Uno esperaba con ilusión el nacimiento de sus hijas y el otro apenas llevaba tres días de casado. Aun así, dos valientes cruzrojistas dejaron de lado esos momentos especiales para internarse en la montaña del Zurquí, en el Parque Nacional Braulio Carrillo, y participar en la búsqueda de tres hombres que habían sido arrastrados con sus vehículos por una aterradora cabeza de agua.
Esa es la historia de Melvin Matarrita y Warner Loaiza, quienes arriesgaron sus propias vidas con tal de devolverles un poco de paz a tres familias que habían perdido a sus seres queridos en aquella tragedia, ocurrida el 4 de agosto de 1997.
“Mi esposa no me hizo buena cara de que en plena luna de miel me tuviera que ir a la montaña, pero si yo no lo hacía, ¿quién lo iba a hacer? La Cruz Roja para mí ha sido mi padre y mi madre, y yo acudí al llamado del deber”, contó Loaiza.
Por su parte, Matarrita vivió el operativo con otro temor muy personal: en medio de aquella peligrosa búsqueda llegó a pensar que podía morir sin siquiera conocer a sus pequeñas hijas, que estaban por nacer.
“Aunque uno quería servir, siempre se tiene un temor humano, de pasar a ser parte de la estadística, de la historia”, recordó Matarrita.
Afortunadamente, todo terminó de buena manera para ambos cruzrojistas y lo más importante es que la labor que realizaron junto con varios compañeros permitió que las familias afectadas pudieran darles el último adiós a los tres hombres que murieron en ese incidente.
Las víctimas mortales de ese hecho fueron los guardaparques Francisco Valverde Jiménez, de 37 años, y Vianey Delgado Picado, de 41, y un conductor de Diario Extra identificado como Marvin Morales Huertas, de 31 años, quien regresaba de entregar periódicos en Limón.
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Temporal causó tragedia
El lamentable hecho ocurrió a eso de las 7:10 a. m. del lunes 4 de agosto de 1997, cerca del túnel Zurquí, luego de que una cabeza de agua arrastró con fuerza los dos vehículos en los que viajaban los guardaparques y Morales.
Según reportaron medios nacionales, para ese momento el país se encontraba afectado por un temporal provocado por una onda tropical que había ingresado por el Caribe durante las últimas horas del domingo, afectando principalmente la Zona Norte y la vertiente del Caribe.
“Nos reportaron una avalancha en el Zurquí, entonces en ese momento se despachó una primera unidad para verificar lo acontecido, porque se hablaba de varios vehículos involucrados, que habían sido arrastrados por una cabeza de agua o una avalancha del otro lado del túnel.
“Llegamos al sitio donde ocurrió la desgracia y en un profundo guindo pudimos ver rastros de los vehículos arrastrados, por lo que se activó el protocolo de asistencia y rescate. Recuerdo que antes de las 10 de la mañana ya había alrededor de unas 15 unidades”, recordó Melvin.
En medio del peligro
De inmediato, los grupos de rescate iniciaron el descenso por el abismo al que la cabeza de agua había arrastrado los dos vehículos. Según recordó Matarrita, desde ese momento los cruzrojistas comenzaron a poner en riesgo sus propias vidas, pues las probabilidades de que ocurriera un deslizamiento u otra emergencia eran muy altas.
“Recuerdo que ese año llovía demasiado, se daban derrumbes prácticamente todos los días en ese cerro, eran como ahorita”, agregó.
Por su parte, Loaiza reveló que durante aquel descenso y a lo largo del operativo de búsqueda y rescate sintieron que la muerte los acechaba en más de una ocasión.
“Casi morimos en tres ocasiones, sobre todo cuando íbamos bajando, porque se venían escombros y cabezas de agua más pequeñas, pero igual de peligrosas”, recordó.
Las primeras labores de búsqueda se extendieron durante dos días sin mayor éxito. Durante ese tiempo, los rescatistas tuvieron que dormir en la montaña donde escucharon los retumbos de cómo la tierra se iba “acomodando” por el efecto de las lluvias.
Esfuerzo dio primer resultado
El intenso trabajo de búsqueda de los rescatistas dio su primer resultado el 6 de agosto de ese año, cuando después de una extensa labor de rastreo, lograron ubicar el cuerpo del guardaparques Vianey Delgado Picado, de 41 años.
Para Matarrita, aquel momento quedó marcado por una difícil mezcla de emociones, pues mientras participaba en la búsqueda en medio de la montaña, su esposa se preparaba para dar a luz a sus hijas.
“El primero al que encontramos fue don Vianey; lo recuerdo muy bien porque eso fue el 6 de agosto y ese día mi esposa ya iba para el hospital con los primeros dolores. Entonces yo estaba entre la incertidumbre de que mi esposa estaba en labor de parto y yo en medio de la montaña, con el peligro constante de una segunda avalancha”.
