Henry Araya Seas tiene 41 años y una historia que parece imposible.
El 18 de octubre del 2017 sufrió un accidente de motocicleta que estuvo a punto de quitarle la vida. Perdió el pie derecho, sufrió dos paros cardíacos, permaneció dos meses en cuidados intensivos y tuvo que someterse a varias operaciones más.
Hoy, nueve años después, este vecino de Heredia volvió a encontrar en el deporte una pasión y hasta se atrevió a enfrentar una etapa de La Ruta de los Conquistadores, una de las competencias de ciclismo de montaña más duras del planeta.
Para entender su hazaña hay que regresar al día en que todo cambió.
Henry se dirigía a su trabajo en el Coyol de Alajuela cuando un vehículo se atravesó en su camino. No recuerda el accidente; conoce los detalles por los testigos.
“Según me cuentan, traté de esquivar el carro, pero no me dio tiempo. Impacté contra el eje trasero, salí volando y terminé en la carretera. Estuve a medio milímetro de morir desnucado.
“Durante el traslado de la Cruz Roja tuve dos paros cardíacos. Me estabilizaron y me llevaron al hospital de Alajuela. Después me trasladaron al Hospital México y posteriormente al Hospital del Trauma”, es lo primero que nos contó.
Su estado era tan grave que los médicos veían tres posibilidades: que muriera, que quedara como un vegetal o que sobreviviera con daños cognitivos que le impedirían llevar una vida normal.
“El emergenciólogo que me recibió conocía a mi suegra y le dijo que llamara a mis papás, que viven en Estados Unidos, para que se despidieran de mí porque había muy pocas posibilidades de que sobreviviera.
“Yo estaba en coma y no sabía nada. Mi mamá cuenta que cuando llegó a cuidados intensivos ni siquiera me reconoció. Estaba tan inflamado y amarillo que era irreconocible. Me identificó por el número de la cama y mi nombre”.
Perdió el pie, pero no las ganas de vivir
Las lesiones más graves estaban en su cabeza y tórax. Sus pulmones estaban comprometidos y Henry necesitó una compleja reconstrucción del bronquio principal del pulmón izquierdo. Finalmente, tuvieron que amputarle el pie derecho.
La operación de tórax era tan peligrosa que su familia tuvo que firmar los documentos en los que se advertía que podía morir durante la cirugía.
“Tuve la bendición de que Dios puso en mi camino a médicos extraordinarios. El doctor Mainieri, jefe de cirugía de tórax y de los mejores de Centroamérica, fue quien me operó.
“También tuve especialistas excelentes en neumología y neurología. Yo digo que Dios puso ángeles en mi camino. Mi caso era muy particular y ellos hicieron un trabajo impresionante”.
Henry salió del hospital el 22 de diciembre del 2017, después de dos meses en cuidados intensivos. Pesaba apenas 37 kilos y medio.
También quedó con una limitación respiratoria crónica y dos lesiones cerebrales, pero recuperó sus capacidades cognitivas.
Todavía recuerda la sorpresa de un neurólogo cuando lo vio caminando.
“Revisó mi expediente y me preguntó si yo era Henry Araya. Le dije que sí y me dijo que no podía creer que estuviera entrando por esa puerta caminando.
“Lo que decía mi expediente no correspondía con la persona que tenía enfrente. Él esperaba encontrar a alguien en una cama, posiblemente en estado vegetal”, recordó.
Su esposa nunca lo soltó
Cuando ocurrió el accidente, Henry llevaba apenas un año y tres meses casado con Andrea Aguilar. Ella permaneció a su lado durante todo el proceso.
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“En algún momento yo le dije: ‘Andrea, usted no tiene que pasar por esto. Si quiere, se puede ir y conseguirse a alguien mejor’. Ella me pegó una regañada y yo dije: bueno, está conmigo.
“Gracias a Dios, seguimos juntos. Ya tenemos 11 años de casados y ella siempre me apoya. Me dice que me admira mucho por las ganas que les pongo a las cosas”.
Henry tampoco quería quedarse quieto por lo ocurrido. Apenas pudo, pidió regresar a trabajar como ingeniero industrial y en enero del 2018 volvió al gimnasio.
La recuperación tuvo nuevos obstáculos. En el 2018 sufrió complicaciones respiratorias porque el bronquio comenzó a cerrarse. Necesitó nuevas intervenciones y prótesis bronquiales hasta que en el 2020 recibió el alta de ese tratamiento.
La bicicleta le devolvió los retos
Él siempre había sido deportista. Desde niño practicó fútbol y llegó a competir en categorías de alto rendimiento. Después del accidente, encontró en el ejercicio una manera de recuperar su independencia.
Primero aprendió a nadar y luego se enamoró del ciclismo. “Ocupaba hacer deporte, hacer algo. Empecé con el gimnasio, después se me ocurrió aprender a nadar y me gustó muchísimo. Luego vino una actividad de ciclismo y empecé a meterme poco a poco.
“Tuve que aprender a manejarme nuevamente en la bicicleta sin un pie, con prótesis, recuperar la agilidad, perder el miedo y acostumbrarme a utilizar los implementos.
“Compré mis zapatos, empecé a usar clips y fui avanzando. El ciclismo me despertó algo que tenía desde joven: esa mentalidad de entrenar para una competencia, prepararme y tener una meta. Eso me renovó la pasión”.
