En Cieneguita de Limón, cuando Costa Rica dormía, un chiquillo se escapaba de su casa en las madrugadas para ver el cielo. No tenía telescopio, no tenía recursos, pero sí tenía algo más fuerte: curiosidad y así se llenó de sueño.
Ese niño hoy es Homer Dávila Gutiérrez, tiene 45 años y es el primer centroamericano en ser aceptado como miembro de la “Royal Astronomical Society” (Real Sociedad Astronómica), una de las organizaciones científicas más prestigiosas del planeta que supera los 200 años.
“Yo me salía de la casa en las madrugadas, sin que mis papás se dieran cuenta, solo a observar las estrellas. No tenía nada, pero eso era suficiente para soñar”, recuerda.
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En aquellas madrugadas de los años 80, con un Limón mucho más oscuro y sin la contaminación lumínica de hoy, el cielo se convertía en su primer laboratorio.
“Había menos luz, el cielo se veía clarísimo. Yo no entendía lo que estaba viendo, pero sabía que era algo grande”, cuenta.
Su curiosidad se la fue explicando los libros de Escuela para Todos, en donde comenzó a leer de los planetas, las estrellas, el universo en general y un programa espacial que transmitía Canal 13. Fue armando su propio camino, sin saber que ese interés infantil lo llevaría décadas después a un reconocimiento mundial.
Un logro enorme
La emoción llegó el pasado 13 de marzo cuando le confirmaron su ingreso a Royal Astronomical Society”.
“Primero sentí alegría, pero también una gran responsabilidad. Ser miembro no es solo un reconocimiento, es convertirse en una especie de embajador científico”, explicó.
La Royal Astronomical Society, fundada en 1820 en Londres, ha tenido entre sus miembros a gigantes de la ciencia como Albert Einstein, Isaac Newton, Stephen Hawking y Edwin Hubble. Y ahora, por primera vez aparece un costarricense e incluso un centroamericano.
“Esto no es solo para mí. Es un mensaje de que desde Costa Rica también se puede hacer ciencia de nivel mundial”, afirma.
Camino humilde y nada fácil
Homer no tuvo un camino fácil. Viene de una familia humilde: su mamá era cocinera en una escuela y su papá estibador en el muelle de Limón. Nunca tuvo “argollas”, ni conexiones, ni respaldo institucional.
Creció en una familia de 11 hermanos, siendo el menor, en un hogar donde el esfuerzo era el pan de cada día. Su mamá, Marta Gutiérrez, trabajaba en la escuela Rafael Iglesias; el papá, Orlando Carazo, en el muelle de Limón.
“Aquí no hubo ayudas, ni padrinos, ni nada. Todo fue con trabajo y sacrificio de mis padres y después mío”, recuerda.
Estudió en la escuela Rafael Iglesias Castro (también conocida como la Escuela de Niñas). La mitad del colegio la hizo en el Liceo Nuevo de Limón (actualmente se llama Liceo de Limón Mario Bourne Bourne) y terminó su educación colegial en el Liceo Nuevo de Hatillo (Edgar Cervantes), ya viviendo en San José.
Esa realidad marcó su camino. Durante años tuvo que elegir carreras universitarias que no eran su pasión, buscando estabilidad.
“A muchos jóvenes les pasa: estudian algo porque toca, no porque quieren. Y viven frustrados. Me pasó”.
“Cuando uno no tiene redes, lo único que le queda es hacerlo solo. Esto que me dieron es un gran respaldo que dice: ‘lo que haces vale la pena, sus sueños de niño valen la pena’”, dice con orgullo.
Durante años trabajó en otras áreas, hasta que en 2016 tomó una decisión que le cambió la vida: decirle “sí, voy a cumplir tu sueño” a aquel niño de Cieneguita que soñaba con estudiar las estrellas y planetas.
“Llegó un punto donde dije: ‘ya no puedo seguir en algo que no es lo mío’. Empecé a estudiar por mi cuenta, a formarme, a comprar libros… y después formalicé todo”.
Logró sacar una maestría en Astrofísica en la Univeridad Internacinoal de la Rioja (España) y se ha concentrado en estudiar al Sol.
Fue, precisamente, un español, el científico Roberto Baena (doctor en Astronomía y Meteorología por la Universidad de Barcelona) quien desde Europa postuló la candidatura del tico para que se considerara su ingreso a la Royal Astronomical Society.
Ciencia de Costa Rica para el mundo
Su reconocimiento no llegó por casualidad. Además de su formación en astrofísica, Homer ha impulsado la ciencia desde suelo tico.
Desde 2018 organiza observaciones astronómicas abiertas, una vez al mes, en el volcán Irazú, donde miles de personas han podido ver el cielo con telescopios por primera vez y sin pagar un cinco.
“Ya casi llegamos a 9.000 personas. Gente que nunca había visto Saturno o la Luna así de cerca”, cuenta.
También creó un portal digital para divulgar astronomía en español, con alcance en toda Latinoamérica: www.skycr.org
El 13 de marzo recibió la noticia oficial. Fueron cuatro meses de evaluación internacional. Y aunque la felicidad fue grande, lo que quedó fue algo más profundo. “Ahora lo que siento es paz. Es saber que, a pesar de todo, el esfuerzo sí valió”.
Y claro, inevitablemente volvió a ese niño. “Sí, uno se acuerda de dónde viene. Todo empezó en Cieneguita”.
Un mensaje para Costa Rica
Homer lo que quiere dejar claro es que perseguir los sueños, aunque sea el de tocar las estrellas, sí es posible alcanzarlos.
“Creo que esto demuestra que, por más difícil, se puede. Incluso sin apoyo, incluso empezando desde abajo”.
Hoy, su nombre ya está en una lista donde solo están los gigantes de la ciencia espacial. Y desde Cieneguita de Limón, Costa Rica le manda un mensaje al universo: aquí también se vale soñar con las estrellas porque esos sueños se hacen realidad.