De acuerdo con una publicación de La Nación, el cuerpo de Delgado fue encontrado debajo de una enorme piedra, hasta la que llegaron los rescatistas tras seguir un rastro dejado por unos zapatos café y una camisa de rayas que le pertenecían al guardaparques.
“El cuerpo lo encontramos a unos dos kilómetros de donde se dio la avalancha. Logramos sacar el cadáver del señor como a las 5 de la tarde, por el sector que llaman Ventanas. Por temas del clima se suspendió la búsqueda hasta el día siguiente”, recordó Matarrita.
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Hijas lo sacaron un momento de la montaña
Los trabajos de búsqueda continuaron al día siguiente y, lamentablemente, Melvin sufrió un corte bastante grande en su mano izquierda que se produjo cuando él salvó a una funcionaria del Minae de caer a un precipicio.
Matarrita tuvo que salir de la montaña para ser atendido, pues tuvieron que hacerle seis puntadas en esa mano. En ese mismo momento, el cruzrojista recibió una noticia que le cambió la vida y que nada tenía que ver con el operativo en el que participaba.
“Me avisaron que mi esposa estaba dando a luz en el hospital, entonces yo estaba entre esa situación y el ayudar a las familias a recuperar los cuerpos de sus seres queridos. Pedí permiso para ir al hospital, me dijeron que sí, pero que luego necesitaban que me reintegrara a las labores.
“Salí a ver el parto de mis hijas, pero llegué tarde, ya habían nacido mis dos hijas: Grethel y María Victoria. Recuerdo que mi esposa salía al día siguiente del hospital, entonces le dije a una hermana que se hiciera cargo y llegara a la casa, porque yo tenía que regresar a la montaña”.
Para Melvin, tomar la decisión de regresar a la búsqueda no fue fácil. Sabía que existía un enorme riesgo de no volver con vida a su hogar, pero también tenía claro que había asumido un compromiso con las familias de las víctimas y que todavía quedaba trabajo por hacer.
“Un cruzrojista no se hace en el camino, uno nace con ese don, es un don que Dios les da a las personas de empatía, amor y sacrificio. Cuando usted es un cruzrojista de corazón usted no mide cansancios, no mide situaciones personales, usted lo único que quiere es salvar vidas y llevar alivio a las familias necesitadas”, destacó.
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De nuevo a la montaña
Con la convicción de encontrar a los desaparecidos que aún faltaban por localizar y regresar a sus casas con sus hijas recién nacidas, Melvin ingresó de nuevo a la montaña junto con varios de sus compañeros para reanudar la búsqueda.
Afortunadamente, ese día ocurrió lo que tanto anhelaban los rescatistas.
“Ese día, gracias a Dios, logramos dar con las otras dos personas. Estaban aproximadamente un kilómetro más abajo de donde habíamos encontrado a don Vianney.
“Uno de ellos era compañero de don Vianney, de apellido Valverde, lo recuerdo bien, y el otro era un muchacho de nombre Marvin, que decían que era de la Extra”.
En aquel entonces, muchos cuestionaron el hecho de que se tardara en encontrar los dos cuerpos restantes si no estaban tan lejos del lugar del primer hallazgo; sin embargo, Melvin explicó que hay situaciones que las personas no comprenden.
“Lo que sucede es que a veces las personas no tienen una idea la magnitud del daño que puede hacer un desastre natural. Cuando uno va al cauce de un río no sabe cuánta piedra o material arrastró ese río, entonces se tiene que ir minuciosamente revisando todo, moviendo y observando, porque puede ser desde un cuerpo humano hasta un animal”.
Tras varias horas, Matarrita y sus compañeros lograron sacar los cuerpos hasta un punto seguro, donde fueron entregados a las autoridades judiciales; sin embargo, ahí no terminó el operativo.
“Nosotros no nos quedamos, porque empezaron a salir rumores de que había más desaparecidos, pero nunca se confirmó. Tiempo después recuerdo que aparecieron unas osamentas río abajo, pero nunca se confirmó que fueran de esa misma emergencia”.
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Enorme satisfacción
Matarrita explicó que hay cosas que siempre quedan grabadas en la memoria de un cruzrojista, como los nombres de algunas personas. En su caso, hasta el día de hoy sigue recordando a aquellos tres hombres que murieron en esa tragedia y cómo él pudo ayudar a que sus familiares recibieran un poco de paz en medio de tanto dolor.
“Cuando un cruzrojista logra salvar una vida o recuperar un cuerpo, no hay cansancio que supere lo que se siente en el corazón, porque uno siente como una paz, un alivio, sobre todo cuando ve la sonrisa de un niño o el abrazo de una familia que va a poder darle el último adiós a un ser querido, no hay forma de explicar lo que uno siente”.






