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Nació sin ver, pero la música se convirtió en sus ojos: la inspiradora historia de un bajista que toca con el corazón

El sancarleño Danny Ríos creció entre ensayos de su papá, aprendió a tocar el güiro, la batería y la percusión. Hoy demuestra que el talento no entiende de límites

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Hay personas que recuerdan los colores de su infancia. Danny Ríos Blanco recuerda los sonidos.

El golpe de una batería, las teclas de un piano, el raspar de un güiro, las voces de los músicos ensayando y el sonido grave de un bajo fueron las primeras imágenes que quedaron grabadas en su memoria. Nunca necesitó verlas para enamorarse de ellas.

Nació sin visión, pero la música terminó convirtiéndose en sus ojos. Desde entonces entendió que hay melodías capaces de dibujar paisajes, abrazar el alma y hacer que cualquier obstáculo parezca muy pequeño.

El sancarleño Danny Ríos Blanco, nació no vidente, creció entre ensayos de su papá, aprendió a tocar el güiro, la batería y la percusión, y encontró en el bajo su gran pasión. Hoy demuestra que el talento no entiende de límites.
Danny Ríos Blanco encontró en el bajo el instrumento con el que hoy emociona al público en cada presentación. (Cortesía/Cortesía)

Hoy, con 40 años, este vecino de Ciudad Quesada, a quien visitamos en su casa, es bajista del grupo La Nueva Sonora y demuestra, cada vez que sube a un escenario, que cuando el talento nace del corazón, no existen barreras capaces de apagarlo.

Su historia comenzó mucho antes de tocar un escenario. Empezó en la cochera de la casa, donde su papá, don Eugenio Ríos, tenía un cuarto de ensayo.

Mientras otros niños crecían rodeados de juguetes, Danny lo hizo entre micrófonos, parlantes, teclados, baterías y músicos que llegaban a preparar sus presentaciones. Sin darse cuenta, estaba construyendo el camino que años después definiría su vida.

“Todo viene por la música de mi familia. Mi padre es músico, entonces yo prácticamente nací aquí, entre músicos, entre micrófonos, pianos, baterías y ensayos.

Primero llegaron los teclados, luego la percusión y después apareció el bajo, que terminó convirtiéndose en el instrumento con el que más me identifico y con el que actualmente estoy trabajando”, recuerda.

El sancarleño Danny Ríos Blanco, nació no vidente, creció entre ensayos de su papá, aprendió a tocar el güiro, la batería y la percusión, y encontró en el bajo su gran pasión. Hoy demuestra que el talento no entiende de límites.
El músico de Ciudad Quesada nació sin visión, pero jamás permitió que eso frenara su pasión por el arte. Aquí tocando el güiro Con La Nueva Sonora de Ciudad Quesada. (Cortesía/Cortesía)

Aunque siempre disfrutó tocar instrumentos, el bajo no era el protagonista de sus sueños.

Fue durante la pandemia por covid-19, cuando las actividades musicales se suspendieron y los escenarios quedaron en silencio, que su papá le hizo una sugerencia que terminaría marcando su futuro.

“Mi papá me dijo una tarde: ‘¿Por qué no agarra el bajo y se pone a practicar? Vea escalas, toque canciones y experimente’.

“Lo hacía más por pasar el rato; nunca pensé que terminaría enamorándome del instrumento. Poco a poco me fue gustando cada vez más. Después toqué un par de actividades con un bajo eléctrico y más adelante compramos este contrabajo eléctrico que ya tiene como cinco años de acompañarme. Se volvió mi compañero para ensayar y para cada presentación que tenemos”, cuenta.

Hoy ese contrabajo eléctrico ocupa un lugar muy especial en su vida. No es un instrumento cualquiera. A diferencia de muchos bajos eléctricos, este no tiene trastes, por lo que cada nota depende de la precisión, la memoria y, sobre todo, del oído del músico.

El sancarleño Danny Ríos Blanco, nació no vidente, creció entre ensayos de su papá, aprendió a tocar el güiro, la batería y la percusión, y encontró en el bajo su gran pasión. Hoy demuestra que el talento no entiende de límites.
Ahí vemos al fondo con el bajo a Danny. También aparece el número para contrataciones. (Cortesía/Cortesía)

Muchos creen que eso representa una dificultad enorme para alguien que nació sin visión. Danny sonríe cuando escucha esa pregunta.

