Imagínese estar en una panga dañada, en medio del mar y en plena noche, aturdido, casi sordo y con un ojo gravemente herido. A eso súmele que la única luz que tiene para guiarse es la de su celular.
Parece una situación sacada de una pesadilla o de una película de terror, ¿verdad? Pues para don Mario Carrillo Quirós esa fue una de las peores noches de su vida, en la que pensamientos como el no volver a ver a su familia inundaron su mente.
Afortunadamente, como en la gran mayoría de las películas, esta historia tuvo un final feliz, pues don Mario logró regresar con sus seres queridos pese a tantas adversidades.
Don Mario, quien se gana la vida como pescador en Puntarenas, afrontó esta horrorosa situación por culpa de un rayo que impactó la panga en la que se encontraba; es más, prácticamente le cayó a sus pies.
Pese a esa terrible experiencia que bien pudo costarle la vida, don Mario no se ha apartado del mar.
“He seguido pescado, porque no he tenido otros recursos, con miedillo y todo cuando hay rayería, pero ahí sigo pescando; gracias a Dios, no me he vuelto a llevar un susto así, han caído rayos, pero cerca de la panguita no”, contó.
Día normal de pesca
Han pasado casi ocho años desde ese trágico día, pues los hechos ocurrieron en las últimas horas de la tarde del miércoles 5 de setiembre del 2018, cuando Carrillo se encontraba en la lancha Machón VII, a unas 12 millas náuticas de Caldera, en Puntarenas.
Don Mario recordó que ese día el tiempo era normal; apenas caía una ligera garúa, pero nada que lo alertara sobre lo que ocurriría pocos minutos después.
“Cuando yo iba para allá, había como una llovizna, pero no se había soltado la rayería todavía. En el momento en que yo tiré el ancla fue cuando se vino el estruendo ese. Y fue como para hacer el daño, como uno dice, porque después de ese rayo solo siguió como garuando”, recordó.
Tal y como lo contó, don Mario tiró el ancla de la lancha y se empezó a preparar para iniciar con la pesca, tal como lo hacía a diario. Pero su labor fue interrumpida por un fuerte estruendo que iluminó todo el cielo a su alrededor.
LEA MÁS: Noche de terror en Palmar Norte: ráfaga de balazos dejó tres muertos y dos heridos
“Yo estaba haciendo la primera carnada para pescar, cuando se escuchó un estruendo, entonces volví a ver hacia arriba y fue cuando vi como una raya de fuego que venía para abajo. Yo solo acaté a agarrarme la cabeza y dije: ‘Que Dios me acompañe’”, contó el pescador.
Según recordó Carrillo, el rayo prácticamente le cayó a los pies y el impacto fue tan violento que causó estragos en su embarcación.
Aturdido y adolorido
El bombazo hizo que don Mario cayera acostado dentro de su embarcación. Además de sentirse aturdido y desorientado, el pescador empezó a sentir un terrible dolor en su ojo izquierdo, que incluso lo llevó a pensar en lo peor.
“Yo me agarré el ojo, porque en ese momento sentí un dolor demasiado fuerte, pensé que me lo había sacado”, agregó.
Como pudo, Carrillo logró reincorporarse, pero aún estaba muy aturdido. Para colmo de males, el rayo lo dejó a oscuras en medio de la noche, un escenario poco alentador.
El pescador recordó que entre sus cosas andaba su teléfono celular, por lo que empezó a buscarlo con la esperanza de que este se convirtiera en su salvación.
“Yo andaba un celular de esos pequeñillos que ya casi no se usan; lo tenía metido en un balde que nosotros usamos para meter los abrigos y cosas así para que no se mojen cuando llueve. Recuerdo que hasta la tapa del mismo balde salió volando del impacto del rayo.
LEA MÁS: Hombre que murió en intervención policial ya habría agredido a otro policía en el pasado
“Pero hasta tenía miedo de llamar y que cayera otro rayo; también porque a la pura par estaba el motor y yo pensaba que podía explotar, entonces lo que hice fue irme hacia la parte de adelante”, recordó.
“Cuando veo los rayos me da miedillo, porque ya viví esa experiencia”
— Mario Carrillo, pescador.
