En Costa Rica hay regresos que no solo se anuncian, se sienten, se disfrutan, se aman… y el de Los Zumbis es uno de esos que sacuden el corazón.
Para muchos, no se trata solo de un juego en el periódico, sino de recuerdos familiares, risas y tardes enteras buscando personajes entre dibujos.
Ese sentimiento lo resume perfecto Natalia Alfaro, vecina de San Pedro de Poás de Alajuela, quien no solo creció con Los Zumbis, sino que los guardó como un tesoro por más de dos décadas.
“Sentí muy bonito que vuelven. Ahora soy mamá, tengo un niño (Samuel) y me da la ilusión de pensar que puedo hacer la colección de hoy. Nunca imaginé que iba a compartir Los Zumbis con un hijo”, contó con una alegría total que se siente hasta en la voz.
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Infancia entre cafetales y sueños
Natalia creció en una Costa Rica distinta, más tranquila, más rural, donde la felicidad estaba en lo simple.
“Me iba a pie para la escuela y regresaba igual, no había peligro de nada. Ahora hay demasiados carros. Crecí entre cafetales, mi abuela tenía cafetal a un lado y cañal al otro, ahí jugábamos, íbamos al río, andábamos en bicicleta, nos subíamos a los árboles a bajar guayabas”, recordó.
Su abuelita, Socorro Román, era parte clave de esos días inolvidables.
“No me gustaba coger café, era muy mala, si acaso dos cajuelas al día, pero me encantaba estar ahí cuando mi abuela llegaba con los gallitos, el cafecito… todo envuelto en hoja de plátano, con gallopinto y tortita de huevo. Eso era lo más rico”, dijo con pura nostalgia.
Zumbidiccionario la marcó
En medio de esa infancia sencilla, llegó algo que le voló la cabeza, Los Zumbis, logrando un amor inmediato, una química perfecta con el famoso Zumbidiccionario.
“Mi papá (don Alberto Alfaro) compraba el periódico por las tareas y así llegaron Los Zumbis a nuestro hogar. Éramos tres hermanas, pero yo rescaté los fascículos del Zumbidiccionario de inglés y me aseguré de pedirle a papi o pedir plata para comprar el periódico todos los miércoles”, contó.
La colección no fue fácil: le faltaron dos fascículos, el de la C y el último, pero eso no le quitó el amor.
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“En total tengo 10 y eran 12. En el fascículo cuatro venían las fechas en que iban a salir. Estaba en sexto grado, en la escuela Pedro Aguirre de San Pedro de Poás en Alajuela, iba para 12 años”, recordó.
Aprender jugando
Los Zumbis no solo eran diversión, también dejaron huella.
“Esos fascículos me encantaban para hacer las actividades: sopas de letras, laberintos… venían en inglés y español. Enseñaban inglés con los dibujitos de los Zumbis haciendo algo relacionado con la palabra”, explicó.
Y no fue en vano. “Cuando reviso el Zumbidiccionario veo que sí lo llené, hice las prácticas en inglés. Todo eso se me quedó hasta el día de hoy. Cumplieron la misión de entretener y educar”, aseguró.
Tesoro guardado con amor
Lo más increíble es que Natalia no dejó que esos fascículos se perdieran con el paso del tiempo.
“Yo nunca dejé que los usaran para recortes. Los guardé en un folder, les hice una portada especial, puse 1998 porque ellos no traían el año. Ahí escribí que era mío y los guardé con todos los recuerdos de sexto grado”, contó.
Ese cariño venía desde mucho antes de ser mamá.
“Cuando me casé me traje mis recuerdos en una cajita. Siempre tuve la ilusión de enseñarles mis recuerdos a mis hijos y la historia detrás de cada uno como lo hizo conmigo mi mamá (doña Xinia Murillo)”.
Un legado que ahora sigue
Hoy, con su hijo de cinco años, ese sueño toma forma.
“En mi mente estaba desde antes de que mi hijo naciera que iba a guardar mis recuerdos para compartirlos con mis hijos. Ahora lo voy a hacer con él”, afirmó emocionada.
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Incluso, su esposo, Eduardo Vargas, se sorprendió.
“Mi esposo ni sabía que yo tenía el Zumbidiccionario. Es un hecho que compraré La Teja para coleccionar, otra vez, a Los Zumbis, pero ahora con mi hijo disfrutándolos también”, contó entre risas.
Un zumbiregreso para toda una generación
Historias como la de Natalia se repiten en todo el país porque Los Zumbis no fueron solo un pasatiempo: fueron parte de la infancia, de la familia, de una Costa Rica que muchos recuerdan con cariño.
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Y ahora, con su regreso a La Teja el próximo lunes 27 de abril, no solo vuelven los dibujos… vuelven las emociones.
Vuelven las risas, las competencias en la mesa, los “ya lo encontré” y ese pequeño gran momento de felicidad que marcó a toda una generación.
Natalia Alfaro conservó su colección de Los Zumbis por años y ahora la compartirá con su hijo.