Desde entonces ha participado en eventos como la Volcano, Arenal Epic y los fondos de Andrey Amador. Pero tenía una espinita: la Ruta de los Conquistadores.
Siete horas y 28 minutos de determinación
Se preparó durante todo un año para enfrentar el desafío. Participó en la tercera etapa en la que recorrió 50,3 kilómetros durante siete horas y 28 minutos, usando una prótesis en su pierna derecha.
La exigencia fue tanta que quedó fuera del tiempo establecido para clasificar, pero terminó el recorrido y cruzó la meta.
“En esta ocasión la Ruta me ganó, me pasó por encima. Yo sabía que me faltaba preparación, pero hice lo que podía con lo que tenía y di lo mejor de mí.
“Cuando terminé, lo primero que pensé fue en que quería volver. Ahora sé que tengo que entrenar más, prepararme mejor y regresar para dar lo mejor de mí. No quiero quedarme con la idea de que no pude”.
Para él, cada kilómetro tiene un significado que va mucho más allá del deporte.
“Hay momentos en los que uno va subiendo, vuelve a ver el paisaje y siente unas ganas de llorar. Yo le doy gracias a Dios por permitirme estar ahí, por poder ver esas cosas, conocer personas y hacer amigos.
“Esto es vida. Hay que disfrutarla, buscar retos, no quedarse en una zona de confort y tratar de mejorar física, mental y espiritualmente”.
Quiere dejar un legado en su hijo
Henry y Andrea tienen un hijo llamado Matías, de seis años, quien se ha convertido en otra de sus grandes motivaciones.
Sus papás, Henry Araya y María Seas, también se sienten orgullosos, aunque reconocen que todavía se preocupan cada vez que sale a entrenar.
“Yo tengo las consecuencias del accidente, pero para mis papás fue muchísimo más impactante porque ellos vivieron toda la parte sicológica de no saber si yo iba a vivir. Entiendo que se preocupen, pero tampoco puedo limitarme ni dejar de retarme por temor”.
Uno de los momentos que más lo emocionó ocurrió durante una actividad de ciclismo en Pérez Zeledón, cuando vio a Matías salir corriendo a recibirlo.
“Son cosas que uno dice: esto es lo que me motiva. Yo quiero dejar un legado en mi hijo, que vea que su papá fue una persona que luchó, que batalló y que se esforzó. Me gustaría que me recuerden como alguien que nunca dejó de luchar”.
Henry sabe que la vida le dio una segunda oportunidad y no piensa desperdiciarla.
“Yo tendría que estar muerto. Eso es una realidad. Me tuvieron que haber enterrado hace nueve años, pero Dios me permitió seguir aquí y algún propósito tendrá para mí. Mi responsabilidad es ser agradecido, disfrutar y dar testimonio de lo que hizo en mi vida, para que otras personas vean que sí existen los milagros”.
Y mientras tenga fuerzas para pedalear, seguirá buscando nuevas metas. Porque perdió una pierna, pero jamás perdió las ganas de llegar más lejos… ¡Y denle un chancecito! Porque nos confirmó que “me voy a preparar más y mejor para volver a La Ruta de los Conquistadores en el 2027”.
Más de 1.400 prótesis al año
El Laboratorio de Órtesis y Prótesis de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) fabrica más de 1.400 prótesis de piernas al año, con lo cual ayuda a los pacientes a regresar en buena parte a su vida anterior al accidente. Las prótesis están hechas de titanio y carbono, con diseños personalizados.
La propia CCSS informó que simplificó los requisitos y redujo el tiempo para todos los asegurados que requieran una prótesis de miembro inferior.
“Aportar el documento de identidad, estar asegurado y al día, y contar con una receta médica emitida por un fisiatra de la institución serán los requisitos que todo usuario deberá cumplir para recibir una prótesis del miembro inferior; es decir, desde la cadera hasta el pie”, explica la CCSS.
En cuanto a la reducción de tiempos, “para el trámite de la receta, 20 días; para el agendamiento de la cita, una vez aprobada la solicitud, 40 días; y para la entrega de la prótesis, 100 días, plazo que puede ampliarse si surge algún imprevisto”, aclara la institución.
El INS también
El Instituto Nacional de Seguros (INS), en sus datos más recientes, asegura que en total 272 personas sufrieron amputaciones como consecuencia de accidentes durante el primer trimestre de 2026, según datos de la Red de Servicios de Salud del INS, al final de mayo pasado.
“La mayoría de los casos corresponde al régimen del Seguro Obligatorio de Riesgos del Trabajo (RT), que contabilizó 222 personas amputadas, consolidándose como la principal causa de este tipo de lesiones en el país, durante el periodo analizado.
“Por su parte, el Seguro Obligatorio Automotor (SOA) registró 49 casos, mientras que el seguro de Responsabilidad Civil reportó un caso adicional”.
“Detrás de cada una de estas cifras hay personas y familias cuya vida cambió por completo tras una lesión severa.
“Por eso es fundamental fortalecer la prevención, promover espacios de trabajo más seguros y fomentar una conducción responsable que ayude a evitar este tipo de situaciones”, aseguró el doctor Kenneth Rojas, director de la Red de Salud del INS.


















