AFP, Moscú, Agencia AP.13 julio

Didier Deschamps tiene fama de ser un hombre con mucha suerte, pero el técnico Bleu ha demostrado muchas veces que no todo es obra de la diosa fortuna, sobre todo ahora que está cerca de hacer historia.

Deschamps podría convertirse este domingo en la tercera persona en ganar la Copa del Mundo como jugador y seleccionador, un logro que solo han conseguido el brasileño Mario Zagallo y el alemán Franz Beckenbauer.

Tras levantar la Copa como capitán de los Bleus en 1998, Deschamps podría ganar la segunda estrella para Francia como seleccionador de un equipo que se enfrentará por el título a Croacia, en el Estadio Luzhniki de Moscú, a las 9 a.m.

"No me voy a quejar... aunque seguramente habrá otros mejor que yo", declaró la semana pasada en conferencia de prensa al ser preguntado por un periodista sobre su presunta buena fortuna, por lo que la prensa francesa ha representado al técnico a menudo como un gran gato, el animal al que se relaciona con la buena estrella.

El 2 de julio de 1998, Deschamps alzó la primera copa del mundo para Francia por ser el capitán de los galos. / AFP PHOTO / DANIEL GARCIA
El 2 de julio de 1998, Deschamps alzó la primera copa del mundo para Francia por ser el capitán de los galos. / AFP PHOTO / DANIEL GARCIA

"Se puede decir que tiene buena estrella, pero hay que darle méritos. Aunque un entrenador deba parte de su éxito a la buena suerte, es él quien diseña el equipo", advirtió el exinternacional Alain Giresse en una entrevista a la AFP tras la victoria contra Bélgica en semifinales (1-0).

En eso es indudable que el equipo flamante finalista del Mundial 2018 lleva el sello de “DD”, como le conocen en su país. Un equipo que se asemeja al jugador que ganó la Copa del Mundo con Francia, la Copa de Europa con el Marsella y que defendió también los colores de la Juventus, el Chelsea y el Valencia entre otros: ordenado, aguerrido, infatigable, luchador y con mucha ambición.

La actual Francia destaca sobre todo por su capacidad para defender, incluso los delanteros, que no tienen problemas en retrasar su posición para participar en la destrucción, como se demostró en los últimos minutos frente a los diablos rojos belgas.

Más allá de su buena suerte y de sus conocimientos futbolísticos, los jugadores de Francia destacan también su manera de tratarles, al conocer perfectamente qué siente un futbolista. “Sabe cómo hablar a los jugadores (…) y llega a dar los mensajes que nos quiere transmitir”, dijo Paul Pogba este jueves.

Campeón hace 20 años

Descanso en la final de la Copa del Mundo de 1998 y Francia está en ventaja 2-0 ante Brasil. En el vestuario, Zinedine Zidane se encuentra recostado en el piso, sus piernas encima de un banquillo, tomando respiro tras marcar los dos goles. Otros jugadores reciben masajes.

Pero la voz del capitán Didier Deschamps, con su energía inagotable, zumba en los oídos de Les Bleus, exhortándoles a que no bajen la guardia en la segunda mitad.

“Muchachos, ¡no vamos a relajarnos un solo milímetro! Ya cumplimos con la parte difícil. ¡Pero aún nos quedan otros 45 minutos de locura!”.

Veinte años después, Deschamps volverá a dar órdenes este domingo en una final del Mundial, pero esta vez como técnico de Francia.

Una victoria ante Croacia sería el logro culminante para el caudillo de 49 años.

Darle una segunda estrella a la camiseta azul que lució 103 veces como jugador también le taparía la boca a sus detractores, quienes afirman que Deschamps es un técnico con demasiada suertesin darle méritos a su capacidad.

Esa argumentación plantea que un técnico promedio no tendría dificultad para conseguir buenos resultados con todo el talento francés, incluidos varios de los jugadores más cotizados del mundo, encabezados por el chico sensación, Kylian Mbappé.

Para el entrenador es muy importante el buen ambiente con los jugadores. / AFP PHOTO / FRANCK FIFE
Para el entrenador es muy importante el buen ambiente con los jugadores. / AFP PHOTO / FRANCK FIFE

Cualquier resultado que no hubiera sido por lo menos la semifinal en Rusia se habría considerado como decepcionante para Francia, luego de perder ante Portugal en la final de la Eurocopa hace dos años y tras caer ante el eventual campeón Alemania en los cuartos de final del Mundial del 2014.

Pero como los más afamados chefs franceses saben, se necesita algo más que ingredientes de enorme calidad para tener una buena receta.

La gran habilidad de Deschamps ha sido lograr que jugadores que brillan en los clubes de mayor renombre en Europa dejen de lado sus egos y se sumen a lo que él describe como el trabajo “colectivo”.

Descartó a varios jugadores de gran calidad: el delantero Karim Benzema (Real Madrid) y al volante Adrien Rabiot (Paris Saint-Germain), solo para nombrar a dos, en un plantel de 23 jugadores que ha mantenido la armonía durante las siete semanas que llevan juntos desde que se encontró en el complejo de Clairefontaine, en las afueras de París.

Las prioridades se confirmaron cuando se sentó para una prolongada e íntima charla con un pequeño grupo de reporteros en la sede de la federación nacional unas semanas antes de presentar su lista definitiva en mayo. Habló más sobre cómo crear un equipo en vez de tácticas y estrategias.

“Esa habilidad de vivir juntos, la parte social, es bien importante. Siempre se necesita encontrar el equilibrio ideal. No puedes irte con un exceso de individualismo, demasiada calidad. El espíritu colectivo debe primar por encima de todo. Necesitas una amalgama correcta de jugadores experimentados, líderes que han pasado por situaciones, y jóvenes. No todo es negativo con la juventud. Tienen la virtud del entusiasmo”, explicó.