“Muchos me preguntan cómo hago si este bajo no tiene trastes. Todo está en la práctica. Uno aprende las notas, escucha muy bien las canciones y desarrolla el oído.

El sancarleño Danny Ríos Blanco, nació no vidente, creció entre ensayos de su papá, aprendió a tocar el güiro, la batería y la percusión, y encontró en el bajo su gran pasión. Hoy demuestra que el talento no entiende de límites.
En los ensayos La Sonora le pone bonito y ahí está Danny con su bajo. (Cortesía/Cortesía)

“Hay que ensayar muchísimo. Yo no soy el primero que toca un instrumento así. Cuando uno conoce su instrumento y le dedica tiempo, las cosas salen”.

Para Danny, la falta de visión nunca ha significado un límite. Desde niño aprendió las notas musicales gracias a las enseñanzas de su padre y entendió que la música no se interpreta únicamente con los ojos, sino con el corazón.

“Yo creo que el tema visual no es una limitación cuando a uno realmente le gusta lo que hace. Si uno siente la música y aprende las canciones como son, puede ejecutarlas bien. Todo depende del deseo que tenga de aprender”.

Además de integrar La Nueva Sonora, desarrolla proyectos independientes y participa en espacios de radio por internet, siempre con el objetivo de abrir puertas para otros artistas.

Sin embargo, considera que la música necesita mucho más respaldo para seguir creciendo.

“Antes había muchísimo apoyo para los artistas. Hoy sigue existiendo, pero ya no es igual. Hace falta que las empresas, las instituciones y la gente apoyen más el arte, porque detrás de cada músico hay muchísimo esfuerzo y muchas horas de trabajo que pocas veces se ven”.

El sancarleño Danny Ríos Blanco, nació no vidente, creció entre ensayos de su papá, aprendió a tocar el güiro, la batería y la percusión, y encontró en el bajo su gran pasión. Hoy demuestra que el talento no entiende de límites.
La pandemia le dejó a Danny una pasión total por el bajo. (Cortesía/Cortesía)

Danny no pretende que la gente lo recuerde por haber nacido sin visión. Prefiere que lo hagan por las emociones que transmite cuando sus manos comienzan a recorrer las cuerdas del bajo.

Por eso, cada vez que tiene la oportunidad, les habla, especialmente a quienes sienten miedo de perseguir aquello que aman.

No vidente toca el bajo en un grupo musical de Ciudad Quesada

“Si a usted le gusta cantar, tocar un instrumento, pintar, bailar o cualquier manifestación artística, hágalo. No se quede con las ganas. Disfrútelo. Uno nunca sabe hasta dónde puede llegar cuando hace las cosas con pasión. Yo nací rodeado de música y hoy sigo viviendo de ella, acompañado por un instrumento que un día tomé casi por curiosidad y que terminó convirtiéndose en una parte muy importante de mi vida”.

El sancarleño Danny Ríos Blanco, nació no vidente, creció entre ensayos de su papá, aprendió a tocar el güiro, la batería y la percusión, y encontró en el bajo su gran pasión. Hoy demuestra que el talento no entiende de límites.
Nada más vean, a reventar un toque con La Nueva Sonora de Dannyl (Cortesía/Cortesía)

Danny Ríos Blanco nunca ha visto un amanecer ni los colores de un escenario iluminado. Pero cada vez que abraza su contrabajo y deja que las notas comiencen a sonar, confirma que hay sueños que no necesitan ojos para hacerse realidad. Basta con escuchar el corazón para encontrar el camino.

Eduardo Vega

Eduardo Vega

Periodista desde 1994. Bachiller en Análisis de Sistemas de la Universidad Federada y egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Periodista del Año de La Teja en el 2017. Cubrió la Copa del Mundo Sub-20 de la FIFA en el 2001 en Argentina; la Copa del Mundo Mayor de la FIFA del 2010 en Sudáfrica; Copa de Oro en el 2007.

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