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Mandy, la danta que tenían en lista para comérsela, pero fue rescatada, cumplió 10 años

La danta Mandy sobrevivió cuando se la querían comer y hoy es símbolo de esperanza en el Santuario de Vida Silvestre Natuwa, que es propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan

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La historia de la danta Mandy comienza con dolor, miedo y un destino que parecía marcado por la tragedia.

Hace más de 10 años, esta danta fue rescatada de una casa donde supuestamente la tenían en la lista para comérsela, luego de que, al parecer, cazadores mataran a su madre y se llevaran a la pequeña cría.

La danta Mandy sobrevivió a que se la quisieran comer y hoy es símbolo de esperanza en el Santuario de Vida Silvestre Natuwa que es propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan
La danta fue rescatada tras una denuncia ante el SINAC en Puntarenas. (Cortesía/Cortesía)

Hoy, convertida en una enorme danta adulta de 230 kilos, Mandy es el corazón del Santuario de Vida Silvestre Natuwa, en Aranjuez de Puntarenas, propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan, donde cientos de animales rescatados encuentran una segunda oportunidad.

Cuando Mandy llegó al santuario apenas tenía unos tres meses de nacida. Estaba desnutrida, llena de garrapatas y con cicatrices en el cuerpo por los mecates con los que la mantenían amarrada. En ese momento nadie sabía si lograría sobrevivir.

“Ella llegó muy mal. Venía amarrada, marcada, débil y asustada. Tenía señales muy fuertes de descuido y sufrimiento. Nosotros no sabíamos si iba a sobrevivir porque era apenas una bebé.

La danta Mandy sobrevivió a que se la quisieran comer y hoy es símbolo de esperanza en el Santuario de Vida Silvestre Natuwa que es propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan
Mandy llegó al Santuario Natuwa cuando apenas tenía unos tres meses de nacida. En la foto, don Rodolfo la alimenta. (Cortesía/Cortesía)

“Con el tiempo fue tomando confianza y recuperándose, pero hubo algo que entendimos rápido: ella ya se sentía cómoda con los humanos y eso le impedía volver al bosque, porque una danta que no le teme a las personas es una presa fácil para los cazadores”, explicó Rodolfo Orozco Vega, director del Centro de Rescate y Santuario Natuwa.

El Santuario de Vida Silvestre Natuwa tiene 26 años de existencia y actualmente alberga cerca de 600 animales rescatados. La cantidad cambia constantemente porque algunos logran rehabilitarse y regresar a la naturaleza, mientras otros llegan después de sufrir atropellos, ataques o cautiverio ilegal.

La danta Mandy sobrevivió a que se la quisieran comer y hoy es símbolo de esperanza en el Santuario de Vida Silvestre Natuwa que es propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan
Mandy sobrevivió a la desnutrición y hoy pesa cerca de 230 kilos. (Cortesía/Cortesía)

Monos congo atropellados, lapas domesticadas, animales macheteados, aves heridas y especies que fueron tratadas como mascotas forman parte de la realidad diaria del lugar.

“Nosotros trabajamos para rehabilitar y liberar animales, ese siempre es el principal objetivo de un centro de rescate. Pero hay casos en los que simplemente no se puede. Si un animal perdió habilidades para sobrevivir o quedó demasiado acostumbrado a las personas, liberarlo sería condenarlo a morir.

“Por eso debemos ser muy responsables para no saturar el santuario y garantizar que todos vivan en condiciones óptimas”, comentó Orozco.

El director detalló que cada caso es valorado por veterinarios y especialistas antes de decidir si un animal puede regresar a la vida silvestre.

La danta Mandy sobrevivió a que se la quisieran comer y hoy es símbolo de esperanza en el Santuario de Vida Silvestre Natuwa que es propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan
En Natuwa viven alrededor de 600 animales silvestres rescatados. (Cortesía/Cortesía)

“Por ejemplo, si llega un mono congo atropellado y las lesiones no son graves, puede recuperarse rápido y volver al bosque. Pero si viene fracturado o con daños severos, ya necesita otro tipo de cuidados”, agregó.

Con el paso de los años, Mandy dejó de ser aquella pequeña danta rescatada y pasó a convertirse en uno de los animales más queridos del santuario.

Voluntarios, trabajadores y visitantes la reconocen como un símbolo de lucha y conservación.

“Mandy representa mucho para nosotros porque es una sobreviviente. Ella llegó cuando apenas comenzábamos a fortalecer muchos programas de rescate y verla hoy sana, fuerte y tranquila nos recuerda por qué hacemos este trabajo. Todos los voluntarios que pasan por aquí terminan enamorados de ella”, aseguró Orozco.

Aunque actualmente Mandy no puede regresar al bosque, sí podría ayudar en el futuro a fortalecer poblaciones de dantas silvestres mediante programas especializados de reproducción, siempre y cuando existan estudios científicos que lo justifiquen.

La danta Mandy sobrevivió a que se la quisieran comer y hoy es símbolo de esperanza en el Santuario de Vida Silvestre Natuwa que es propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan
El santuario recibe animales atropellados, cazados y víctimas del cautiverio ilegal. (Cortesía/Cortesía)

Natuwa abre todos los días de 8 de la mañana a 4 de la tarde y ofrece visitas guiadas y recorridos privados. La entrada general cuesta 8 mil colones y ese dinero se utiliza para sostener el enorme gasto que implica alimentar y cuidar a cientos de animales.

Actualmente, 22 colaboradores trabajan en el santuario. “Detrás del santuario también hay 22 familias que dependen de este proyecto. Todo lo que entra se usa para comida, medicamentos, mantenimiento y bienestar de los animales.

“Los gastos son enormes, pero seguimos adelante porque creemos en el mensaje que damos: sí se puede proteger la vida silvestre si trabajamos juntos”, afirmó el director.

Además del rescate, el santuario busca educar a las comunidades cercanas sobre convivencia con la fauna.

La danta Mandy sobrevivió a que se la quisieran comer y hoy es símbolo de esperanza en el Santuario de Vida Silvestre Natuwa que es propiedad del astrólogo y mentalista Minor Khayyan
Las visitas al santuario ayudan a financiar la alimentación y cuidado de cientos de especies. (Cortesía/Cortesía)

“Hemos liberado lapas en zonas donde antes la gente se molestaba porque se comían frutas. Poco a poco los vecinos aprendieron a convivir con ellas y entendieron que los animales también forman parte del entorno. Ese cambio de mentalidad vale muchísimo”, concluyó.

Mientras tanto, Mandy sigue caminando tranquila por su hogar en Puntarenas, convertida en un recordatorio viviente de todo lo que aún falta por hacer para proteger la fauna silvestre de Costa Rica.

Eduardo Vega

Eduardo Vega

Periodista desde 1994. Bachiller en Análisis de Sistemas de la Universidad Federada y egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Periodista del Año de La Teja en el 2017. Cubrió la Copa del Mundo Sub-20 de la FIFA en el 2001 en Argentina; la Copa del Mundo Mayor de la FIFA del 2010 en Sudáfrica; Copa de Oro en el 2007.

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