Mientras miles de aficionados sueñan con estar en una Copa del Mundo aunque sea por unos minutos, el camarógrafo costarricense Gilbert Chaves Mora vive el Mundial 2026 desde un lugar privilegiado: a pocos centímetros de las máximas estrellas del planeta.
En los túneles de los estadios, en los camerinos y junto a la cancha, este santaneño, de 47 años, tiene la misión de capturar algunas de las imágenes más importantes del torneo.
Su cámara sigue a los jugadores cuando llegan al estadio, cuando se preparan para salir a la cancha y cuando viven los momentos más intensos de la competición.
Sin embargo, detrás de cada toma existe una historia de sacrificio familiar, sueños aplazados y una pasión por el fútbol que nunca desapareció.
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Porque Gilbert también soñó con llegar a un Mundial como futbolista.
Con el fútbol en la sangre
Desde pequeño el balón fue parte de su vida. Jugó fútbol, destacó en torneos infantiles y hasta estuvo muy cerca de dar el salto a la primera división con Goicoechea y Carmelita, pero Dios le tenía otro camino.
En los años del famoso Mundialito del periódico Al Día luchó por el goleo y compartió cancha con varios jugadores que más adelante alcanzarían el profesionalismo.
“Yo jugué fútbol y tuve mi acercamiento a la Primera División. Estuve en procesos y tuve oportunidades, pero no se me dio. Claro que dolió, porque uno sueña con eso desde pequeño. Tengo compañeros de escuela que llegaron a ser seleccionados nacionales y uno siempre se imagina viviendo algo parecido”, recordó.
La puerta del fútbol profesional terminó cerrándose, pero la vida ya le estaba preparando otra.
Una beca de inglés lo cambió todo
Si Gilbert hoy trabaja para producciones internacionales de la FIFA no es solamente por su talento detrás de una cámara.
También existe una enorme deuda de gratitud con sus papás, don Jerónimo Chaves Araya y doña Aracely Mora Marín.
Cuando era adolescente obtuvo una beca para estudiar en el Instituto Bilingüe Costarricense. Mantenerla exigía sacrificios económicos y personales.
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“Mis papás hicieron un esfuerzo enorme para que yo estudiara inglés. Me ayudaban con los pases, con todo. Yo tenía como 14 años y no podía perder esa oportunidad. Gracias a esa beca hablo inglés y gracias al sacrificio de ellos me gradué. Hoy ese inglés me ha abierto muchísimas puertas en el trabajo internacional”, contó con tremendo orgullo de sus padres.
Aquellas lecciones que parecían simples clases terminaron convirtiéndose en una herramienta fundamental para comunicarse con productores, directores y equipos de televisión de distintas partes del mundo.
Por supuesto, otro pilar en su vida es su hija Emily, a quien ama con todo su corazón.
Lo de la cámara comenzó como un juego
La historia también tiene algo de destino. Cuando trabajaba en la empresa Hitachi le prestaban una vieja cámara VHS, Gilbert comenzó a grabar partidos, cumpleaños y actividades del barrio. Era un simple pasatiempo.
“Compré un casete y empecé a grabar a la gente del barrio, partidos y cualquier actividad. Nunca imaginé que aquello que empezó como un juego me iba a llevar a recorrer más de 25 países hoy día”.
Después estudió, pasó por el INA, trabajó en Extra TV y posteriormente desarrolló gran parte de su carrera en Repretel, donde acumuló experiencia durante más de una década.
Su crecimiento llamó la atención de producciones internacionales vinculadas con CONCACAF, la Copa Oro, eliminatorias mundialistas y finalmente la FIFA.
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Hoy Gilbert forma parte de la producción oficial del Mundial 2026. Ya tuvo la oportunidad de trabajar muy cerca de figuras internacionales y asegura que todavía le cuesta creer algunos momentos que vive.
“Uno está ahí en el túnel, a centímetros de los jugadores. Hasta el perfume les huele. Estuve muy cerca de Manuel Neuer (fue camarógrafo titular el pasado 14 de junio cuando Alemania enfrentó a Curazao) y el siguiente es el 17 de junio, el que enfrenta a Portugal con la República Democrática del Congo. Posiblemente tenga a Cristiano Ronaldo igual de cerca. Es algo impresionante”, acepta.
Aunque reconoce la magnitud de lo que vive, intenta mantener los pies sobre la tierra.
“Ya cuando uno está trabajando entra en modo trabajo. Después del partido es cuando cae la realidad y uno piensa: ‘Estoy donde millones de personas quisieran estar’”.
Gran mensaje
Cada noche, cuando termina su jornada, revisa los mensajes que le llegan desde Costa Rica.
Familiares, amigos y desconocidos le escriben para felicitarlo. Algunos, incluso, le dicen que sienten que están viviendo el Mundial junto a él. Esos mensajes lo conmueven.
“Se me cerró la puerta del fútbol, pero Dios me abrió la puerta del Mundial como camarógrafo y además como titular. Por eso siempre digo que vale la pena soñar. Que nadie se desanime. A veces los sueños no llegan por donde uno pensaba, pero llegan”.
Y mientras el balón sigue rodando en los estadios mundialistas, aquel muchacho de Santa Ana que soñaba con jugar una Copa del Mundo hoy cumple ese sueño desde otro ángulo.








