La banda presidencial que lucirá la presidenta electa Laura Fernández el próximo 8 de mayo, en el traspaso de poderes, no nació en una fábrica ni salió de un proceso en serie.
Nace en una familia herediana, entre hilos, agujas, esfuerzo… y una enorme carga de amor por Costa Rica. Fue hecha 100% a mano por dos hermanas.
Esa banda, que representa el traspaso del poder y el inicio de un nuevo capítulo político, vuelve a tener detrás a las hermanas María del Rosario y María Elena Camacho Badilla, dos mujeres que, sin buscar protagonismo, se han convertido en piezas clave de momentos históricos del país. La historia no es nueva, pero sí profundamente especial.
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Tradición para 4 gobiernos
El trabajo de las hermanas Camacho no empezó con doña Laura Fernández. Viene desde hace 16 años, cuando, por recomendación de una exalumna de un curso de bordado que dio doña María del Rosario, fue contactada para hacer la banda presidencial de Luis Guillermo Solís (2014-2018).
A partir de ahí, su talento la llevó a repetir la tarea en los traspasos presidenciales de Carlos Alvarado (2018-2022) y Rodrigo Chaves (2022-2026), convirtiéndose en artesanas de confianza para una de las piezas más simbólicas del país el 8 de mayo.
Ahora, en 2026, esa misma esencia se mantiene, pero con un ingrediente nuevo. “Este escudo se siente diferente. Siempre le pongo amor, pero ahora es para una mujer. Eso lo hace especial”, contó María del Rosario.
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Puntada a puntada
El escudo nacional que lleva la banda no es un detalle menor. Es el corazón de la pieza y uno de los elementos más complicados de hacer. Doña María del Rosario lo hace completamente a mano.
“Son horas y horas. A veces ocho, a veces 10 horas diarias. Es la vista, las manos, la espalda… todo el cuerpo trabajando, por eso requiere mucho esfuerzo”, explicó.
El proceso arrancó en febrero, cuando incluso fue a tomarle medidas a la próxima presidenta, y se extendió por casi dos meses. Cada puntada tiene intención, pero esta vez también tiene innovación.
“Le hice los granitos de café al escudo con hilo color cobre especial. Eso hace que resalten más. También cambié la puntada y por eso veo que quedó más lindo. Es el escudo más bonito que he hecho hasta el momento”, aseguró con orgullo doña María del Rosario.
Trabajo que no se cobra
A pesar del nivel de detalle y del tiempo invertido, hay algo que sorprende aún más: las hermanas no cobran por hacer la banda presidencial ni un cinco.
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“Me llamaron de Casa Presidencial para ver si estaba dispuesta a hacerle la banda presidencial a doña Laura; dije que sí, que con mucho gusto.
“Entonces me dijeron que cuál era el precio y le dije: la banda presidencial tiene un significado invaluable, ya que la persona que la va a usar es quien conducirá los destinos de nuestra patria; por tal razón, yo la bordo a mano y la dono con un gran sentimiento”, reconoce María del Rosario.
Esa decisión convierte cada banda en algo más que un objeto: en una donación cargada de identidad nacional y amor por la patria.
La otra mitad: gran precisión
Mientras el escudo toma forma con hilos, paciencia y amor, María Elena se encarga de la banda. Su proceso es igual de detallado y tradicional.
“No rayamos y cortamos con tijeras la tela. Sacamos hebra por hebra en línea recta donde después cortamos con tijera para que el corte quede perfecto en cada color usado”, explicó.
Cada color de la bandera se trabaja por separado, luego se unen con cuidado, se plancha y se remata con las borlas.
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Para este 2026, la banda tiene ajustes especiales: será un poco menos ancha y adaptada a la figura de doña Laura, lo que implicó un trabajo más detallado desde el inicio. Mide 13 centímetros de ancho por metro y medio de largo.
Historia de responsabilidad
El compromiso de doña María Elena con este trabajo ha llegado a niveles extremos. Años atrás, mientras confeccionaba la banda presidencial de Luis Guillermo Solís, sufrió un infarto. Pero ni eso la detuvo.
“En el hospital pregunté si me permitían que un familiar me llevara la máquina de coser. Yo quería cumplir con el trabajo”, recordó.
Aunque al final tuvo que esperar para terminarla, logró entregarla a tiempo. Ese mismo nivel de responsabilidad se mantiene hoy.
Emoción más allá de la política
Para las hermanas, el momento más impactante no es cuando terminan la banda, sino cuando la ven en acción.
“Cuando uno ve al presidente con la banda, y sabe que salió de nuestras manos… es una emoción enorme”, dijo María del Rosario.
Las cámaras enfocan el escudo, el símbolo… y detrás está su trabajo. Un trabajo silencioso, pero profundamente significativo.
Este 2026 tiene un elemento que transforma la experiencia: la banda será utilizada por una mujer.
“Hay una emoción diferente. Es algo muy bonito”, coincidieron. Además, sí fueron tomadas en cuenta para el momento histórico.
“Nos invitaron al traspaso. Eso nos llena mucho. Don Luis Guillermo sí nos invitó al Estadio Nacional y al almuerzo posterior; don Rodrigo Chaves también. Carlos Alvarado ni las gracias nos dio, no nos invitaron a nada”, recordaron.
La banda presidencial que usará Laura Fernández no es solo tela con colores patrios. Es historia con tremendo olor a amor costarricense. Es tradición que se mantiene. Es sacrificio que no se ve. Es amor del bueno.
Y es, sobre todo, el reflejo de dos esposas, madres y abuelas que, desde Heredia, han logrado con gran amor bordar su nombre, literalmente, en la historia de Costa Rica.
Con una muy linda frase, las hermanas resumen su trabajo 100% artesanal: “Esta banda presidencial es arte. Bordar el escudo completamente a mano y trabajar los colores de la bandera también a mano es artístico”.