Deschamps dio en la tecla. Después de exigidas victorias ante Australia y Perú, más un empate contra Dinamarca en la fase de grupos, Francia despegó al despachar a Argentina con un inapelable triunfo 4–3, partido en el que Mbappé fue la figura al firmar dos goles y exhibirse con su descomunal velocidad. Siguieron notables despliegues defensivos ante Uruguay (2–0) y Bélgica (1–0) en los cuartos y semifinales, respectivamente.

Aunque cuenta con jugadores cuyas edades están entre los 19 años de Mbappe hasta los 30 de Olivier Giroud, el equipo se ha amoldado, cumpliendo conla solidaridad que pide Deschamps.

Ni una sola voz dedesaprovaciónse ha dado por parte de los jugadores con escasos minutos de acción o ninguno. Tal es el caso del defensor Adil Rami (sin pisar cancha aún) y el extremo Florian Thauvin (ingresó en la agonía del partido ante Argentina). Ellos han sido ejemplares con su buena disposición e incluso dan aliento a sus compañeros. Los suplentes festejan los goles como si los hubieran anotados ellos. Los titulares habituales solo hablan bellezas de los aportes a la moral de sus compañeros que no tienen un rol protagónico.

“Nos hemos llevado tan bien que podría seguir otro mes junto a ellos”, declaró el central Samuel Umtiti, quien ha disputado cada minuto y anotó el gol de la victoria ante Bélgica. “Estamos siempre sonriendo. Siempre hay algo que hacer. Ha sido una experiencia excepcional con un grupo excepcional”.

En la cancha, la mentalidad del trabajo en equipo se ha reflejado llamativamente en Paul Pogba. El centrocampista se ha sacrificado al jugar más retrasado. Sus tareas defensivas han permitido que Francia tenga más solidez en el medio y le han dado a Mbappé más facilidades para maniobrar y generar peligro adelante.

Deschamps podría ser el tercer técnico que gana el Mundial también como futbolista. / AFP PHOTO / Franck FIFE AND Gabriel BOUYS
Deschamps podría ser el tercer técnico que gana el Mundial también como futbolista. / AFP PHOTO / Franck FIFE AND Gabriel BOUYS

“Es un Mundial. Quiero ganarlo. Hay que sacrificarse”, dijo Pogba. “Defender no es mi mayor calidad. Pero lo hago con gusto”

Esa actitud formal es propia de la personalidad de Deschamps. Al crecer en la región vasca al suroeste de Francia, su padre Pierre trabajó como pintor y decorador; su madre, Ginette, vendía lana. Deschamps es el modelo del francés que procura decir poco o nada que cause ruido mediático.

También es alguien que sabe ser expresivo desde el costado de la cancha cuando es necesario impartir instrucciones y dar abrazos efusivos a sus jugadores. Pero hay algo que nunca aborda con ellos: su experiencia de 1998. Quiere que escriban su propia historia, en vez de aburrirles con la suya.

“No es su vida. Es la mía, pero es tan relevante para ellos”, dijo antes de la expedición a Rusia. “Es una cuestión de generaciones” .

Este domingo, sin embargo, podrán hacer historia juntos.

Deschamps, que el próximo 15 de octubre cumplirá 50 años, llegó al cargo tras la Eurocopa 2012 para sustituir a Laurent Blanc, compañero de la generación que levantó la Copa del Mundo en 1998.

El técnico tiene el peor comienzo de cualquier seleccionador en los últimos 50 años (con cinco derrotas y cuatro empates en los primeros 13 partidos) y necesitó del repechaje contra Ucrania para clasificarse para el Mundial de Brasil 2014, una eliminatoria en la que perdió 2–0 en la ida.

El partido de vuelta fue el punto de inflexión en la trayectoria de Deschamps como seleccionador. Los Bleus ganan 3–0 y el técnico admite que se salvó del cese aquel día.

En Brasil, Francia cae en cuartos de final contra Alemania, posteriormente campeona del Mundo, pero los Bleus hacen olvidar el vergonzoso episodio de Knysna en Sudáfrica 2010, cuando los jugadores se declararon en huelga en apoyo de Nicolas Anelka, apartado del equipo tras haber supuestamente insultado al entonces entrenador Raymond Domenech.

Pero en el 2015 estalla el “caso Benzema”, en el que el delantero estrella del Real Madrid es acusado por la justicia francesa de hacer chantaje a su compañero de selección Mathieu Valbuena con un video de contenido sexual.

Deschamps deja a Benzema fuera del equipo para la Eurocopa 2016, que se celebra en Francia, y el delantero le acusa de “ceder a la presión de la Francia racista”.

Pero Deschamps sigue con sus convicciones, formando un equipo a su imagen y Benzema no volverá a jugar con los Bleus… al menos hasta el momento.

En la Eurocopa 2016, los Bleus hacen soñar a todo el país con el título, aunque finalmente lo pierden en la prórroga en la final ante Portugal. Pero los Griezmann, Lloris, Pogba y compañía se han ganado el corazón de los franceses. Deschamps también.

Didier no quiere hablar con sus jugadores de lo que él logró hace 20 años porque desea que escriban su propia historia. / AFP PHOTO / Paul ELLIS /
Didier no quiere hablar con sus jugadores de lo que él logró hace 20 años porque desea que escriban su propia historia. / AFP PHOTO / Paul ELLIS /

Ahora, 20 años después de haber ganado el título en 1998 y en contra de muchos pronósticos, Deschamps tiene la oportunidad de dar una segunda estrella a su país, con un equipo aún más joven que el de 2016, liderado por Kylian Mbappé, la gran sensación del torneo, y con una defensa de hierro.