Silvia Villalta es una costarricense que viajó a Australia para visitar a un amigo y, como sabía que estaría en ese país el próximo 1 de febrero, realizó todos los trámites necesarios para empadronarse allá, ya que por nada del mundo se perderá su derecho a votar en las elecciones presidenciales, por eso está realizando un viaje de 3.520 kilómetros.
Ahorita está viviendo en Cairns y el centro de votación está en Canberra, a esa enorme distancia, por eso, en estos momentos que usted está leyendo la nota, ella va viajando para llegarle puntual al voto.
Desde la semana pasada ella, otra tica que no hizo el trámite de empadronarse en Australia y el amigo donde se hospeda en tierras australianas, alquilaron un carro para el viaje.
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Tiene 49 años y viajó para festejar la llegada de sus 50. Vive en Curridabat y en el kínder, la escuela y el colegio fue compañera de José Pablo Elizondo, el tico que vive en Australia y que tenía muchos meses de estarle diciendo que lo visitara.
Vacaciones y patria
“Estoy en Australia desde noviembre del 2025. Faltando dos días para que se cerrara la posibilidad de cambiar el domicilio electoral, hice dos horas de fila en el Tribunal Supremo de Elecciones y me empadroné para votar aquí. Nunca había votado en el extranjero.
“Desde diciembre pasado comencé a estudiar bien las distancias, qué carro era mejor alquilar, dónde me podía quedar a dormir, todo eso lo estudié detalladamente porque eran 3 mil kilómetros. Una amiga se apuntó. Al inicio iba a comenzar el viaje de Sídney a Canberra el 3 de enero, pero la amiga llegó el 15 y eso apretó mucho los tiempos”, nos explicó.
Silvia quería alquilar un carro casa, pero por diferentes circunstancias no pudieron; sin embargo, sí alquilaron un auto grande, después, una visita al supermercado para comprar comida, un colchón, una cobija, una olla y listo, porque en Australia la mayoría de parques tienen cocina de gas gratis, uno solo tiene que llevar la comida y los trastos. Compraba hielo cada 3 días.
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“El recorrido ha sido hermoso, al principio, como estaba más al norte de Australia, en las playas uno no se puede bañar porque hay medusas (las aguas malas como les decimos los ticos) o bien se pone uno un traje cerrado para evitar esas medusas.
“Cada mañana del viaje despierto frente al mar y con el sonido de las olas, eso me ha encantado demasiado. Han sido 3.520 kilómetros en muy buenas condiciones porque en cada lugar que me quedé hay cocina de gas, baños y servicios sanitarios, algo superimportante”, comentó Silvia, quien recordó también que una mañana del viaje, frente al mar, hasta gallopinto hizo.
Sin peligros
Si alguien piensa que en un viaje tan largo y en un país tan extremo como Australia el peligro está a la orden del día, Silvia los tranquiliza al explicar que mucha gente realiza viajes así, por eso siempre se topaba decenas de carros casa o vehículos normales adaptados para acampar, entonces, sus 3.520 kilómetros no tuvieron ningún tipo de peligro.
Antes del viaje, se nos olvidaba contarles, Silvia tomó una gran decisión, pelarse casi pelona. Fue de pelo largo, pero como iba para Australia y por los calores, se pasó la máquina y su pelo lo donó a una institución que hace pelucas para mujeres que luchan contra el cáncer de mama.
¿Por qué un viaje tan largo?
Silvia, sin dudarlo, respondió la pregunta por qué hacer semejante viaje por votar y tiene que ver mucho con los pilares que los padres construyen en el hogar para que sus hijos aprendan a amar Costa Rica y su muy respetada y admirada democracia.
“Recuerdo muy bien que mis papás, desde que era muy pequeñita nos llevaban a votaciones infantiles. Ellos nunca se esperaron a que tuviéramos 18 años. Crecí yendo a votar al Museo de los Niños, al Colegio de Médicos, donde hubiese infantiles íbamos.
“Ya grandes nos acostumbramos a ir a votar en familia en Zapote. En casa las votaciones presidenciales siempre se celebran como una fiesta, salimos en el carro con banderas, todos nos respetamos los colores y vamos a votar unidos.
“Desde niña mis papás me dejaron claro que Costa Rica disfruta de una democracia que otros países no viven y que se debe aprovecha ser libres y poder elegir el presidente democráticamente”, responde.
Desde Australia nos motiva a vivir la fiesta patria con alegría y que no nos quedemos sin votar. “Estoy muy ilusionada porque el próximo sábado 31 de enero ya espero reunirme con otros ticos y me dicen que habrá una tamaleada antes de las votaciones.
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“El viaje en verdad siempre lo tuve en mente porque no iba a deja de votar por nada, hay que votar. Me tocó viajar 3.520 kilómetros, no importa, la democracia los vale, eso me enseñaron mis papás”, asegura con gran orgullo.







