La Teja se fue a dar una vuelta a las obras Taras-La Lima en Cartago, luego de que el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) de la Universidad de Costa Rica publicara un estudio que reveló deficiencias en el proyecto.
El informe no es para menos: advierte sobre grietas en las losas de concreto, señales de oxidación en estructuras clave y una preocupante falta de supervisión en la ejecución. Estas fallas técnicas se traducen, en la práctica, en un proyecto que parece estancado en el tiempo, donde la seguridad vial ha pasado a segundo plano frente a la lentitud de los trabajos.
Pero más allá de los errores de ingeniería, el verdadero daño es humano. Tras seis años de trabajos, la zona es un peligro para transitar y un escenario de “supervivencia” para los vecinos, quienes respiran polvo a diario, y para los comerciantes, que han visto cómo sus ventas se desploman mientras esperan una luz al final del túnel que nunca llega.
La mañana de este lunes 20 de abril fuimos a la zona donde se están llevando a cabo las obras desde hace seis años y, en efecto, no parecen terminar.
Lo primero que encontramos es el peligro que representa para una persona que no es de Cartago y conduce por ahí por primera vez.
El sitio parece un laberinto, sin señales claras, y los conductores deben ser doblemente cuidadosos para no causar un accidente.
Y no solo eso: las calles, especialmente en las vías aledañas están destrozadas.
Los conductores son afectados por el estado de las carreteras, sino también los comerciantes y vecinos que han tenido problemas por el polvo que ingresa a sus hogares y negocios.
Un transportista comentó que conducir por esta zona en la noche es terrible, pues, si bien por fin ya están poniendo postes de luz a lo largo de la carretera, estos no funcionan porque no tienen electricidad.
“La zona está complicada todavía; ya se pasaron del tiempo que ellos tenían previsto para la entrega de la obra y falta demasiado. Faltan muchas calles y aceras. No hay luz todavía”, dijo el transportista, vecino de Tres Ríos.
“Es complicado manejar en la noche en este lugar por la oscuridad”, agregó.
Es complicado entrar a comercios
La cosa se complica más si quiere ir a uno de los negocios que están en los alrededores.
Si usted necesita ir a Walmart, alguna tienda de tipo outlet, un taller mecánico u otro comercio, debe desviarse hacia una de las vías aledañas que va en el sentido Cartago o San José. Si usted es de la zona lo logra porque conoce; si va por primera vez, no la va a tener tan fácil.
Hay rotulación, pero es de nombres de lugares; por ejemplo, hay una que dice “Paseo Metrópoli” para ubicar a los conductores, pero aun así no es claro porque no le avisan a tiempo a uno que debe cambiar de vía para entrar a una calle que lo dirige hacia el mall o a El Guarco.
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De hecho, si usted viene de EPA de El Guarco y quiere ir a San José, tiene que estar muy atento para no perderse. Primero tiene que hacer una rotonda que está sin terminar y luego fijarse bien para no meterse en la calle equivocada, lo que es complejo con la mala señalización; de pronto puede terminar en una calle aledaña en mal estado que pasa frente al bar La Isla. Es todo un laberinto.
Una de las quejas que han hecho los vecinos es que no hay señales que den luz de que pronto finalizarán las obras, lo que ha sido un calvario. Por ejemplo, solo se ven las bases de un puente peatonal que nada que terminan de instalar.
Vecinos y comerciantes afectados
Los vecinos y comerciantes llevan seis años sufriendo con el polvo y constantes cortes de luz.
Además, los comerciantes han tenido problemas con las ventas, como aquellos que se encuentran en las calles paralelas.
Unos trabajos de colocación de un poste al lado del puente peatonal obstruyen el paso de los vehículos, afectando a una soda, un taller, un bar-restaurante y otros tipos de negocios que se encuentran en esa vía hacia la capital.
“La afectación ha sido muy, muy grande porque los trabajos son extremadamente lentos. Son ineficientes porque ese puente peatonal lo tienen que mover y ya lleva 3 años en que está en construcción otro puente peatonal, donde todas las piezas están ahí y solo no lo arman porque dicen que tienen que poner el tendido eléctrico. Trabajan en el tendido eléctrico una vez a la semana”, contó una encargada de una soda.
Comentó que, cuando trabajan en el tendido eléctrico, los dejan sin luz, afectando su trabajo.
También detalló que, cuando trabajan en la base de un poste, no solo cierran la calle al frente de la soda, sino la calle 52, que está por detrás de dicho establecimiento, impidiendo el paso de los vehículos.
“Nos afecta a nosotros y a los que van al parque industrial porque muchos de los que vienen aquí son transportistas que van allá. Cuando salen, tienen que usar las rotondas y transitar por aquí.
“Algunos tienen que pasar por la calle de aquí atrás y, como esa calle no es para camiones pesados, a cada rato se llevan los cables de luz”, contó.
Desde hace unos 15 días están trabajando en la base del poste y desde entonces las ventas de la soda han bajado.
“Han bajado un montón porque los carros no pueden transitar, ni los carros ni la gente”, dijo.
El dueño de una marisquería, quien prefirió no revelar su nombre, comentó que tuvo que recortar el personal.
“Este negocio es familiar; mi esposa, mi hijo y yo estamos 100% en esto y tenemos dos empleados, uno que trabaja entre tres y cuatro horas y la otra trabaja cinco o seis horas. Ha afectado mucho porque no hay accesos para llegar aquí”, dijo.
De hecho, el propietario contó que unos trabajadores que están en la zona franca le dijeron que no llegan seguido porque, aunque están cerca, les toma mucho tiempo llegar porque tienen que hacer un vueltón y tienen poco tiempo para almorzar.
El dueño de un bar-restaurante esquinero, La Isla de Lima, también es uno de los afectados, pues los trabajos del poste se están realizando justamente al frente del negocio.
La bulla y el polvo son parte de los problemas que sufre el negocio, así como la baja de las ventas.
“Estamos muy afectados económicamente, emocionalmente y en la salud”, dijo.
Estos negocios esperaban recuperar sus ventas tras la pandemia del COVID-19, pero no fue así. Para los trabajadores y propietarios, la situación empeoró con las obras Taras-La Lima, que iniciaron en 2020.
Hallazgos de Lanamme
Lanamme realizó una auditoría del proyecto y, entre las deficiencias que se encontraron, hay un agrietamiento en la losa del intercambio de la avenida 23, así como indicios de oxidación en las placas de apoyo.
También se hallaron deficiencias recurrentes en señalización y control de tránsito durante la construcción.
Otra cosa grave que encontraron es que no hay una supervisión ni una buena ejecución del proyecto. En este punto, Lanamme indicó que se requiere una gestión más eficiente y rigurosa.
Se le consultó al Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) sobre el último estudio de Lanamme, así como la preocupación de los vecinos y comerciantes, pero no recibimos respuesta.
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