La espera más larga
Afortunadamente, el celular de don Mario se encontraba en buenas condiciones y con señal, por lo que aprovechó para llamar a su esposa y pedirle ayuda.
“Llamé a mi esposa, y vea que todo lo hace Dios, porque ella andaba jugando bingo con las hijas de ella en Esparza; entonces ellas llamaron a la Cruz Roja y a la naval para que me fueran a rescatar. Recuerdo que mi esposa lloraba, pues estaba muy asustada”, recordó.
Pese al dolor que sentía en el ojo, pues aún no sabía si lo había perdido, Carrillo sintió un leve alivio al saber que ya iban en camino para rescatarlo. Sin embargo, esa tranquilidad fue desapareciendo conforme pasaba el tiempo, que en ese momento parecía eterno.
“Esas dos horas que duraron en llegar se me hicieron eternas; yo solo quería salir de ahí, porque yo tenía miedo de que volviera a caer un rayo y que ese sí me pegara directamente a mí.
LEA MÁS: “Ella vivía para esa bebé”: El doloroso relato tras asesinato de joven pareja en Guápiles
“Yo gritaba a unos compañeros que estaban cerca, pero nunca me escucharon, y el otro temor que tenía es que otra panga pudiera chocar con la mía, porque yo estaba totalmente a oscuras”.
No quiso esperar más
La angustia de don Mario crecía conforme pasaban los minutos; en su mente sentía que tenía horas abandonado en medio del mar. Ese sentimiento que le estrujaba el corazón lo llevó a tomar medidas.
“Al rato, al ver que nadie llegaba a rescatarme, arranqué el motor y ahí iba avanzando de a poquito. La única luz que tenía era la del telefonillo. Ellos (guardacostas) me llamaban, porque mi esposa les dio mi número, entonces me preguntaban cuál era mi posición y les dije que iba a encender la linterna del celular para que me vieran”.
Finalmente, el pescador fue rescatado por una patrullera del Servicio Nacional de Guardacostas y personal de la Cruz Roja, quienes se encargaron de trasladarlo hasta la base naval de Caldera, donde ya era esperado por una ambulancia de la Cruz Roja que lo trasladó al hospital Monseñor Sanabria, en Puntarenas.
Tras ser atendido por personal médico, don Mario recibió la buena noticia de que no había perdido el ojo izquierdo; lo malo es que este había sufrido bastante daño.
“Uno en la pesca lleva una batería para alumbrarse con un bombillo, entonces tiene unos cablecitos por dentro, y cuando cayó el rayo, eso fue lo que explotó y los cables me entraron en el ojo”.
LEA MÁS: Padre entregó al OIJ a su hijo sospechoso de dañar vitral de la Basílica de los Ángeles
Don Mario contó que tuvo que ser operado en dos ocasiones del ojo izquierdo en San José; afortunadamente, logró recuperar la vista por completo.
Además, pasó aproximadamente tres meses en tratamiento, pues perdió parte de la audición. Incluso contó que actualmente aún le cuesta oír un poco, sobre todo cuando lo llama su esposa, dijo entre risas.
Un legítimo milagro
Don Mario recordó lo que muchas personas le han dicho sobre lo ocurrido aquel día, pues aseguran que él fue como un imán para el rayo que impactó la panga.
“Hay gente que dice que capaz yo jalé el rayo, por unos pines y platinas que tengo en la rodilla izquierda, que me había quebrado, porque son bastantes, ya que me habían operado como cuatro veces”.
Pese a esa angustiante situación, Carrillo contó que todavía no ha abandonado el mar, que es su segundo hogar, más que todo porque ese sigue siendo el sitio del que obtiene el sustento para sacar a su familia adelante.
LEA MÁS: Joven futbolista fue asesinado poco después de vivir un momento muy especial en familia
Sin embargo, en poco tiempo podría tomar la decisión definitiva de dejar la pesca.
“Hace poquito, la semana pasada, nos agarró una rayería bravísima, como en seco, pero ahora sí ando acompañado con otro señor por si acaso.
“El otro año ya me pensiono, entonces, si Dios me deja llegar, ya espero retirarme. Todo mundo me dice que eso fue un milagro, que Dios me salvó y así lo ha hecho en muchas otras ocasiones”.






