despertó el 5 de febrero para irse a trabajar. Sin embargo, empezó a sentirse extraña cuando se puso de pie.
“Me sentí un poco débil, pero pensé ‘seguro me levanté muy rápido’, luego a la hora de lavarme los dientes noté que algo andaba mal porque no podía agarrar el cepillo y sentía el brazo totalmente sin fuerza”, contó.
Se fue a sentar a la cama porque se sentía más mareada y, de repente, se le nubló la vista y se le taponearon los oídos.
“A como pude llamé a mi compañera de cuarto y cuando intenté hablar, me di cuenta de que no podía emitir sonido alguno”, dijo.
María Fernanda no sintió dolor; estaba mareada y débil. No podía mover el brazo ni la mano derecha y su cara se había paralizado un poco.
Fue a una clínica con su amiga, pero no le prestaron mucha atención. Tras unos 40 minutos de espera, le imprimieron una hoja y le dijeron que debía ir al hospital Enrique Baltodano.
“Más o menos hora y media después me mandaron en ambulancia y cuando llegamos nos dejaron en la entrada. Tuvimos que hacer fila desde cero, no fue como que lo tomaron como un traslado”, dijo.
El calvario
La joven y su acompañante llegaron al hospital en Liberia a las 12:32 p.m. y le tomaron signos una hora después.
Luego, la enviaron a la sala de espera hasta que a las 3:00 p.m. la llamaron para hacerle exámenes de sangre y un TAC.
Unas cuatro horas después le dijeron a su amiga que María Fernanda tenía una infección de orina muy leve, pero que los exámenes salieron bien.
“Recuerdo que mi amiga me veía tan mal que hacía presión con el guarda y solamente me tomaban la presión o me hacían la glicemia. Como salía bien, me devolvían a la sala de espera”, contó.
Alrededor de las 10:00 p.m. llegó la hermana de la joven desde Heredia. Ella también insistió, pero el encargado de inyectables solo le dio unos medicamentos.
“Vomité dos veces toda la ropa y tampoco hicieron nada. Solo decían que tenían que esperar al especialista para que leyera el TAC”, dijo.
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Pasó más de 16 horas en el hospital
Era la madrugada del 6 de febrero y la joven todavía no sabía qué le estaba pasando.
“Mi cuñado se desesperó porque yo ya estaba pálida y no había comido nada desde el día anterior. Pidieron permiso para sacarme, pero no dejaron. Al final dijeron que sí, pero a dormir en el carro y que a las 6:00 a.m. debía estar otra vez en la sala de espera”, contó.
Cuando regresaron tuvieron que esperar más.
“Cuando mi hermana preguntó por la Contraloría, apareció una chica que al parecer era enfermera para decir que yo debía estar con suero o medicamento desde el día anterior y me metieron a emergencias, pero tuve que ir sola porque no dejaron entrar a mi hermana, pese a que no me podía comunicar”, comentó.
La joven y su familia abandonaron el hospital a las 5:29 p.m. del 6 de febrero, según el comprobante del centro médico.
Tuvo un infarto
Al día siguiente, un neurólogo le explicó que el TAC mostró un infarto en el área de Broca del cerebro y que además se le había formado un coágulo.
“Me dijo que habían ubicado el infarto y que iban a estudiar el caso”, comentó.
Cuando le dieron el diagnóstico sintió un golpe de realidad.
“Hasta el momento sigo en shock porque estaba en Guanacaste sola, sin mi familia cerca. No sabía qué iba a pasar conmigo, con mi trabajo, ni con mi vida allá”, expresó.
Mientras esperaba en la sala del hospital en Liberia, había un rótulo de una campaña sobre infartos cerebrales.
“Cada segundo cuenta para salvar tu vida”, decía uno de los afiches.
Una de las preguntas que se hizo la joven es qué hubiera pasado si ocurría otro infarto mientras esperaba atención.
María Fernanda fue trasladada al hospital San Vicente de Paul, en Heredia, donde estuvo 17 días internada y fue sometida a una cirugía en el corazón porque tenía un foramen oval permeable, que es una abertura entre las aurículas que no se cerró después del nacimiento.
Su hermana, que es fisioterapeuta, le ayudó a recuperar la movilidad. Actualmente recibe terapia de lenguaje, pues su habla resultó afectada por el infarto.
“Por el momento siguen estudiando el caso para dar con la causa del por qué se hizo el coágulo”, dijo.
¿Qué dice el hospital?
Se consultó al hospital Enrique Baltodano por qué los funcionarios tardaron en atender a María Fernanda y cómo está la situación en la sala de urgencias.
El centro médico confirmó que la joven fue atendida a inicios de febrero y que durante su permanencia se le realizó una valoración médica inicial oportuna y los estudios diagnósticos correspondientes.
“Posteriormente, el caso fue valorado por médicos especialistas de distintas áreas, quienes iniciaron tratamientos estandarizados y solicitaron estudios complementarios para determinar el origen del cuadro clínico y optimizar el manejo terapéutico”, indicó.
El hospital negó retrasos en la atención inicial y aseguró que se dio inicio oportuno a los tratamientos.
“Las valoraciones clínicas, estudios diagnósticos y decisiones terapéuticas se realizaron conforme a los protocolos establecidos y dentro de las capacidades operativas disponibles en ese momento”, señaló.
Una vez más se pone en tela de duda la eficiencia y la empatía de los encargados de los servicios médicos de nuestro país, por suerte, este caso no terminó en tragedia y María Fernanda pudo contar el cuento.
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